• Mar. 2, 2009, 2:17 p.m.
Quien no tiene conciencia de su pasado realmente es una persona sin identidad, pues carece de precedentes y de ejemplos a seguir, sin caer en la burda imitación. Partiendo de esta premisa considero ilógico que un ser racional piense que honrar a las máximas figuras culturales y políticas de nuestro país nos lleve al estancamiento.

Cuando leí el artículo del señor Enrique Wheelock Martínez titulado “Darío y Sandino: estancamiento cultural”, publicado en Opinión de END, el 26 de febrero, me asaltó la siguiente duda: ¿Qué relación existe entre honrar a una persona y vivir en el subdesarrollo? ¿Será acaso que mantener a un personaje en la memoria colectiva frene la inversión, provoque inflación, devaluación o cualquier fenómeno que obstaculice las actividades financieras de nuestro país? Sólo desde ese punto de vista tendría asidero la postura de Wheelock Martínez. Por otro lado, creo necesario aclararle al articulista que quienes disfrutamos del lenguaje preciosista de Darío y nos dejamos seducir por sus musas, ninfas y centauros, estamos conscientes de que “El Príncipe de las Letras Castellanas” yace en una tumba, sin embargo, nadie busca resucitarlo, porque su legado es imperecedero. El artista sucumbe ante la inevitable guadaña que a todos no acecha, mas su obra trasciende por los siglos. Si usted considera que esto es hundirse en las aguas de un estanco putrefacto para no avanzar y es lo que causa que Nicaragua aún sea tercermundista, lamento decirle que está equivocado.

Si su óptica fuese correcta, entonces cómo explicaríamos que España, un país del primer mundo, homenajee a Miguel de Cervantes casi cuatro siglos después de su muerte. Asimismo, la existencia de Versalles no tendría lógica si conservar obras antiquísimas trajera como consecuencia el estancamiento de Francia. ¿Tengo o no tengo razón?

Usted expone que no ha nacido quien supere a Darío, tesis muy acertada si consideramos que cada quien es genio desde su condición y su entorno, no obstante, lamento decirle que América Latina después de Darío ha parido hombres ilustres y dignos de respeto, que se han posicionado como grandes literatos y hombres de vanguardia a los ojos del mundo entero. Así que no estamos estancados.

Incluso, la producción artística en Nicaragua es representativa y respetada. Darío es sólo el punto de partida, pero tras sus pasos han ido muchos genios que no lo han copiado, sino que han visto en él un faro que los ha guiado por el sendero del arte. Algunos grandes también se atrevieron a desdeñarlo, como José Coronel Urtecho, quien al final reconoció su innegable majestuosidad. Somos versátiles, poseemos grandes poetas y novelistas que merecen ser respetados, no vilipendiados por comentarios detractores del tesoro cultural que realmente poseemos. Asimismo, percibo en su escrito tremenda contradicción, pues primero manifiesta que don Alfonso Cortés “fue uno de los pocos en alcanzar la categoría de verdadero poeta”, pero luego comete el abuso de afirmar que éste se fingió loco para ocultar su frustración por no poder superar a Darío, pues en realidad Cortés es solemne.

Señor Wheelock, su manejo único del misticismo hacen de Cortés uno de los grandes poetas metafísicos, proclives a dejarse seducir por el infinito misterio de Dios en la vida del hombre, por la esencia del ser y por el espacio. Exploró lo onírico y nadó en versos surrealistas. También fue modernista y nos legó excelentes poemas que siguieron y transformaron el legado del gran Rubén. Demasiado derroche de habilidad para que alguien pueda considerarlo intrascendente o fracasado en su “abnegado e inútil oficio lírico”. Por otro lado, si en realidad ha estudiado la obra de Cortés se habrá dado cuenta de que en su producción no hay una línea exacta que marque la diferencia entre la calidad de su poesía cuando estaba cuerdo y cuando había perdido la razón, pues su talento va más allá de la realidad y de la abstracción de la misma.

Respecto a los festivales de poesía realizados en Granada, quiero decirle que son un espacio abierto al arte, una especie de arboretum en el que cada especie muestra al mundo su fruto. Pero si eso para usted es parte de una neurosis colectiva, de todo corazón le digo que prefiero divagar en esa locura antes que sucumbir en el caos del pesimismo y la nada.

En cuanto a Sandino, la historia es más que clara en cuanto a su ejemplo de patriotismo y valentía. Además no es necesario que haya intervenciones armadas para que la soberanía del país esté en peligro y para que su legado tenga vigencia. Sin embargo, debo reconocer que es una lástima que muchos que se dicen seguidores de este gran hombre se limiten a inaugurar monumentos y se olviden de la verdadera esencia de su mensaje. Quizás eso sí deben revisarlo quienes se llaman sandinistas y llevan una vida ostentosa, ocultan el manejo de fondos públicos y reprimen a un pueblo que ha derramado sangre por conquistar su libertad. Sandino no merece que tratemos de olvidarlo sólo porque quienes se han adueñado de su figura son pésimos hijos.

Lo malo no es develar estatuas, sino olvidar quién es el de la imagen y qué hizo. Insisto en que es de ingratos tratar de sepultar la herencia cultural y filosófica de quienes nos han aventajado en sapiencia y nacionalismo. ¿O acaso, señor Wheelock, si un hijo venera la imagen de su padre y recuerda a su descendencia el legado de éste, está cayendo en actitudes retrógradas?

Finalmente, usted considera que “si la develación de estatuas y Festivales de Poesía abonaran en algo a la educación del pueblo y su cultura, entonces también contribuyeran en algo para resolver  el gran problema de más de medio millón de niños que anualmente se quedan fuera de  las aulas de clases”, pero yo le pregunto lo siguiente: ¿Qué beneficios obtendríamos al no celebrar el arte en las calles y al ocultar nuestra historia bajo las piedras, en una época plagada de políticos con atrofia cerebral e intereses mezquinos?  La educación tendría el mismo rol nulo, porque no es prioridad para los intereses de las clases en el poder. Sencillamente por eso no avanzamos. Y por personas negativas que a lo mejor se sienten fracasadas porque sus libros no han obtenido el éxito requerido para ganarse un espacio en nuestra atmósfera literaria.
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