• Nov. 19, 2008, 9:41 a.m.
“No hay algo que más urja de liberación /en este mundo, tan plagado de problemas, / que la terrible adicción humana a la violencia /a la que se recurre con toda clase de propósitos, / desde apropiarse de lo ajeno / hasta para defender legítimos derechos".
“Oraciones y soliloquios” (2006), Miguel d´Escoto Brockmann, M. M.

Desde mi voto por el sandinismo que reconozco pudo ser distinto al depositado por otros(as) ciudadanos(as) nicaragüenses, vecinos(as), amigos(as) y parientes, quienes desde su legítima interpretación de las opciones disponibles, tomaron una decisión.  Ellos(as) al igual que yo, tenemos una manera de entender nuestros problemas políticos, sociales y económicos del municipio y del país, de visualizar el pasado y perfilar el futuro, quizás sean contradictorias o mas similares de lo que parecen.  Desde mi modesta y poco significativa posición de ciudadano, comparto un proyecto revolucionario y de compromiso social en medio de las diferencias, pero también puedo y debo criticar con firmeza acciones que pienso no abonan al logro de los nobles y urgentes ideales revolucionarios.

Defiendo lo que creo; pongo por encima al ser humano que comparte el breve espacio y el limitado tiempo de la Nicaragua en la cual nos ha tocado convivir.  Se que todos esos hermanos y hermanas nicaragüenses son personas, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, blancos, indios, mestizos y negros, pobres y ricos, de diversas denominaciones religiosas y partidarias, intelectuales y analfabetas, empresarios, empleados y desempleados, en todos ellos hay un “prójimo”; puedo pensar que está “equivocado(a)”, desde mi manera de interpretar las cosas, estoy dispuesto a debatir nuestras diferencias para encontrar rumbos comunes y necesarios, se que les debo respeto y ellos también a mi.

El amor es indudablemente más fuerte que el odio, al final, no me cabe duda, que prevalecerá.  El amor se opone a la agresión, a la ofensa, a la destrucción, es tolerante y acepta los errores, enmienda y corrige, el amor facilita el diálogo y no cierra las puertas, escucha, comprende, no engaña, busca soluciones, es solidario.  El amor, en Nicaragua, no puede olvidarse de proteger a las personas mas vulnerables social y económicamente, exige sacrificio de las clases históricamente privilegiadas, sin embargo, es incluyente.  El amor trasciende a una posición religiosa, es condición necesaria para la sobrevivencia humana para la convivencia comunitaria entre nosotros los seres humanos y el medio ambiente que también sufre los efectos despiadados de la violencia y la agresión. John Steinbenck escribió (1939): “En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendiminia”, creo que necesitamos llenarnos de una especie de “ira”, pero como una pasión que causa enojo e indignación contra lo injusto o arbitrario y se vuelque, no en actos de saña, venganza ni destrucción, sino todo lo contrario. El amor elimina las dudas, la incertidumbre y las desconfianzas; es transparente y respetuoso, exige el derecho propio y respeta el ajeno; es reconciliación:
“Si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda”,
(Mateo, 5; 23-24).

Quiero respeto por el voto que he depositado. Quiero también respeto al voto que marcaron otros(os). Quisiera celebrar con entusiasmo responsable la cuarta corona del Campeón en Managua, pero también que, si el resultado final y oficial pendiente de anunciar es adverso, asumir con dignidad la pérdida electoral; a otro candidato quien resulte favorecido, le deberé guardar reconocimiento. Confiemos que, quien asuma la administración de la comuna capitalina (pienso que de igual manera aspiran la mayoría de los habitantes de las otras 145 municipalidades), actúe sobre la base de los intereses de todos sus pobladores.

Quienes tienen la OBLIGACIÓN LEGAL DE HACER, decidir, revisar, evaluar, observar, organizar, dialogar, informar, reclamar, enmendar, contar, juzgar y resolver, QUE LO HAGAN.  Quienes tienen el DEBER ÉTICO Y MORAL DE DECIR una palabra, QUE LA DIGAN. Quienes crean tener un derecho que reclamen, lo exijan con firmeza y que las opciones jurídicas y sensatas para hacerlo se abran y sus respuestas sean prontas y claras. Ello trasciende a la simple sumatoria de votos de la “democracia tradicional electoral”, va mas allá; es demanda de participación efectiva, del cumplimiento de las promesas de campaña, a ser parte activa y no sujeto olvidado y silenciado por quienes asuman la administración pública por nombramiento o sufragio. Nosotros, CIUDADANOS COMUNES QUE TENEMOS VOZ, HAGÁMOSLA ESCUCHAR. Esta es la mía. En las urnas está la opinión anónima y privada que emitieron casi dos millones de nicaragüenses el 9 de noviembre,  que ella salga a la luz con transparencia; que se despejen las dudas y especulaciones, quizás algunas infundadas; independientemente del resultado consideraré, al final de cuentas, que también he ganado, todos habremos ganado. Repito un poema de Paul Verlaine: “Serenidad, serenidad, serenidad. / Calma un poco ese impulso febril que te impacienta. / Mira que hasta en el bronco rugir de la tormenta / hay una franja tenue de blanca claridad”. Que la ofensa, la descalificación mutua y la intransigencia no engendren mayor violencia,  que los cauces institucionales se fortalezcan, que la violencia no escale ni profundice sus efectos dañinos abriendo viejas y nuevas heridas en un espiral peligroso que nos desgasta.

Paz y Bien.

www.franciscobautista.com
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