• Nov. 26, 2008, 2:03 p.m.
“¿Quién lo duda?”, se preguntó el Comandante Fidel Castro,  “observadores de todas partes y todos los pelajes asistieron a los comicios de Venezuela el 23 de noviembre. Transmitieron sus despachos con absoluta libertad”.

La reflexión del líder de la Revolución cubana expone en público un entusiasmo por los comicios del domingo pasado en el país sudamericano. Pero esa emoción, que salta en cada párrafo del ex presidente caribeño, sólo es provocada por la capacidad del mandatario venezolano de someterse al escrutinio, sin colocar los cortapisas que en Nicaragua se vuelven a imponer, machetonamente, desde los tiempos de Somoza García, en el siglo pasado.

El Comandante en Jefe no escribió para nada sobre las elecciones municipales de Nicaragua. En el buzón de las Reflexiones, no hay ningún escrito cuyo destinatario sea usted, comandante Daniel Ortega Saavedra.

Fidel, en los años 70 estaba pendiente, le interesaba, se alegraba de los avances del pueblo en su lucha contra el tirano.
Ahora no. Ahora, calla. Y el silencio que guarda sobre lo que sucede en nuestro país, es el más elocuente de los discursos que el patriota cubano puede pronunciar sobre nuestra triste realidad, ¿no es así, comandante?    

Fidel no cuestiona a los observadores. Y lo primero que hace, al saludar los resultados  y el sometimiento de Chávez a la voluntad popular, es exaltar un veredicto extraoficial, más allá de los jueces electorales: la participación de los observadores “de todas partes y todos los pelajes”. ¿Cuál es el miedo, Comandante? Chávez, ni la debe, ni la teme.

En el 2008, Evo y Correa pasaron exitosamente la prueba, también el partido de Lula fue a elecciones libres y casi al concluir el año, el antiguo coronel de Barinas. Usted, Presidente Ortega, debería escribir su propia reflexión: ¿por qué no aparezco en las pasarelas de la auténtica izquierda latinoamericana con mis mejores credenciales? A ninguno de los líderes progresistas se les achacó siquiera la desaparición de una sola boleta electoral.

Fidel destaca esa cualidad del régimen de Caracas. De hecho, al comandante en Jefe no sólo le motivan los episodios democráticos de Venezuela. Se abraza y platica por horas con Lula, el hombre que estimula la democracia en Brasil, y aun cuando el antiguo tornero retorna a su patria, Fidel, persuadido de la calidad humana y política del presidente sudamericano, le escribe sus reflexiones, revelando al público, algunas de las pláticas sostenidas en la intimidad de su convalecencia.  

Hasta ahora, Fidel exaltó la figura del poeta Ernesto Cardenal, ya en el poder usted, comandante Daniel Ortega. Y, todo hace indicar, que por hoy, el rebelde de la Sierra Maestra se siente decepcionado por lo que le ocurre a su entrañable Nicaragua. No le escribe a como Silvio Rodríguez ya no le canta.   

Usted, Presidente Ortega, debería meditar sobre el sonoro silencio de Fidel. Dar un viraje necesario y saludable para usted y los nicaragüenses, por nuestra historia y su historia personal. No valen las aventuras extra regionales, remover guerras enterradas y apalear opositores en las calles.

Su propio historial, comandante, no está para eso. Que a expensas suyas y su trayectoria, unos cuantos magistrados vivianes y los infaltables aduladores --- disfrazados de revolucionarios--- se enriquezcan, formando una nueva oligarquía, es un precio demasiado caro para usted y más para el país que Dios nos entregó.

Mire bien en las “Reflexiones del compañero Fidel”: en vez de echarle en cara al Presidente Chávez su gusto por enfrentar a todos los partidos que le salgan al frente y los que puedan inventarse a última hora, le aplaude. El gobierno bolivariano, en su atrevida mixtura de democracia con socialismo siglo XXI, no impide que los venezolanos se organicen en los partidos que ellos consideren convenientes.

Precisamente, la participación de las agrupaciones políticas en los pasados comicios en Venezuela le da la posibilidad al dirigente antillano de subrayar la calidad del líder venezolano de someterse a las reglas del juego de una democracia participativa, aun cuando pueda perder.      

“No existe un partido de oposición; existe una suma de opositores con media docena de partidos, y transparencia total. Por eso dije y reitero que la llama de la Revolución será muy difícil de apagar en Venezuela”, afirma, encantado, el comandante en Jefe. Triunfó la transparencia. Es decir, la forma más elegante que tiene la izquierda en Latinoamérica para autoafirmarse.

Lo demás, Presidente Ortega, es un cuento que se lo han pintado y déjeme decirle que muy rosa. Es como salir diciendo que Fidel, un héroe viviente, líder de una pequeña nación bloqueada criminalmente por Washington, es ahora un “oligarca, imperialista” porque no le felicitó estas “elecciones”.

(*)Perdón, Gabo

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