• Feb. 13, 2009, 8:29 a.m.
Gaza se parece cada vez más a un campo de concentración. Cardenal Raffaele Martino, Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz.


Fue hasta que consideraron inevitable que el mundo entero se rebelara contra ellos que se retiraron de un territorio del cual no dejaron más que destrucción y  muerte, hambre, mutilación y congoja. Dejaron, además, imágenes dantescas que nunca se podrán borrar de la memoria de todos los que fuimos testigos --muchas veces en vivo-- de ese interminable exterminio de un pueblo.

Muchos de los que no conocían del “conflicto” (eufemismo de ocupación territorial por los hebreos) palestino-israelí se dieron cuenta de él, pero de una manera atroz y cruda durante los 22 días que duró esa aniquilación. Los medios de todo el planeta lo transmitieron --televisión, radio y prensa--; resultó imposible abstraerse de esa realidad para muchos tan “lejana” (¿?) como inhumana: niños, mujeres, ancianos, arrancados sin darse cuenta de sus vidas, rotos, desmembrados, confundidos con el polvo que levantaban “las bombas inteligentes”, que, de pronto, “erraban” sus blancos. (Aún sueño con los tres niños palestinos de una misma familia que fueron asesinados; uno murió con los ojos semiabiertos. ¿Qué fue lo último que habrá visto? ¡Cómo el alma se le evaporaba de su cuerpo injustamente!)    

Pero las voces que se alzaron contra ese moderno holocausto --palabra hasta hace poco restringida sólo para referirse a la masacre realizada contra los judíos, la Shoah para ellos-- no fueron las de los timoratos líderes mundiales, sino la de millones de ciudadanos que, ante esta sanguinaria acción, se manifestaron en casi todas las ciudades del planeta contra el terrorismo hebreo, que cercó, arrolló y demolió ese frágil pedazo de tierra llamado Gaza, esa franja que cada vez más parece un hilo (¿han visto los mapas de Palestina antes de los 60?). La ONU se quedó como la Gioconda: pintada y con una sonrisa tan tímida como difuminada.
 
Sus miembros no son beatos
Estamos claros, Hamas no es un dechado de virtudes ni mucho menos. Sus miembros no son beatos, sus acciones así lo exteriorizan, pero este grupo ganó limpiamente las elecciones de hace dos años, y con ello el estado judío se arrogó el derecho de emprender cualquier tipo operación bélica en el territorio sin miramientos ni moral por los “daños colaterales” (masacre de inocentes), con la justificación que Hamas (su enemigo) tiene el mando de la franja. ¿Fue esto casual, la presentación al juego electoral de este grupo (en la lista mundial de organizaciones terroristas) y su posterior triunfo, de por sí esperado por su posición a la que muchos palestinos se adhieren? Las tramas siempre han existido.              

E incursionaron en la franja con nombre de guerra: “Plomo fundido”, muy concreto. Pero además de plomo hicieron llover fósforo blanco y usaron toda clase de armas prohibidas (¿qué arma no debería ser prohibida?) durante 22 días inacabables contra esa población; se cerraron las fronteras para que no entrara la ayuda humanitaria, y hasta la escuela de la ONU fue bombardeada (¿un aviso?). No hubo respeto alguno hacia los derechos humanos de los palestinos, ni hacia los más elementales.

¿Hamas provocó y ellos se defendieron? Aunque la vida es invaluable, la desproporción es un “poco” (sarcasmo) evidente; veamos las matemáticas, que muchas veces no mienten: según organismos que defienden los derechos humanos en Oriente próximo, entre 2001 y mediados de 2008 murieron 23 israelíes por lanzamientos de proyectiles desde Gaza; en ese mismo periodo las víctimas palestinas ascendían a 3,800, de las cuales casi mil fueron niños. La diferencia simplemente es abismal, como lo es en esta nueva ofensiva bélica que se llevó a cabo: casi 1,500 palestinos muertos, la mayoría civiles: mujeres, ancianos y muchos… muchos niños. Injustificable desde cualquier punto de vista, y que hoy, más de un mes después, parece haber caído en el olvido.  

Fue tan brutal y despiadado el ataque, que hasta el mismo titular del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz del Vaticano hace algunas semanas denunciaba que “Gaza se parece cada vez más a un campo de concentración” y que Israel “pisotea la dignidad humana al atacar a víctimas inermes”. ¿Estarán los judíos repitiendo las prácticas de las que fueron víctimas hace 70 años? La destrucción que han hecho en Gaza en 22 días así parece anunciarlo.


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