• Ene. 29, 2009, 8:04 a.m.
En el mundo que vivimos, los pecados están de moda. Pero nadie los admite. Yo, el primero. La religión sigue con sus conflictos con los estados. El dinero, la gula, la avaricia, la envidia y otros tantos. Luego dicen que hay pecadillos de juventud, esos que no son dañinos, de segundo nivel, que son livianos y que no hacen mal a terceros.

Es difícil ser pulcro, casto. Me paso muchas horas delante de la computadora. Y no debería. Como más chocolate del que debo. Luego mi cutis me pasa factura. Sueño más de lo que debería. Y  eso se nota en mi corazón que no acepta tanta dosis de realidad pura y dura. Digo muchas mentirijillas. Y al final se convierten en una gran mentira. Sigo levantándome tarde. Por consiguiente, me salto el turno de baño de los demás. No llego puntual a los sitios. Es normal que me acaben dejando, no sólo mis novias sino también mis amigos. Yo también lo haría. Tienen más paciencia que el Santo Job.

Pero, yo me pregunto, si fuera como un robot, sin mis pecados, sin mis contradicciones, ¿sería yo o una mera copia de lo que la sociedad quisiera que fuera?. No me quiero poner trascendental, pero sin ellos, no podría vivir. El mirar por la mirilla a los vecinos, me gratifica; saltarme la dieta, es una de las mayores delicias que puede tener el hombre. Qué decir de leer el periódico de otro en el metro. Si por todo esto soy un vil pecador, que me manden a la hoguera. Yo, soy yo, yo mismo y mis pecados. ¿Les suena?.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus