• Nov. 18, 2008, 10:01 a.m.
Es triste la realidad de Nicaragua cuando en estos tiempos se desayuna, almuerza y cena con la política. Parece ser que este es el pan nuestro de cada día, aunque muchos nicaragüenses se mueran de hambre en las calles.

El ambiente es tenso en el país, los fanáticos orteguistas y montealegristas se toman a gusto y antojo las vías públicas, obstaculizando a todo ciudadano que tiene asuntos más importantes que hacer que andar protestando. Decenas de nicaragüenses se exponen a perder la vida por seguir el juego mediocre e hipócrita de estos políticos ambiciosos. Y qué de las familias, y qué de los hijos, al final son ellos, quienes sufren las consecuencias cuando nos agreden o inclusive perdemos la vida.

Es una gran irresponsabilidad de parte de todos los sectores que dirigen este país la situación caótica que vivimos. Las instituciones del Estado por permitir y casi obligar que sus trabajadores vayan a los puntos de protestas a levantar y defender el voto que presuntamente ganó el FSLN. Y los empresarios por permitir que sus trabajadores vayan a la marcha política “Todos contra el fraude” promovida por Eduardo Montealegre.

Al final, quienes van a ser los chivos expiatorios va ser el pueblo. Y los dirigentes políticos y sociales bien gracias.

La población nicaragüense, humilde es la que va a derramar su sangre por el ego de Daniel Ortega, Montealegre, Alemán y los demás políticos ansiosos del poder.

No caigamos en este juego de violencia que quieren sembrar los políticos de este país, con el propósito de hacer prevalecer sus pensamientos. No es justo que gente humilde y manipulada vaya ser víctima de enfrentamientos.

A Amcham y la Empresa Privada dejen a un lado su simpatía política con Montealegre y no expongan a sus trabajadores a que vayan a ser golpeados y heridos por las turbas orteguitas. Recuerden que la mayoría de los nicaragüenses, lamentablemente el 52 por ciento no votó ni por su candidato Eduardo Montealegre ni por Alexis Argüello.

Y por último, dirigentes de las Instituciones gubernamentales, no abusen de su puesto para obligar a los trabajadores del Estado a ir a las marchas y desatender su trabajo público.
No es posible que mientras hay nicaragüenses haciendo fila por recibir servicio público, las instituciones del Estado con dinero de lo que pagamos impuestos participen en marchas políticas.

Señores contribuyamos a no echarle leña al fuego, depongamos nuestro fanatismo político y reflexionemos que a quien perjudicamos con nuestra prepotencia es a la gente más humilde.

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