• Ene. 13, 2009, 9:06 p.m.
La cosificación y segmentación de la mujer es el plato de cada día en la publicidad de nuestros tiempos. En el mundo de las ventas, una mujer bella y hermosa se cotiza como pan caliente, pues para anunciar hasta un ínfimo caramelo los publicistas recurren a la persuasión visual a través de la imagen seductora femenina.

Esta cruel realidad ha creado cánones que encarcelan y torturan a todas las que desean incursionar en el modelaje o la actuación, pues en dichas esferas sólo triunfan las que calzan en medidas predeterminadas, pues aunque es agradable ver a una mujer esbelta y cuidada, eso no significa que las que no encajan en los 90-60-90 no son atractivas y carecen de valor.

Sin embargo, muchas no son conscientes de que una mujer, para ser exactamente una mujer, no necesita un buen cuerpo, y con tal de cumplir con el molde estándar son capaces de matarse de hambre y de caer presas en las garras de la anorexia y de muchos otros trastornos  que pueden conllevar a la muerte.

Por otro lado, con el boom de la cirugía estética y los implantes se ha desencadenado una ola de eufóricas capaces de lo que sea con tal de hacerse modificaciones corporales que consideran necesarias para tener, según su estereotipo de vida, el mundo a sus pies.

Estreno de Telenovela en el 2
A propósito de este hecho tan común en la coyuntura, me llama la atención  el argumento de la nueva telenovela que transmite Canal 2, Sin senos no hay paraíso. Sobre ésta, sin caer en ridicules moralistas, quiero decir que no me parece el horario en el que se pone a disposición del público, pues a las siete de la noche muchos niños/as aún están sentados frente a la televisión y no creo que la carga de voluptuosidad que su contenido abone a su desarrollo.

Ni qué decir de las adolescentes que están formando su personalidad y que pueden ser influenciadas por mensajes negativos que promuevan la vida fácil y los estereotipos como únicos medios para tener una existencia feliz y exitosa.

Sin embargo, en esta vida el maniqueísmo está presente en casi todos los aspectos, así que en honor a la verdad debo decir que el relato novelístico visual también pone de manifiesto la dura realidad a la que las protagonistas se ven sometidas al verse involucradas con narcotraficantes que fueron capaces de proporcionarles dinero para que pudieran hacerse los ajustes corporales que tanto anhelaban, a costa de utilizarlas para sus mezquinos intereses.    

Cabe anotar que cuando me decidí a escribir este artículo no pensé en condenar o en promover la mentada producción colombiana, pues no tengo ninguna autoridad para decir qué se debe o no se debe ver. Además, cada ser humano está facultado para discriminar lo que le agrada y lo que le parece contrario a sus principios. Ese rol de crítica y de censura se lo dejo a quienes se creen omnipotentes para inmiscuirse en la vida de los demás.

No obstante, me es imposible negar que ante el título sugerente de la telenovela no me resistí a la idea de resaltar que el valor de la feminidad no está únicamente vinculado con la belleza física, y que la plenitud no depende de cuan bella o fea seas, sino de cómo te desarrollas como persona y de las metas que te propones alcanzar basada en la observación de valores y principios éticos.

Paradójicamente, verse bien no está mal, pero querer verse bien para ser aceptada y alcanzar la felicidad es ilógico. No me opongo a las cirugías estéticas, y si alguien cree que mejorando su apariencia elevará su autoestima, adelante, eso no es pecado, pues la ciencia está al alcance de la mano, aunque no de todas. Y pues si no estás en el selecto grupo de mujeres con suficientes recursos para pagar un proceso estético, no debes frustrarte por ello.

Al fin y al cabo, sin senos exagerados, sin glúteos de silicona y sin 90-60-90, también hay paraíso.

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