• Mar. 12, 2009, 3:31 p.m.
Recientemente el Presidente Ortega declaró que o nos uníamos para enfrentar la crisis económica internacional que ya está afectando seriamente nuestra finanzas nacionales o nos hundiríamos todos los nicaragüenses, sin importar colores políticos o ingresos económicos. Lo expresado por el Presidente es una verdad irrefutable.

Lo que más preocupa es que muchos países están cerrando filas a lo interno, no para evitar que la crisis los golpee, algo que se ve imposible, sino para aminorar el coletazo que van y vamos a recibir producto de esta situación que tiene, en nuestro caso, tanto causales externas como internas; entre ellas la desacertada política económica a nivel nacional y el mal trato que le ha dado a la cooperación externa.

Que hubo fraude electoral municipal es indiscutible, y no porque lo haya expresado Eduardo Montealegre u otro político de la oposición, sino porque me lo han confesado algunos fiscales del FSLN. Sin embargo, esto tampoco justifica, como también lo sé de fuentes confiables, que ciudadanos nicaragüenses de la oposición estén pidiendo la suspensión de la cooperación externa a nuestro país. Las dos posiciones merecen el repudio del pueblo. Asimismo, la cooperación europea, sobre todo, estaba buscando una “excusa” para retirar su ayuda, ya que se quieren concentrar en África, para evitar el tsunami de migrantes de ese continente a Europa.

El problema es que vivimos en un país que está cada día más polarizado, tanto por las posiciones del gobierno como por las de la oposición. Por supuesto que las constantes  contradicciones en las declaraciones del Presidente de la República no ayudan mucho, si no recordemos el trato que le ha dado a las microfinancieras, a las que ha catalogado como usureras. Sin embargo, posteriormente firmó convenios de financiamiento con las mismas y a la semana siguiente arremetió otra vez contra ellas y usó los mismo epítetos. Estas actitudes hacen que muchos sectores desconfíen de la palabra del Presidente.

Personalmente, creo que ambas facciones, tanto el gobierno como la oposición, deben ser más flexibles y buscar un punto en el que tal vez no queden completamente satisfechos, algo imposible en una verdadera negociación, de lo contrario habría una imposición. Por eso creo que el gobierno debería acceder a realizar una profunda reforma a la Ley Electoral que incluya la destitución de los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral y convertir a ese poder del Estado en una institución más técnica que política, para garantizar unas elecciones transparentes en 2011. Por su parte, una vez realizados estos cambios, la oposición debería aceptar los resultados de las cuestionas elecciones municipales del nueve de noviembre del año pasado. Sólo después de esto podrán cerrar filas todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país para hacerle frente, dentro de nuestras  debilidades estructurales, a la enorme crisis económica que ya está en el país.

Sé que esta propuesta no será del agrado de una enorme cantidad de personas que creen que negociar y ceder es síntoma de debilidad, sin embargo, la visión que tengo del futuro de nuestro país es la de un barco hundiéndose, y la tripulación, en vez de prepararse para abandonarlo y abordar los botes salvavidas está enfrascada en un pleito que le hará perder el barco, la vida y los pasajeros.
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