• Nov. 24, 2008, 10:42 a.m.
Me prometí  a misma no escribir nada sobre todos los escenarios políticos que han acontecido en el país y de los cuales hemos sido testigos en las últimas semanas. No por miedo, sino por que considero que escribir, además de ser una arte,  es pasión. Disfruté en silencio de los escritos ajenos, lamenté el retorno del circo romano y dediqué mis horas a disfrutar de la lectura de Osho  para no perder  la perspectiva,  Pero, al leer en la Página de Opinión de EL NUEVO DIARIO, END,  un artículo titulado “El gobierno que esperamos los sandinistas” escrito por Néstor José González (21/11/08), decidí sumarme a la voz de este compañero a través de estas líneas.

Evidentemente, hay sandinista de sandinistas, así como hay liberales de liberales, en definitiva a como expresan las viejitas: de todo hay en la Viña del Señor. No obstante, existe o debiesen existir principios y valores análogos que los unan.  Muchos sandinistas, creo la mayoría,  fuimos  violentados por los Gobiernos anteriores  en varias dimensiones, por el simple  “color” de ser sandinistas. Este “colorcito”, asaltó a la mayoría, para bien o para mal, de tal manera que la mazorca del FSLN se desgranó del “todo indivisible ” que era , en segmentos que se podrían tipificar de la siguiente manera, haciendo la aclaración, que no fue general:
-    Oportunistas o los que nunca fueron: Sectores que se sumaron al FSLN previo o con el triunfo de la revolución (burguesía,  pequeña burguesía  y empresarios en crisis económica, cadáveres políticos, intelectuales sin proyección, etc.). Fueron los primeros en ocupar cargos de relevancia en las estructuras estatales, políticas, militares y sociales (recuerde en manos de quién estábamos) y, los primeros en abandonar el barco en 1989, ya recuperados económica y socialmente por los beneficios que le otorgó el Poder. Actualmente, siguen siendo lo que siempre fueron. No debe asombrarnos que si se les hace necesario acercarse al Poder por interés, lo hacen y reverdecen su pasado en un dos por tres y con más ahínco. Actualmente, son los nuevos de la derecha, líderes de la oposición, movimientos sociales, etc.

-    Los soñadores (la mayoría): Sectores que lucharon en contra de la Dictadura.  Desconocían que era el marxismo, una Revolución y que comenzaron a aprender de todo esto a través de Rius o  los famosos” muñequitos del pueblo” o editoriales de Barricada, comenzaron a hablar de socialismo, lucha de clases, etc. , hasta encantarse y creérselo. Muchos de estos se convirtieron en dirigentes  de” masas” o llegaron a ser cuadros intermedios, funcionarios de la “media” que enloquecieron con el Poder. Algunos permanecen fieles a los principios, visten de verde olivo en movilizaciones, aunque no hayan sido beneficiados jugosamente con la derrota electoral del FSLN. Aún padecen de desempleo, hambre, etc., y, experimentan una cierta inocencia política. Son los que vemos y escuchamos por conciencia, “rotondear”.  Otros, no quieren saber de “nada”, experimentan mucha frustración y algunos, por venganza se cruzaron a la otra calle.

-    Los radicales:  Se sumaron a la lucha sandinista. Otros soñadores  que creyeron y exigieron una verdadera Revolución (anárquicos, intelectuales de izquierda, dirigentes obreros, etc.) y terminaron “desencantados” en el MAP-ML, PRT y otras especies aromáticas. Estos desde los ochenta huyeron a sus madrigueras, fueron los Nostradamus de lo que aconteció y sigue aconteciendo. Incapaces de comulgar con la derecha, se mantienen fieles a sus principios y han sobrevivido de la exclusión como académicos, consultores o artistas, entre otros.

-    Los camaleones:  No se preocuparon por entender que era una Revolución, trabajaron para ella obedientemente, se hicieron militantes, profesionalizaron y alcanzaron un status.  No hay principios, ni valores, trabajan para el mejor postor, muchos de ellos se convirtieron en  matraqueros con Doña Violeta, liberales con Alemán y ahora, volvieron a ser sandinistas.  Especialistas en criticar desde el Gobierno de turno, al Gobierno anterior.

-    Los “news”:   Este grupo, muy parecido al primero con la gran diferencia que son palmados: los nuevos sandinistas. Recién aprende quién es Carlos Fonseca, canciones revolucionarias y cambiaron la ropa de su armario por el color rosado fucsia. Se han apropiado de los nuevos discursos para sobrevivir. Sus principios y valores son el puestecito, la zarruchadera, el servilismo, la ineptitud, entre tantas e interminables cualidades que poseen. No son nada, ni ellos mismos. El día de mañana, los veremos con otra bandera, sino es que se aseguran un cargo partidario o ya son empresarios. Son los más peligrosos.

-    Los remunerados:  Hasta hace poco sabíamos de pandillas juveniles, como Nicaragua es un país atípico, ahora encontramos pandillas constituidas por diversos grupos étareos que asisten a todo tipo de movilización para ejercer su derecho a la violencia (nueva modalidad de participación ciudadana). También vemos gente en los semáforos, rotondas, calles y carreteras. Todos son remunerados para sobrevivir del abandono social y por supuesto ¡son las máxima expresión del desempleo galopante¡ Estos, no creen en nada, ni en nadie.

-    El sandinista: Luchó y entregó todo sin esperar nada a cambio (pero no, como en El breve espacio que nos estás de Silvio Rodríguez). Es y ha sido fiel a los principios y valores. No sufre de ceguera política, ni paranoias. No es “vendible”, ni “servil”, ni “corrupto”. Vota a favor del empoderamiento en vez del adoctrinamiento  ¡Sabe de política y ser político¡ Es rebelde, por eso no cree en discursos y está convencido de el problema no son los “principios” sino en manos de quiénes están. Prefiere abstenerse de votar que darle su vota a la derecha. No desestima las lecciones aprendidas.

En definitiva,  no creo en víctimas, ni redentores,  más bien,  en  una inocencia ciudadana que se deja atrapar por el  maniqueísmo, ya sea por un abandono estatal de más de una década o el vacío de un liderazgo o el reencuentro de la esperanza perdida. El sandinista verdadero (los hay), es una persona común, corriente u “normal” que demanda para sí y los demás, dignidad, solidaridad, respeto y justicia. Creo y espero Néstor, que no estemos caminado alrededor de un círculo que nos conduzcas al inicio. No olvidar que el político vive de la guerra, vive creando conflictos, vive de eso y más; son sus alimentos. Adolfo Hitler escribió en su autobiografía: "Si no tienes enemigos, no podrás ser un gran líder. Incluso si no los tienes, inventa la ficción de que tu país está en peligro, porque cuando la gente tiene miedo es fácil convertirlos en esclavos. Cuando la gente tiene miedo está dispuesta a seguir a los políticos".

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