• Nov. 10, 2007, 9:44 a.m.
¡Quiero que sigan los apagones! Adoro las noches en penumbra, los picotazos de los zancudos que pueden infectarme de dengue o malaria. El calor, la incomodidad, el peligro de que la casa se me queme con cualquier vela que olvide apagar, la posibilidad de ser visitada por los delincuentes que se sienten “en la gloria”… 

En fin, sí señores. Esta es mi reacción a raíz que me entero, de boca del señor ministro de Energía y Minas, el para nada bien recordado Emilio Rapaccioli, quien dijo que “gracias a los CPC ---los clandestinos Consejos de Poder Ciudadano--, que fueron a pedir a la Secretaría del partido gobernante que “cesaran los apagones”, a lo que el presidente, Daniel Ortega, accedió gustoso, como un amable gesto para la celebración de la Purísima Concepción de María.

O sea que la niña Fátima del Rosario Salmerón, que murió carbonizada en su casa, la noche del domingo en Ciudad Darío, después que la vela que su abuelita colocó para iluminarse iniciara un incendio, y las otras tantas personas que han perdido sus bienes o peor aún, a sus seres queridos, a causa de los apagones, no valen un céntimo para el mandatario, porque sólo los CPC pudieron conmover a Ortega.

A estas alturas quiero besar el camino por donde pasen los señores del CPC. Benditas sus plegarias para que se acabaran los apagones. Qué burla, señores, qué burla.

En la entrada de mi barrio, sobre la Calle El Triunfo, durante más de tres meses, los activistas del Movimiento Comunal y muchos pobladores enojados, colocaban tranques pacíficos y se armaban de pancartas para protestar porque nos recetaban el duro racionamiento nocturno, pero todo eso no valía para nada, e incluso los ciudadanos se aburrieron de tanto esperar ser oídos y se refugiaron en la terrible oscuridad de sus casas, hasta que volvieran a activar el fluído eléctrico para el sector, después de las diez de la noche.

Con la infame versión de Rapaccioli no sé si reír o llorar. Quiero ver qué va a hacer este señor el día que los ingenios azucareros apaguen sus maquinarias que generan energía eléctrica, porque la zafra se terminó.

Ya no digamos cuando las plantas “Hugo Chávez” colapsen el presupuesto destinado para ellas, pues es un secreto a voces que son la forma más cara de producir energía, por cuanto funcionan con diesel y no con búnker, y que dos horas después que empiezan a trabajar se recalientan y deben ser apagadas, o se queman.

Si es cierta la generosidad de Ortega para con los usuarios de la electricidad, me pregunto por qué si las plantas venezolanas estaban aquí hace meses, no las puso a funcionar, y lo hace sólo ahora que coinciden con la producción de los ingenios.

Qué poca credibilidad y qué derroche de ridiculez los que tuvo Rapaccioli, quien al parecer perdió el mínimo concepto de la vergüenza que como un profesional debería tener. Además de eso, quedó en evidencia que su vulgar objetivo era “meternos como purgante” la idea de que los CPC trabajaran para la comunidad y no para un partido político.

Más le vale a Ortega y su ministro Rapaccioli que mantengan la energía más allá de la zafra azucarera, allá por febrero o marzo, o se exponen a una creciente ola de descontento popular que no pararán sus cacareados CPC o cajas de resonancia de su partido rojinegro. Después de escribir esto me encomiendo a Dios, porque me van a llover maldiciones, sapos, culebras y quién sabe qué amenaza o qué señalamiento sobre mi vida privada.

* kcastillo@elnuevodiario.com.ni

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