• Abr. 13, 2009, 11:54 a.m.
Ahora que ha pasado la ola mundial más grande de los casos de abuso sexual en los que se han visto involucrados sacerdotes de la Iglesia Católica, y después de haber pagado ella enormes sumas de dinero, en concepto de daños morales y sicológicos a las víctimas, conviene hablar entonces, sin apasionamientos, de cual fue, o sigue siendo, la principal causa de ese fenómeno según mi opinión.

Cabe aclarar, que en su mayoría, los casos de abusos demostraron ser auténticos, pero los hubo también falsos, presentados por personas inescrupulosas (sobre todo en los Estados Unidos) que aprovechando la ola de demandas ante los tribunales, vieron la oportunidad sacrílega de sacar ellos dinero por aquello que “en río revuelto, ganancia de pescadores”, presentándose, con todo descaro, como supuestas “víctimas”, de algún cura de su parroquia, “hacia muchísimo tiempo, cuando fueron niños”, sin en realidad serlo. Para estos impostores, el dinero que recibieron, demás está decir que les será dinero maldito, que se les revertirá en mil por uno, dado que es tesoro sagrado, producto de las ofrendas de millones de fieles católicos de todo el mundo.

Pero, ¿por qué pasan más de estos casos en la Iglesia Católica y muy pocos en otras iglesias cristianas; como las protestantes, por ejemplo? La respuesta no es tan difícil: El proceso con el cual, la Iglesia Católica, recibe a sus candidatos al sacerdocio. Y tiene que ver con personas que tienen una preferencia sexual diferente, o sean, los homosexuales.

Pasa que cuando un joven de ellos, de cualquier estamento social, con todo su derecho, piensa en las opciones profesionales y de oficios, que le da la sociedad para realizarse como persona, pone en su lista las siguientes posibilidades: 1) Dedicarse al mundo de la moda, 2) Ser un estilista de peinados, 3) Ser chef de cocina, 4) Destacar en el mundo de las artes; pintor, escritor, músico o bien de la farándula 5) Escoger una profesión civil y 6) Entrar a un seminario católico, sin tener un llamado o vocación para hacerse Cura, lamentablemente.

¿Por qué la iglesia no los rechaza en sus pretensiones desde que presentan su solicitud para ello? Respuesta: por que la iglesia respeta profundamente la dignidad de todas las personas sin excepción. Para no discriminar a ningún candidato sin importar su raza, color y preferencia sexual. Por lo menos así fue antes; hasta ahora, que la iglesia hace una exhaustiva evaluación psicológica y de seguimiento, a todos aspirante, para no seguir cayendo en tan escandalosas situaciones que desprestigian a todo sus buenos sacerdotes,  quienes son en su inmensa mayoría, hombres derechos, célibes y de mucha santidad.

Santa madre se equivoca
La Iglesia Católica, pensó, erróneamente, que un joven homosexual podía llegar al sacerdocio guardando prudentemente su condición, dado que al momento de la consagración, debía hacer la promesa de todos: votos de pobreza, de obediencia y celibato. Pero se equivocó la santa madre iglesia de lado a lado. La condición homosexual es algo que ellos no pueden desarraigar de sus cuerpos. Dado que es un deseo de la carne que los domina, y que van a realizar donde quiera que se encuentren. Y así, un homosexual puede llegar a ser un escritor famoso; pero será un escritor famoso, homosexual, por ejemplo. Un pintor homosexual, un chef homosexual, un bailarín homosexual, y también, por supuesto, un sacerdote homosexual.

Los hermanos homosexuales deben comprender, que escoger el camino del sacerdocio, le hace un daño inmenso e inmerecido a la iglesia de Cristo. Y que en vez de bendición, echan sobre si mismos cargas de maldición, que bien puede evitarse. Los hermanos homosexuales y las hermanas lesbianas, que entran a las congregaciones para aspirar a religiosas, debían honestamente examinar sus conciencias y sus opciones, y sacar de su lista a la vida consagrada. Deben humildemente renunciar a querer ser sacerdotes y querer ser religiosas, por que son incompatibles con su estilo de vida, que no compaginan de ninguna manera. Y lo más importante: Esto no quita que ellos puedan ser magníficos cristianos laicos, sin negar su naturaleza con la cual nacieron o se hicieron. Si lo hacen, de este modo, estoy más que seguro, que el Señor los bendecirá grande y ricamente.
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