• Mayo 1, 2009, 4:30 p.m.
Ella inició reprochando en mí una falta de fe hacia ella. Yo en un momento pensé que estaba bromeando y opté por moverme en ese parque de ironías y saltar rápido la página. Pero su golpe sobre la mesa, con precisión y una mirada imperativa y retadora, fue suficiente para saber que debía yo dar algunas sólidas argumentaciones a mis chistes. Ella aún no estaba tomada, sus ojos no divagaban y si no fuese por ese desajustado tema sobre la mesa, su conversación hasta entonces sería coherente.

Está bien --dije sin reparar aún mis cautelas--es posible que puedas ser presidenta de la nación algún día. Ya eres la vice de tu universidad, por qué no creer que lo seas de algo mayor, hace sentido. Además, los líderes no nacen de la noche a la mañana, se hacen en un recorrido arduo y constante; son católicos, preferiblemente hablan inglés, no suelen ser de la capital y honran a sus padres por la mañana y antes de salir a divertirse por las noches.

Pero no creo que fue suficiente mi respuesta. Reconoció en dos patadas que seguía haciendo juegos con ella y sin quitar sus ojos de desprecio, cogió su vaso y se fue a la cocina por otro ron con coca. Fue lo mejor. Algunas veces las personas esperan demasiadas aprobaciones a sus anhelos de vida. Yo en ocasiones, suelo mentir y aprobar vacuas ilusiones a mis amistades, y siento que lo hago bajo válidas circunstancias, por ejemplo, para evitar que se termine una buena noche de tragos, en el que el anfitrión está buscando aprobación a toda costa de sus irreales proyectos de vida, aunque sólo tengan forma y fuerza por esa noche. Por otro lado, están los locos de locos a los que algunas veces sí les creo, porque reconozco que la vida es más condescendiente con los listos que con los honestos.

Sin embargo, esa noche Rosario había llegado más lejos. Está bien que pensara que desea ser presidente de Nicaragua, y está bien que lo aspirara como proyecto hipotético y potencial de vida; pero no creo que esos anhelos cuando se dicen en voz alta puedan con regularidad ser tomados con seriedad. Es decir, todos pensamos en alguna ocasión ubicarnos en los zapatos de un presidente, pero lo hacemos de manera natural como el niño que quiere ser astronauta. Lo solemos aprobar para que se les quite la hiperactividad y se puedan ir a dormir. Pero el caso de Rosario era diferente, su tono y forma de querer aprobación solicitaban una atención sospechosa.

Quiero ser presidenta de Nicaragua --me dijo, y en primera instancia yo tomé las cosas con ternura: –Amor, esas cosas no se desean.— Por qué—. —Porque esas cosas surgen de la compleja ruleta del azar y de tu cercanía al poder.— Pero yo estoy cercana al poder, sé escribir, no temo a hablar en público, sé inglés, y además de ser la vice de mi universidad, soy la secretaria de una de las personas más influyentes de este país, sin que olvides que mis antecedentes familiares están históricamente unidos a la resistencia y liberación de este país. —Si pero sólo tenés 20 años y… —¡Y…Y qué, qué tiene mi edad, qué tiene que ver eso para subestimar la determinación de mi futuro, querés apostar a que seré la presidente de Nicaragua?–

—No, amor, no quiero apostar. No quiero apostar porque, uno, deberé esperar al menos 25 años más para obtener mi ganancia; dos, porque seguramente a la mitad del recorrido lo olvidarás, y tres, porque si no es éste, siempre habrá otro patriarca acomplejado con una enorme insuficiencia personal con el que deberás rivalizar.

No fue suficiente. Ahora la veo a ella desde acá servir su ron con coca con ansiedad y rabia. Ella lleva al grifo la cajilla de hielo y suelta con vehemencia los cubitos que caen despotricados sobre un recipiente de vidrio, algunos caen fuera otros rebotan y también se salen. Rosario quiere ser presidente ¿Por qué? Por qué traer a colación hoy ese tema, por qué no hablar de La Cumbre de Las Américas, del conflicto en Gaza, de las posibles aperturas al embargo cubano, o del cumpleaños de Eduardo Flores, de las inocentes ocurrencias de su hermana Luisa o de su afición por los zopilotes diriambinos.

¿Quiere ella realmente ser presidente para servir a los demás o es que tiene una enorme insuficiencia personal?; bueno, puede ser una mezcla de ambas cosas, puesto que muchas veces lo que termina humanizando a alguien al canalizar su insuficiencia personal es precisamente su servicio a los demás. Pienso en la Princesa Diana, en Angelina Jolie, en Harry Potter, en Batman o en el Sub Comandante Marcos. Un momento ¿Marcos quiere ser presidente o es un emisario del colectivo que representa?…claro, siempre esos liderazgos pueden resultar sospechosos, puesto que nunca se sabe las intensiones de los emisarios intermedios. El comandante Marcos (Comandante Cero de la guerrilla sandinista), por ejemplo, ¿habrá querido ser siempre un dirigente intermedio o estaba listo a arrebatar el poder a Carlos Fonseca? Siempre han fluido las teorías conspirativas, algunos creen que era un líder nato con mayor pragmatismo, pero bueno, igual volvemos a lo mismo, nunca se saben a ciencia cierta las intenciones del corazón de un servidor social. Pero eso sí, creo que cuando se anuncian a temprana edad, sólo pueden resultar de dos formas: o no tomarse en serio o resultar sospechosas.

Yo vuelvo a Rosario, Por qué si en el vasto mundo de la política sus actores suelen moverse en silencio, por qué Rosario opta por moverse sin cautela en el ruido de su aspiración presidencial. ¿La tomo en serio o lo veo sospechoso? Si es cierto, por qué lo quiere hacer. ¿Cuál es su insuficiencia personal que la hace predestinarse asumir algo más grande que representar a su universidad?

Ahí viene ella. El vaso vuelve con fuerza sobre la mesa, se sienta, sigue observándome. –Si quisieras ser guerrillero o químico nuclear ¿no crees que te apoyaría? No me importa, la motivación se encuentra en otros lados, no en personas que ves dos veces en una mesa de tragos—. Me gusta su lunar en el cachete, me gustan sus besos, sus rasgos asiáticos y la fuerza con la que desea imponer sus decisiones. Veré cómo salgo de ésta…quizás deba aceptar su apuesta.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus