• Nov. 21, 2008, 2:04 p.m.
¡Efectivamente los locos también matan!

No es verdad, como creía Borges, que el español era una lengua confidencial que sólo servía para cantar en la ducha. También sirve para ganar elecciones.

Al respecto resultó curioso ver al flamante "doctor" Gustavo Porras, repetir durante una entrevista efectuada en un programa de opinión la palabra "PLAN" durante 376 veces – misma cantidad de piedras lanzadas a la casa de Edén Pastora. Este Plan, según Porras, ha sido elaborado y apadrinado con la venia de Estados Unidos, en beneficio de la oligarquía --entiéndase los que no le suben la cremallera al comandante Ortega--.

De igual forma, Denis Moncada, acreditado por el gobierno como embajador de Nicaragua ante las Naciones Unidas, se refirió sobre este plan, como "La hoja de ruta"  a la que se refiere como "el instrumento que pone en tela de juicio, empaña y deslegitimar el proceso electoral".

Lo cierto es, que desde que los orteguitas han venido exigiendo el reconocimiento a las cuestionadas elecciones municipales, se han dado a la tarea de; no solo  descalificar a organismos internacionales, sino también a la conferencia episcopal de Nicaragua, a gremios empresariales y a nicaragüenses, que han salido a las calles a cuestionar el proceso electoral calificado como "amañando". Según los orteguistas este plan inició desde antes de las elecciones, para desvirtuar, deslegitimar "el triunfo del pueblo presidente", quien alega haber ganado más de 100 alcaldías del país.

Por otro lado, de los más de 3 millones 800 mil nicaragüenses que estábamos habilitados para  acudir a las urnas el pasado 9 de noviembre, es posible que una parte haya decidido por la estabilidad, en vez del amor a puro palos. Es posible que los nicaragüenses hayan votado por más de 50 alcaldías orteguistas. Es posible que los nicaragüenses hayan visto un carisma- del que no conocen a profundidad- en Alexis Arguello, y resto de los candidatos de ese partido. Así como es posible, que los nicaragüenses sabíamos también, que el candidato Eduardo Montealegre, no era la mejor opción democrática dentro de la política nicaragüense, pero si, lo mejor dentro de lo peor, pues algo habría que elegir para desligarnos del "amor es más fuerte que el odio" marca registrada y vendida al mejor postor por Rosario Murillo.

Respecto a la crisis que vivimos en nuestros días – iniciada por cierto por el orteguismo al no aceptar observadores internacionales y nacionales- hay muchas figuras orteguistas que están desfilando en los programas periodísticos matutinos, incluso, ocupan grandes columnas en los periódicos, del que un día sacó un buen tema musical el rey de la puntualidad Héctor Lavoe.

Resulta entonces absurdo y burdo, que hoy los nuevos amigos del cardenal Miguel Obando y Bravo, descalifiquen a la conferencia episcopal. ¿Entonces solamente el cardenal Obando está autorizado a meterse en política? ¡Vaya! ¿También resulta que solo el engendro de Chávez llamado ALBANIC, pueda interferir en nuestros asuntos opinando a favor de Ortega? Absurdo. Las terroristas traídas de Colombia y albergadas en Nicaragua con todos los lujos con el que no cuentan las y los rezadores de las rotondas. ¿Solo ellas pueden estar en actos públicos? Absurdo, ¿no?  ¿Solo el boletín de los Murillo-Ortega, llamado el 19, Canal 4, Radio Ya y, restos de medios orteguistas, tienen derecho a llamar a su gente a las calles? Absurdo.

He citado en otras ocasiones a Joseph Goebbels, quien dijo que una mentira repetida 100 veces se vuelve verdad y no se equivocó, pues la batalla de los orteguistas desde el pasado diez de noviembre por la madrugada, es vender la idea que ganaron, que son víctimas de un plan funesto peor que el plan del eje del mal - nombrado así a los países que no comulgan con Bush-. ¡Si! así como lo leen… ese plan funesto que un día Century Fox, acusó de orquestar el Ratón Mickey, se está supuestamente llevando a su fin.

Según las momias de Ortega, -pues andan como una momia escapada de la tumba en una película mexicana de Juan Orol-, Gustavo Porras, Edén Pastora, etc. El lenguaje a usar frente a las cámaras de televisión y demás medios será, el lenguaje patriótico, es decir, dejar en claro que nadie, ningún organismo internacional, debe intervenir en nuestros asuntos, en clara alusión al patriotismo. Cierto, somos soberanos, pero ¿por qué jodido de igual forma rechazamos la intromisión de Hugo Chávez y resto de buenos amigos de Ortega?, pero claro… ya sabemos que acá sucede lo mismo que le sucedió a Enrique Bolaños, con el asunto de la Corte Centroamericana de Justicia.

Ya sabemos, que una vez que esta idea haya sido repetida 100 veces y esté disponible para usarla y aburrirnos de tanta ignominia y violencia, inevitablemente se pondrá en funcionamiento de que ganaron. No importa que Daniel Ortega lleve a efecto esta alocada y absurda teoría, pues en respuesta a la pregunta: ¿de dónde salen estas absurdos señalamientos? No hay ningún secreto. Se trata del producto natural que surge cuando se trenzan los cuatro componentes básicos del ADN político de la familia Ortega-Murillo: el militarismo, el nacionalismo xenófobo, el chavismo y el colectivismo socialista. Cuando esos elementos se introducen en la coctelera ideológica y se baten fieramente durante cierto tiempo en las mentes de los principales figuras orteguistas, el resultado final es un orteguista vestido con camisetas de su partido, un enorme palo mata chancho, un lanza morteros cargado con pólvora y lenguaje óptimo para vociferar ante los periodistas: ciertamente una mezcla de innumerables estupideces, autoritarismo, desinformaciones, actitudes violentas y prejuicios fuertemente arraigados en buena parte de la población nicaragüense.


El actor es periodista de La Red de Comunicación Ambiental
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