• Feb. 13, 2009, 7:30 a.m.
Según Wikipedia, la enciclopedia libre, Rotonda es una construcción vial diseñada para facilitar los cruces de caminos y disminuir el peligro de accidentes. Para la pareja presidencial Ortega-Murillo, una Rotonda es una especie de lugar sacro (similar a un templo o iglesia, en forma circular, y al aire libre) donde mujeres y hombres se reúnen diaria e indefinidamente para cantar y hacer oraciones a Nuestro Creador, la Virgen María y todos los santos y querubines reconocidos dentro del ámbito celestial.

El tema de las rotondas es una situación sobre la cual todo ciudadano ha escrito y comentado, quizás hasta la saciedad, si es posible que el ser humano puede cansarse de emitir quejas o comentarios. Sin embargo, retomo el tópico a raíz de dos artículos de opinión publicados en dos periódicos del país.

 “La oración desde las rotondas: el amor es más fuerte que el odio”, aparecido en El Nuevo Diario y elaborado por el Rev. José Miguel Torres, hace un abordaje teológico, utilizando un tono conciliador, al momento de referirse a los denominados rezadores y la polémica suscitada. En relación a lo anterior no hay que olvidar que, como teólogo, el Reverendo es ante todo un creyente, y las opiniones que de él se deriven tratarán de expresar la inteligencia de la fe eclesial. Siendo así, afirma: “Ellos (los rezadores) nos están diciendo con su actitud que nuestro deber es orar por una sociedad” (…) “Ellos hacen oración frente al odio y veneno cotidiano que promueve la sed de venganza y de vuelta a guerras fraticidas que nos dejaron el gusto por la sangre” (…) “el valor especial de esa gente está en el hecho que son portadores de la Palabra y promesas de Dios”.

Este artículo, en su versión digital, pareció ofender y perturbar a los lectores según lo que se desprende de los comentarios al mismo, no obstante, creo que ellos esperaban otro tipo de abordaje del asunto, pero hay que tener en cuenta lo obvio: el reverendo como teólogo no hará otro análisis más que desde una perspectiva eclesial, no sociológica, ni política.

Managua descalabrada
Sergio Ramírez en su artículo “La santa cruzada”, publicado en La Prensa, describe lo descalabrado de Managua, ciudad que pretende a fuerza de enormes letreros publicitarios ahogar “(…) la miseria y el desorden urbano”, para dar una apariencia de “modernidad”. Asimismo alude -casi sin sorpresa- a los “otros (rótulos) de mayor dimensión y altura que logran dominarlo todo: las efigies de Daniel Ortega”. Aquí, el tono pacificador de Torres difiere con el de Ramírez, que es más puntual, provocativo y porqué no, menos incauto.

Con la agudeza que lo caracteriza, el escritor expone: “Los rezadores” deben cumplir por turnos en las rotondas las tareas de cantar himnos religiosos, o gritar consignas acerca del amor y el odio, agitar banderas, y desplegar mantas, una presencia disciplinada que se ha vuelto ya rutinaria”. Lejos de creer por algún desliz que esos ciudadanos están ahí efectivamente por su propia y espontánea iniciativa y voluntad para orar a Dios y solicitarle que el amor sea más fuerte que el odio, afirma certeramente: “el amor y el odio dependen de la voluntad presidencial”. Estas posiciones contrapuestas pero enriquecedoras, lejos de separarnos en bandos a favor o en contra, deben hacernos reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y lo que está aconteciendo y no asumimos lo cual es esencial para poder proponer y construir. Deben acercarnos como seres humanos y hacernos entender que sólo unidos, informados, decididos y organizados es que podremos superar –a través del diálogo o la acción- situaciones que no abonan en nada al desarrollo del país, como ésta.

Todo el día en una rotonda
Preguntemos por qué esas personas pasan todo el día y la noche en una rotonda. Respondamos a quienes los han puesto ahí, sin disimulos: porque no tienen empleos. No tienen en qué invertir su tiempo. No son personas productivas, ni de provecho. Pero estas aseveraciones no son una ofensiva en su contra; sino, por el contrario, contra el gobierno actual, que socava y denigra a esos seres humanos como usted y yo, exponiéndolos, cosificándolos y comprando sus conciencias, tiempo y libertad con un estipendio por “esa labor”.

El gran problema radica en que aún si quisieran optar por trabajar y producir, en lugar de levantar banderas, orar e ir a los baños portátiles de vez en vez, la tarea de conseguir un empleo no es nada fácil, sobretodo en un país donde está visto y probado que no sólo basta rezar, mientras la voluntad política no quiera.
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