• Nov. 23, 2007, 12:28 p.m.

El General Moncada le advirtió a un joven que decidió abrir, con su vida, otro camino: “El pueblo no agradece”. En aquellos tiempos como ahora cada quien le invoca, habla por él y corta su tajada de pueblo, sólo que cada pedazo partidario se exhibe como el único.

Ernesto Cardenal en su “Revolución Perdida” habla de la fiesta de un pueblo que en sus 500 años de historia no había gozado una. Claro que el pueblo ha disfrutado de fiestas minúsculas y hasta grandes, sin poetas ni comandantes, generales o cantantes.
Parrandas históricas son las festividades deportivas como la noche en que Nicaragua derrotó a Cuba, en 1972 o cuando Alexis obtuvo por primera vez, “en 500 años”, un título mundial para nuestro país.

Pero a mí me intriga qué entienden los políticos por pueblo. ¿Una plaza atiborrada del mismo color, pensamiento y aburrimiento oficial, coreando el ¡viva! de turno?

Cardenal ensaya otra definición, con la que trata de poner su pie de foto a la imagen del 20 de julio de 1979. 17 meses antes, ¿cosas de la vida? el propio sujeto y causa de aquella “otra” alegría, Anastasio Somoza, había experimentado el mismo entusiasmo que el poeta sintetiza: “Un pueblo vuelto loco, todo él risas y vivas y vítores”.

Un tabú, dentro de nuestro álbum político, y de la cual se callan los analistas, es precisamente el régimen de los Somoza y sus “fans”. ¿Contó o no con su tajadota de pueblo?

Los hechos indican que nomás entraron los muchachos el 19 de julio a proyectar su película, también se coló mucha gente al teatro, con sólo agregarle a su boleto rojo, el negro de moda.

Hay una foto de multitud en donde ahora es Plaza Inter, en la que aparece el dinasta. Fue cuando entonaron el famoso “no te vas, te quedas”. Empleados públicos, dirán muchos. Fue en el mismo mes cuando Monimbó presentó su propio concepto de lo que es también el pueblo: la rebelión de las máscaras, pero con todo el vigor de su cultura ancestral, muy distinta a las caretas de las conveniencias.

Tabú, entonces, el hecho de que no se reconozca que el segundo Tacho tenía pueblo, aunque pongamos otro pie de foto para la historia.

Es difícil que un régimen se sostenga demasiado tiempo sólo a punta de pistolas. Reducir el soporte de un gobierno a los cuarteles es pecar de simplista. Cada sistema crea su base social, incluso su pueblo, sobre todo cuando una oligarquía atrasada divide a su país entre los de sangre azul, escudos de armas incluidos, y los desarmados de la fortuna, los O Positivo. Un buen líder rellena esos vacíos con oportunidades, no con discursos.

Somoza relata en “Nicaragua traicionada” que el 26 de febrero de 1978, se concentró “su pueblo”, 150 mil personas. La descripción es la misma que más de 20 años después repetiría el poeta Cardenal sobre ese pueblo en el libro citado. El general se adelanta al panida: “Saltaban, gritaban, agitaban banderas”.

Impresionado, el dictador se describe: “como un personaje de gobierno, con un número abundante de problemas y dificultades, esa demostración de apoyo de MI PUEBLO, hizo saltar las lágrimas de mis ojos. Así fue como me sentí y con ese espíritu entré en ese “mar de PUEBLO”.

Pueblo tiene la derecha. Sus representantes no mienten cuando hablan de “su” pueblo. El Frente Sandinista en el poder, asume que el “pueblo es presidente”, y esa es la otra parte de una verdad que jamás alcanzará en un decreto.

Como en el plano de las ideas que ahora tanto asustan al ex cardenal Ratzinger, el pueblo se volvió una verdad repartida antes que una verdad revelada. Cada quien anda su tajada de pueblo-verdad, pero no podemos aceptar un pueblo revelado a una sola organización, aunque sí, puede rebelarse como en el poema de Pablo Neruda: “Salud, pueblos parados/ en la luz del relámpago”.

De ahí que a mí no me convence aceptar el concepto totalitario de pueblo, que la derecha o la izquierda, el centro y los híbridos tratan de imponer. El pueblo es como el universo, con sus galaxias de intereses, sus propios sistemas solares políticos, sus planetas de problemas diarios y que, por supuesto, temen ser consumidos por los “agujeros negros” de la politiquería.

En San Albino, un hombre inteligente legó una de las mejores definiciones que nos dice con claridad lo que debe significar no sólo para un legítimo sandinista, ese abusado término. Este sabio metido a guerrillero, sabía que el pueblo es una diversidad de corrientes, de colores, constituido de muchos COMPONENTES, pero que podía ser unido por la buena voluntad:

Nuestro General Augusto César Sandino escribió el Primero de Julio de 1927: “PUEBLO HERMANO: al dejar expuestos mis ardientes deseos por la defensa de nuestra patria, os acojo en mis filas SIN DISTINCION DE COLOR POLITICO, siempre que vuestros COMPONENTES vengan BIEN INTENCIONADOS, pues tened presentes que a todos se puede engañar en el tiempo, pero con el tiempo no se puede engañar a todos”.

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