• Ene. 26, 2009, 11:44 a.m.
Hacía mucho frío en Washington, D.C.  Doce grados bajo cero aproximadamente si se consideraba el viento gélido que soplaba agitando las bufandas de los asistentes, pero a la masa humana que presenció la investidura de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, esto no pareció importarles. Allí, entre el capitolio y el obelisco en honor de George Washington, la gente se aglomeró desde tempranas horas de la mañana para ver un suceso histórico: el primer presidente negro que llegaba a la Casa Blanca.  La afluencia de gente llegada desde todas partes del país, se calcula en dos millones de personas. Según los analistas, es la mayor asistencia registrada jamás en la toma de posesión de un presidente norteamericano.

Y es que la llegada al poder de Barack Obama es mucho más que la llegada de un descendiente de africanos al puesto más alto de esa nación; representa el triunfo de una voluntad popular que se volcó para lograr lo que parecía imposible: la derrota de los políticos tradicionales. Porque Obama, aún si era senador, aún si pertenecía al muy tradicional Partido Demócrata, era alguien que se salía de la norma, no tanto por su color, como por su historia personal: madre blanca, padre africano, infancia vivida en Indonesia, criado por su abuela materna en Hawai, jóven como cualquier otro en Los Angeles, graduado en Harvard.

Voluntad de cambio
Al inicio de la campaña, el escepticismo privaba entre la mayoría de norteamericanos. Muchos dudaban que un político novato lograra ascender dentro de su partido por encima de la hábil y conocida Hillary Clinton, para luego vencer a John McCain, el único republicano que podía diferenciarse de George Bush y presentar una imagen independiente. Pero la urgencia de un cambio pudo más que el escepticismo. La juventud, los trabajadores más afectados por la crisis económica, las élites intelectuales progresistas asqueadas por la pérdida de valores y ética que representó la Administración Bush, la clase media arrinconada por el lucro desmedido de las corporaciones y la creciente brecha salarial, los afro-americanos, los latinos, dijeron basta y se echaron a andar por el incierto camino de sus deseos, confiando en que su voluntad de cambio y el poder de su capacidad de trabajo y de organización, lograría que su aspiración se cumpliera. 

De veinticinco dólares en veinticinco dólares, Barack Obama fue acumulando las enormes cantidades de dinero que requiere una campaña electoral en Estados Unidos. Más tarde, a medida que su figura y popularidad crecían, nombres ilustres, recursos, empezaron a fluir para solidificar su campaña y patentizar el apoyo masivo con que contaba. Fue una proeza realmente la que logró el Senador de Illinois. Pero como él mismo dijo en la toma de posesión y durante los meses anteriores, fue una proeza que culminó en victoria solamente gracias a la tenacidad de tantos que creyeron que lo imposible era posible.

Ese es el verdadero mensaje de estas elecciones en Estados Unidos; ésa es la razón por la que el mundo ha considerado suya esta victoria: se trata de un triunfo de la esperanza frente al derrotismo; demuestra que la voluntad de cambio de un pueblo puede más que los prejuicios, que los millones y que los entronques con el poder.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus