• Ene. 19, 2009, 6:02 p.m.
Tengo todas mis expectativas depositadas en un binomio llamado Obama Bin Biden. Creo que es la escisión entre un antes y un después en mi recorrido. Así es, tengo una gran fe en la llegada de ese caballero negro, el hombre del séptimo sello o como dicen desde el fanático Bible Belt, El Anticristo.

Cuando uno da un repaso a la vida y experiencia política de Barak Hussien Obama, uno logra precisamente ver lo que sus detractores le señalan: es un socialista. Obama, claro que es un socialista con nuevas ideas que persiguen modificar el sistema imperante, sin socavar las bases democráticas de una nación, que si bien constantemente sus gobiernos (republicanos) han practicado las más deplorables perversiones, nos da ahora al mundo una lección de variabilidad, evolución histórica, espiritual y humana. Los Estados Unidos de Norte América ha rectificado.

Obama no nació en ninguna de las patricias familias de las 13 colonias de EE UU, tampoco ha emergido de la burguesía petrolera de Texas, ni hasta la fecha se conoce que tenga acciones compartidas con el capital sionista de EE UU –brazo invisible que ha determinado el infinito genocidio palestino y sus hondas expansivas por Oriente Medio.

Hasta la fecha, teníamos a un hombre blanco de calificaciones “C” gobernando los EE UU e imponiendo su mediocridad y temor a todo el orbe. Un Stupid White Man que todo lo solucionaba desde mañaneras reuniones teocráticas, conspirativas o con una risa falsa que aún así, no lograba ocultarle su carencia de tacto.

Bush ha sido la gran pena moral de una noche de tragos. La fanática hazaña de un alcohólico que asumió su rehabilitación flagelando a las naciones. Un presidente tan  ingenuo y desacertado que hasta se tomó foto posando con su esposa, debajo del arco de la Puerta de Senegal, puerto de dolor donde inició el negocio de la esclavizada África.
 
Bush no dejó de ser patético
Bush nunca dejó de ser patético ni de insinuar abiertamente sus planes de “patarribizar” nuestro globo. El lo hizo en ese sentido todo bien, trabajó “fino” para estresar nuestras vidas y dejarnos un panorama de incertidumbre y congoja. Sin embargo, quizás lo más diestro y doloroso que hizo fue poder engañar y manipular a su propio pueblo.

George W. Bush movilizó una mentira de varios decenas de billones de dólares a  Irak y enlutó allí a 896,786 familias, más no encontró allí lo que estaba buscando. Bush tampoco encontró allá, en Afganistán, lo que estaba buscando, pero también enlutó allá a 436,785 familias, incluyendo a los Laden cuando sepultó en Tora Bora, a 30 metros de profundidad de la cueva, a su anhelado fantasma.    

Pero todo esto es pasado. Hoy con el retiro de Bush, se llega al final de la Tercera Guerra Mundial. Y de ese modo, se abre paso a un nuevo prototipo de ser humano gobernando las naciones desde el borde del abismo de la civilización.

Obama ha llegado en un momento preciso de la historia, ha llegado a la hora de un planeta agonizando y el arrogante capitalismo lesionado, el que precisamente –por las demandas de su revolución industrial-- ha sido el principal victimario del planeta.

Por eso, mientras unos ven que el binomio Obama Bin Biden verá frenado sus proyectos de cambio debido a las presiones que dimensionará la crisis financiera global, yo veo  por el contrario que ese binomio tiene por primera vez, desde la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de gobernar sin las presiones que tradicionalmente ejerce el poder económico sobre la clase política.

Obama sabe que tiene al universo conspirando a su favor, sabe que el capitalismo está pidiendo clemencia y es a él a que le clamarán por políticas asistencialista. Pero él ya rechazó la ser condescendientes con el capital, y de tener que serlo dictará sus propias reglas del juego, en consecuencia, EE UU rehacerá su manera de relacionarse consigo mismo y con su entorno global.

Por tanto, yo reitero que Barak Obama, es el hombre en el que la fe, si aún persiste, debe ser depositada,  y no creer desde el idealismo paterno que hay que depositar fe en él por ser negro, proletario o un gran orador, sino creer en él, porque no hay nada más en que creer. La civilización humana a 2009, se está jugando sus últimas cartas, sus últimos hielos, sus capas y sus últimas generaciones.   

http://emilapersola.blogspot.com/

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