• Feb. 2, 2009, 9:49 a.m.
Uno de esos diseñadores extravagantes, cuyo nombre no vale la pena mencionar, organizó recientemente en Santiago un desfile de modas con sus creaciones frente al Palacio de La Moneda (Casa de Gobierno en Chile) y tuvo la poco feliz ocurrencia de bautizar el evento como “Vírgenes in Fashion”, en el que modelos muy conocidas del mundo de la moda exhibieron no sólo translúcidos vestuarios que dejaban al descubierto prácticamente todo el trabajo realizado por conocidos cirujanos plásticos, consistente en descomunales implantes mamarios, esculpido de caderas y glúteos y remodelación o reconstrucción de facciones. Hasta ahí, fuera del mal gusto, la falta de recato y la desenvoltura de las modelos a plena luz del día en un lugar público muy visitado por turistas nacionales y extranjeros, la cosa no habría dejado de ser una excentricidad más del modisto de marras, aunque el nombre de “vírgenes” resultara grotesco tratándose de artistas de la farándula para quienes la virginidad era obviamente un tema absolutamente “retro”, el cual probablemente nunca se habían planteado como opción…

Pero el creador y organizador del evento tuvo la osadía de presentar a sus modelos luciendo en sus cuerpos semidesnudos imágenes irreverentes de la Virgen María bajo diversas advocaciones, un Cristo crucificado sensual y provocativo, así como una María Magdalena que rezumaba lascivia, con lo cual ofendió gravemente la fe y las creencias de casi el 80% de la población que se declara católica en Chile. Tan burda ofensa concitó el repudio inmediato de ese sector importante de la población, amén del de otras personas sensatas que, sin ser creyentes, consideraron de muy mal gusto el irrespeto a personajes o símbolos religiosos del cristianismo. Ello motivó el rechazo de las autoridades eclesiásticas, que catalogaron la ofensa como una provocación, y la inmediata introducción de un escrito, por abogados católicos, ante los tribunales de justicia pidiendo que se suspendiera la anunciada presentación del carnaval “artístico” en un night club capitalino.

Pero ante la sorpresa general, una sala del tribunal de apelaciones de Santiago denegó, en tiempo récord, el recurso de suspensión alegando el derecho que tiene todo ciudadano de ejercer la libertad de expresión y difusión de sus producciones de arte en un país democrático. Esta increíble decisión judicial viene a sumarse a otros hechos similares, como cuando hace algunos años un conocido fotógrafo extranjero organizó, en pleno centro capitalino sin recibir siquiera una amonestación de las autoridades, una concentración masiva de miles de personas completamente desnudas, lo que evidentemente tampoco constituyó una falta a la moral y las buenas costumbres por tratarse de un evento “artístico”. Curiosamente, la ley sanciona rigurosamente la ebriedad en la vía pública o a personas sorprendidas mientras dan alivio a sus vejigas en parques y otros lugares, con la atenuante de que no existen servicios sanitarios para tal propósito. El mes pasado, los medios de difusión provocaron un verdadero terremoto noticioso al mostrar imágenes de la Presidente en traje de baño en una playa brasileña a tempranas horas de la mañana antes de asistir a un cónclave internacional. El hecho concitó el repudio generalizado por considerar que se irrespetaba el derecho a la privacidad de la mandataria. Y con justa razón.

Dios en juramentación de Obama
El más reciente episodio para ridiculizar la fe de los cristianos se inscribe dentro de la campaña mundial contra la religión, como parte de una embestida global para mofarse groseramente de las creencias y la espiritualidad de una mayoría importante de la población. La prensa internacional también se hizo eco en días pasados de la demanda presentada por un grupo de ateos ante una corte estadounidense, que exigían prohibir que se pronunciara el nombre de Dios en la juramentación del mandatario, Barack Obama, el pasado 20 de enero, según un texto prescrito por la ley, el cual es utilizado por todos los Jefes de Estado que se han sucedido desde George Washington como primer Presidente de los EEUU en 1789.

Si en un régimen democrático —donde imperan el Estado de derecho y el respeto de las garantías y libertades individuales de la persona humana— el derecho a la libre expresión del pensamiento (no sólo en materia religiosa) no se cuestiona, también es innegable que ese derecho no es absoluto y que existen criterios y disposiciones para reglamentar su ejercicio, uno de los cuales es la obligación de respetar las creencias de otras personas. La libertad no equivale a libertinaje sino que tiene límites, que son precisamente el derecho y el respeto que merecen igualmente otras personas. No se puede ofender abierta y ostensiblemente la fe y las creencias de los demás apelando al ejercicio irrestricto de la libertad de expresión artística. Ese respeto es el fundamento para sancionar conductas o expresiones consideradas denigrantes o discriminatorias de la persona humana en razón de su religión, credo político, condición social, idoneidad física o preferencias sexuales. Mal puede entonces el organizador de “Vírgenes in Fashion” agraviar impunemente a millones de personas burlándose de la fe que profesan o haciendo chacota de los símbolos que la representan. Y más grave y sintomático resulta que una alta autoridad judicial cohoneste el abuso de una prerrogativa que tiene como contrapartida la obligación de respetar el derecho ajeno.

No se trata de llegar al extremo de imponer el respeto a la ley mediante el recurso a normas o prácticas establecidas en otras culturas. Basta la simple aplicación inteligente, sensata y lógica de la legislación vigente. No es difícil imaginar lo que le hubiera sucedido al desenfadado diseñador en un país musulmán si se hubiera atrevido a irrespetar los símbolos o los personajes sagrados del Islam. Recordemos que la cabeza del escritor angloindio Salman Rushdie fue puesta a precio en el mundo árabe y condenado a muerte en Irán por el Ayatollah Jomeini en 1989 por la publicación de una obra literaria (“Versos Satánicos”) considerada ofensiva para la fe musulmana, lo que lo obligó a abandonar su país protegido bajo una nueva identidad y buscar refugio y seguridad en el Reino Unido.

La decadencia del imperio romano comenzó con la relajación de las costumbres y la inmoralidad generalizada de su población hasta que los bárbaros se encargaron de sepultar lo que una vez fue la cuna donde floreció una gran civilización. No permitamos que nuestra sociedad se derrumbe bajo el peso del irrespeto de la ley y el Estado de derecho. La corrupción y la podredumbre empiezan en el corazón del hombre. El Estado es un simple reflejo de cómo somos, nos organizamos, pensamos y nos comportamos. Si apartamos a Dios de nuestras vidas con mofas y vejaciones, no nos sorprendamos que nuestra nave naufrague por falta de una brújula que la oriente.

Nota: La ilustración fue tomada de eleconomista.com.mx
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus