• Dic. 29, 2008, 11:07 a.m.
Observar la situación actual del planeta no conforta mucho, y menos aún recrea. Los tiempos cambian, es algo natural y razonable, pues todos y meramente todos sufrimos de modificaciones a consecuencia de factores sociales, económicos y políticos.

Nicaragua y su gente están aptas para ser parte de nuevos tiempos, de otros ideales más acordes a las necesidades que nos exigen las circunstancias, lo que nos clama la naturaleza. Son aires en pro de la ecología, del ambiente y de la vida en comunidad.

Es urgente crear un nuevo humanismo, que inicie de manera individual y que triunfe de manera colectiva. Solidaridad, honestidad y laboriosidad serían fuertes pilares para la promulgación de la tan anhelada justicia social que directa o indirectamente todos deseamos. No podemos ya, dejar pasar tantos atropellos por parte de los poderosos, de las transnacionales. Se necesita de mayor equidad universal. Nuestros hábitos pueden reflejar pequeñas soluciones a los problemas que nos aquejan.
 
Solidaridad con quien lo necesite
Consumir razonablemente el agua, sembrar árboles, no malgastar ni desperdiciar nuestros recursos económicos y humanos en cosas vanas, elevar nuestro grado de sensibilidad, tener actitud positiva ante los problemas, promulgar una mejor cultura de consumo, leer, estudiar y sobre todo ser solidario con quien lo necesite son agentes que pueden hacer la diferencia.    

Hoy, la ecología resulta ser uno de los términos más importantes a hablar y accionar porque significa el estudio de nosotros con la naturaleza, de cómo tratarla y preservarla. Es el área que se utiliza para alzar la bandera en defensa del ambiente. En algún momento todos somos ecólogos.

Tomar conciencia del perjuicio del proyecto minero de Las Crucitas, Costa Rica ubicado a 3 o 4 Kilómetros de río San Juan debe ser el catalizador o la enzima que adelante el proceso para asumir con mayor ímpetu en nuestras convicciones que la ecología, el humanismo y todo movimiento por la conservación del ambiente son alternativas para el desarrollo social de los pueblos, de Nicaragua.  

Decir no a la minería es justo, decir si a proyectos de esta índole es de avaro, mezquino y egoísta. Nicaragua necesita de una lucha de nación por la defensa de sus recursos naturales. Juntos debemos decir si a la ecología, si al desarrollo en armonía con la naturaleza, si al humanismo. Las circunstancias de hoy nos invitan y nos piden a gritos hacer presencia para la preservación del entorno. El cambio depende indiscutiblemente de cada persona, tomémoslo y no desperdiciemos esta oportunidad.  Di no a la minería.

El autor es miembro del “Proyecto Socio ecológico”, Prosoco.

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