• Mar. 2, 2009, 9:01 a.m.
La búsqueda de la verdad es algo inherente al ser humano. Nunca supe que la iglesia se haya opuesto a que el hombre lo haga. Muy al contrario, la promueve de una manera saludable, dado que lo necesita para realizarse como persona, para hallar su lugar en el mundo y ser lo más feliz posible. La iglesia no atacó a la ciencia cuando salieron los inventos modernos que nos han traído comodidades desde que salieron a la luz pública, tales como la electricidad, el bulbo incandecente, la radio, el fonógrafo, los carros, los aviones, la televisión, los discos compactos los VHS y los DVD, la computadora y el Internet. Más bien los ha aprovechado como medios de evangelización hacia sus fieles.

Alguien mencionó alguna vez, que si San Pablo, el primer evangelizador de largo alcance, hubiese vivido en esta época, hubiera evangelizado en aviones, como lo hizo el recordado Papa Juan Pablo II., quien viajó 1.3 millones de kilómetros en avión, tres veces el perimetro de la tierra, evangelizando al mundo. La ciencia sana es buena, la que es mala es la ciencia de los necios, la ciencia de los que se alegran morbosamente que hayan clonado a Dolly y la consideren “un triunfo de la ciencia y una derrota para la fe y para la iglesia”.

La iglesia no tiene nada en si contra la clonación, pero si advierte de los peligros éticos que puede traer consigo tales manipulaciones genéticas, y pide cuidado y regulaciones estrictas de los estados para su uso correcto. Para que no se preste un día futuro en que cualquier persona adinerada pueda clonar personas para hacerlos esclavos o esclavas de sus caprichos empresariales o mujeres voluptuosas para saciar sus instintos sexuales. Igual que ha advertido contra el abuso de los medios de coumunicación masivas, tales como el Internet, que se presta para lo bueno como el intercambio mundial de información de datos, la comunicación instantánea, la educación, la cultura, etc., pero también a lo malo, como la difusión de pornografía.

Se conoce que hay muchos científicos creyentes, que asumen la posibilidad de un creador en sus teorías, pero se inhiben de hacerlo por temor a ser objeto de burla de parte de la comunidad científica, donde creer en Dios es sinónimo de ignorancia y oscurantismo. Cosa absurda dado que la iglesia ha sido la gran depositaria de sabiduría, en donde se han nutrido todas las culturas antiguas y modernas. Hace mucho tiempo, yo tuve una amiga en la universidad que se graduó como psicóloga y atendía después en una clínica del Seguro Social en Managua. Un buen día fue regañada y sancionada, por que atendiendo a una paciente por males depresivos, a quien le recomendó, además de la medicina habitual, orar con fervor pidiendo también la ayuda de Dios para sus males. Después de esta acción, las autoridades le advirtieron que podía perder su puesto.

Los malos científicos y muchos políticos incluidos pretenden , lo que pretenden en realidad, es excluir a Dios de la sociedad para que todo sea permitido, para que no haya regulaciones ni leyes de ningún tipo, estatal o moral, que los detengan. Y de ahí que la religión caiga mal, pero ¿cuál ha sido el resultado? La sociedad se está volviendo más atea, nihilista y desordenada y ese desorden acarreará, tarde o temprano, la destrucción de la sociedad, situación que los cristianos no debemos permitir.
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