• Mar. 25, 2009, 3:12 p.m.
El cinismo detrás de la fachada democrática del vice presidente de la república, me hace recordar a un maestro de primaria que mencionaba Lyndon B. Johnson. Según el ex presidente norteamericano su maestro no tenía problema en que la tierra fuera redonda o plana, él de todas maneras la podía explicar igual. Morales Carazo, Edwin Castro, Rafael Solís o Wálmaro Gutiérrez son algunos personajes orteguistas que con frecuencia aparecen en televisión hablando bellezas de su mandamás, con un fervor que turbaría de envidia al mismo Goebbels, el ideólogo y publicista del Führer.

El descaro con el que se expresan casi siempre viene enchapado de grandilocuencia, frases enfáticas de “amor a la patria”, de “los intereses nacionales” y cosas por el estilo. Gestículan corporalmente o fuerzan expresiones idiotas en sus rostros para con desdén, según ellos, ridiculizar a sus supuestos adversarios políticos. Usan un sarcasmo tan pueril y soso que solamente revela su falta de creatividad y degradación. Hablan del “altar de la patria” ignorando talvez que así le decían los nazis al búnker de Hitler.

Le dirán así a la casa del Carmen, donde Ortega dicta ilegalmente por igual los destinos del país y del partido. ¿Cómo justifican los lujos y la opulencia en que viven mientras el país es arrasado por la pobreza que dicen combatir?  ¿Cómo explican la corrupción en el seno de sus familias, cómo cultivan en sus hijos los principios básicos morales, y no me refiero a ser un dechado de virtud, a vivir como los santos, como lo validó con su preciosa sangre el poeta Leonel Rugama, me refiero al elemental instinto humano de hacer el bien?

Veamos el ejemplo del diputado Yasser Martínez, que es emblemático del “éxito” de los políticos en Nicaragua. Aunque igual podría servir el de Roberto Rivas, Bayardo Arce o Alemán. El diputado “mortero” hizo una maestría en vandalismo cuando Ortega socavaba el esfuerzo económico nacional gobernando desde abajo. Martínez vive en un elegante vecindario, maneja autos lujosos y tiene un sin número de privilegios, pero sin méritos académicos o profesionales. En el mismo vecindario del diputado sandinista vive también una pareja de médicos. Pero este matrimonio trabajó duro durante 25 años para construir ahí su patrimonio.

Otro diálogo amnésico
La riqueza y una vida llena de comodidades debería ser la recompensa al trabajo digno, a la perseverancia y al talento personal. Debería ser una consecuencia lógica del desarrollo económico del país. No el resultado de la corrupción política, de empobrecer a Nicaragua, mientras se acumulan fabulosas fortunas personales. De mentir, robar, corromper voluntades, destruir la libertad, la democracia y las oportunidades para  todos los nicaragüenses, y todavía tener el descaro de exigir más ayuda internacional para continuar haciendo lo mismo.

Me pregunto si las bases cuestionan la riqueza de sus caudillos mientras ellos mismos sobreviven milagrosamente en la pobreza. Todos roban dicen, pero cómo se explican que los principios revolucionarios sean tan flexibles en el caso de los seguidores de Ortega, porqué aceptan que su líder, supuesto faro moral de sus vidas, pacte con otro ladrón condenado y puesto en libertad por la justicia corrupta. Los principios para que sean considerados como tales deben mantenerse siempre, no solamente cuando convengan al caudillo.

En Venezuela economistas independientes sostienen que Chávez ha despilfarrado en “ayuda” al exterior unos $500 mil millones de dólares de la renta petrolera, y estiman que Ortega ha recibido $21,000 millones del pastel. Esa asombrosa cantidad son tres veces el producto interno bruto de Nicaragua. Si es verdadera esta suma cubriría la cooperación externa congelada por efecto del fraude que ya fue aborrecida por el presidente sin pensar primero en las necesidades del país. Ficción o no la cifra real permanece oculta por el gobierno. El pueblo continúa sin saber cuánto dinero se ha recibido en su nombre.

Pintar de rosado chicha la pobreza no la erradica. Otro diálogo amnésico no puede destruir el pasado, lavar el fraude y la corrupción que hacen de Nicaragua el segundo país más pobre del continente. Aquí no hay bandos, ni siquiera una oposición política definida. El país se hunde por el absolutismo político orteguista, el mismo que lo abatió con una guerra y que lo ha socavado desde que se fue Somoza. El pueblo debe aprender a escoger gobernantes honestos en elecciones limpias y castigar a los criminales. Ya lo dijo Borges: “El pasado es indestructible, tarde o temprano las cosas vuelven y una de las que siempre regresa son los intentos inútiles de quererlo destruir”.
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