• Ene. 30, 2009, 7:28 a.m.
Nicaragua inicia el periodo escolar; institutos públicos y privados, escuelas urbanas y rurales y recintos universitarios de todo el país, vuelven a llenarse de estudiantes en sus distintas modalidades y horarios: matutino, vespertino, nocturno y sabatino. Más de 1.7 millones en la educación primaria y secundaria y un poco menos de 200 mil en distintos niveles universitarios. El tráfico de vehículos aumenta durante las horas de la mañana, al medio día y en la tarde principalmente en algunas rutas; las paradas de buses en los horarios de entrada y salida de llenan de niños y jóvenes estudiantes, otros(as) caminan en aceras, al borde de la calle o de los caminos polvosos o lodosos hacia sus aulas. Esta entusiasta movilización, necesaria y estratégica para el desarrollo de país, conlleva riesgos a la seguridad de estudiantes, maestros y trabajadores de la educación, es indispensable prevenirlos desde el Estado, la Policía, el vecindario, la comunidad educativa y la responsabilidad individual, así como desde la comunicación e información social.  

La Policía formula el “Plan Colegios” cuya cobertura es parcial y temporal, insuficiente para la demanda y difícil de sostener.  Un refrán popular ilustra la realidad: “del mismo cuero salen las coyundas”, si se mandan policías o patrullas a un lugar se deja de cubrir otro.  Sabemos, según cifras oficiales y percepciones sociales, que hay más hechos delictivos, menor eficacia y mayor percepción de inseguridad, problema común, en el contexto institucional y socioeconómico contemporáneo, en la mayoría de los países latinoamericanos.

Los riesgos principales y las posibles medidas preventivas pueden ser:
a)    Durante la entrada y salida de los estudiantes pueden provocarse accidentes de tránsito y atropellos al cruzar las calles e intercepciones aledañas a las entidades por el tráfico vehicular, la velocidad, la falta de precaución peatonal.  Ello requiere medidas de prevención de accidentes, reguladores de tránsito (preferiblemente voluntarios escolares capacitados), educación a estudiantes, señalización, semáforos peatonales y/o cebras peatonales y reductoras de velocidad sobre el pavimento al menos cien metros antes, responsabilidad compartida entre las alcaldías, comunidad educativa, vecinos y policía.

b)    El robo de bolsos, mochilas, celulares y objetos personales en las paradas de buses y en el transporte colectivo.  Estos hechos pueden ocurrir durante el día pero frecuentemente al caer la tarde y la noche.  Es necesaria la vigilancia policial, la iluminación de las bahías de parada y la vía pública que rodea el área inmediata de los centros escolares, responsabilidad de las alcaldías municipales y entes reguladores del transporte.

c)    Lesiones y alteraciones al orden público, principalmente de noche, provocadas por pleitos entre pandillas juveniles o borrachos, de donde pueden surgir pedradas, cuchillos y hasta armas de fuego.  Violaciones, abusos deshonestos u ofensas a niñas y jóvenes estudiantes en las salidas de sus centros de estudio. Además de las medidas anteriores estos últimos dos riesgos demandan conocimiento del entorno, medidas preventivas y coercitivas sobre personas que pueden realizar acciones violentas por sus antecedentes y comportamiento consuetudinario.

d)    Robos en vehículos en parqueos interiores o exteriores a los centros universitarios y de secundaria es un problema frecuente. La recomendación básica es vigilancia pública o privada, no dejar nada visible ni atractivo en el vehículo, evitar el ingreso a las áreas de estacionamiento de personas desconocidas o que no se identifican.

Hay algunas condiciones de riesgo que ubicadas en los alrededores de los centros escolares pueden causar problemas de violencia:
a)    Expendios de licor (bares, cantinas, night club) ubicados en el perímetro de cuatrocientos metros del centro.  A pesar que la normativa establece esa distancia, en la práctica muchos de estos negocios se ubican enfrente o contiguo a institutos y universidades. Hacerla cumplir puede contribuir a mejorar la seguridad.

b)    Expendios de droga en lugares aledaños que además introducen estas sustancias prohibidas y dañinas entre estudiantes, generando conflictos de conducta y deterioro social.

c)    Lugares para juegos de azar, tragamonedas, salas de billares y otros, que distraen la atención de los inquietos niños y jóvenes en camino a sus escuelas.  En ellos suelen realizarse apuestas y consumo de licor y ante el entusiasmo por seguir jugando, amenazas y escándalos públicos.

d)    La existencia de predios baldíos, oscuros y no habitados, llenos de monte y basura, puede ser refugio de delincuentes o escenario propicio para provocar temor y delitos.  La claridad, limpieza y orden disminuye la violencia, proporciona sensación de seguridad, es un problema urbanístico.

e)    Es necesario el control de estudiantes al entrar al centro para evitar introducción de droga, licor, armas blanca y de fuego.

Los colegios e institutos privados pueden contratar vigilancia privada y regulación del tránsito cuando la afluencia de vehículos y personas es mayor. En cambio, los institutos públicos ubicados en barrios populares, con muchas limitaciones y escaso presupuesto, carecen de esos servicios y es común que los alrededores sean oscuros, por lo que los muchachos y muchachas que asisten a ellos suelen tener mayor riesgo además de hacer mayor sacrificio. Es decir, los más pobres, esos que no pueden pagar colegios privados, enfrentan mayor riesgo a su seguridad.  Muchos(as) tienen que caminar unas cuantas cuadras para tomar transporte o transitar el trecho hasta su casa.  Los otros, los menos, tienen capacidad de tener vehículo propio o los pueden ir a traer con mejor seguridad.

Sobre estos lugares y circunstancias pueden incidir la comunidad educativa, las municipalidades y la policía.  Hay una responsabilidad compartida social y estatal, privada y pública, institucional y no institucional. Después de dos años de educación pública gratuita, a pesar de las limitaciones de infraestructura, bibliográficas, tecnológicas y docentes, del gran esfuerzo por mantener la retención escolar (94% en 2008) ante las dificultades socioeconómicas de más estudiantes que pueden asistir a las escuelas y universidades (a pesar que 500 mil no podrán ingresar en 2009), ellos(as) por el bienestar de todos requieren ir más seguros(as) y con menor riesgo a su persona.

www.franciscobautista.com

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