• Abr. 7, 2009, 11:03 a.m.
La alarma cundió y no era para menos. El Procurador General de la República había sido baleado por desconocidos, me informó un amigo por teléfono, antes del mediodía del Lunes Santo, cuando pocas personas sabían de lo ocurrido.

Pero una vez iniciada la conferencia de prensa, que contó con la presencia de la directora de la Policía Nacional, Primera Comisionada Aminta Granera, quedaron más preguntas que respuestas en el relato de los hechos realizado por el alto funcionario de la justicia nicaragüense.

En primer lugar cabe preguntarse dónde ocurrió, la hora exacta, delante de cuáles testigos y por qué el Procurador Hernán Estrada Santamaría, pese a su investidura y al carácter demostrado, recorría la vía sin escolta, por muy cerca que estuviese de su casa.

Del hecho de que se hubiera detenido para escuchar los insultos de un desconocido me surge la incógnita de que si Estrada iba a pie o si se dirigía a hacer sus ejercicios en su vehículo.
Si hubiera ido en su vehículo me parece ilógico que llevara los vidrios bajos y tuviera la paciencia de prácticamente estacionarse para escuchar a un individuo que lo ofendía y todavía darle chance de disparar sin antes arrancar a toda velocidad.

¿Disparos con pericia militar? Lo dudo. Talvez fue una mala apreciación del representante legal del Estado, que además acusó a la Iglesia Católica y a los medios de comunicación independientes por el atentado, puesto que un militar está entrenado para matar sin contemplaciones, y sólo remitámonos al caso reciente de un joven de 16 años, que fue ultimado por soldados en una zona recóndita de Matagalpa, sólo por el hecho de huír corriendo de la presencia militar.

¿Por qué sólo recibió un refilón en el cuello?
Si a Estrada le dispararon “a quemarropa”, según él unos sujetos con entrenamiento militar, me pregunto por qué sólo recibió un refilón en el cuello, herida que le permitió salir inmediatamente del hospital para convocar a una conferencia de prensa y lucir de lo más lozano para lanzar acusaciones infundadas.

La ausencia de datos sobre las pistas del supuesto atentado también despierta suspicacia, puesto que los medios oficialistas dieron por hecho que eran balas de un arma 9 milímetros, y la Policía no dijo nada al respecto.

Estrada Santamaría nunca ha sido una persona exactamente parca al hablar. De hecho, ningún periodista no partidario olvidará su célebre frase de que si el presidente Daniel Ortega lo ordenara, no quedaría “piedra sobre piedra” de los medios de comunicación no afines al orteguismo.

En fin, no es que desee la muerte del señor Estrada Santamaría, puesto que es un ser humano, aunque no pensemos igual respecto a la política, sobre todo, porque además deploro la violencia venga de donde venga. Pero me parece que como un hombre que ostenta un alto cargo en el gobierno, debe ser prudente y no acusar a nadie a priori, mucho menos cuando no está dispuesto a decir todos los detalles del hecho, el cual espero sea totalmente esclarecido en los próximos días, para bien de todos.
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