• Dic. 29, 2008, 12:14 p.m.
Un día de estos voy a creer en Pie Grande, los platillos voladores y el Monstruo del Lago Ness. Si hay gente que puede tener fe en que Nicaragua es el potencial canal interoceánico que resolverá gran parte de los problemas de transporte de mercancía mundial, y que somos una mina inagotable de petróleo, no veo por qué no creer en esos otros mitos.

Cada cierto tiempo ambos temas se ponen de “moda” en nuestro país, dando la impresión de que grupos con intereses definidos echan a volar la imaginación de las masas y las embelesan con cantos de sirena, como para distraer la atención sobre tópicos reales.

Pero me parece más increíble todavía que hayan personas que no se pregunten por qué si el canal y el petróleo son ciertos, no se han hecho realidad.

Y no es porque los nicaragüenses vivamos siempre metidos hasta la coronilla en la política y en los enfrentamientos bélicos.

De hecho, el canal de Panamá fue posible al “cortar” un pedazo del territorio de Colombia que formaba parte del istmo centroamericano, por lo que la construcción de tan importante obra tuvo un nacimiento traumático y una nacionalización igual de difícil, con el poderío de los Estados Unidos de por medio.

Ahora nos venden la idea de que siempre hemos sido el principal territorio candidato a acoger la monumental obra. Y cabe preguntarse por qué, hace más de un siglo, no lo construyeron aquí, y por qué los rusos, tan “interesados” como se muestran ahora, no lo edificaron en los años 80, cuando gozaban de mayor potencial y eran la antítesis de los Estados Unidos.

Un canal interoceánico no es algo que se construye de la noche a la mañana, ni se saca de la manga de la camisa.

En la década pasada nos vendieron la idea del “canal seco”, una interconexión por línea férrea que nunca vio la luz y que de todas maneras tiene su breve competencia en Panamá.

Si es el petróleo, ya ni me quiero referir a tan apetecido oro negro, porque desde antes que yo naciera se habla de que tenemos tantas o cuantas reservas, pero nadie ha sacado lo suficiente pero ni para llenar un candil.

Así que señores, no es que sea negativa, sólo realista, de acuerdo a lo que he visto a lo largo de toda mi vida. Mejor suerte en otra crisis política de nuestra sufrida Nicaragua, a quienes quieran creer en estas quimeras.
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