• Mayo 7, 2009, 11:30 a.m.
Todo proceso de integración económica y monetaria en determinado momento deberá armonizar las políticas económicas y monetarias de los Estados miembros con el fin de implantar una moneda única.

Los equipos técnico-económicos de Venezuela, Cuba, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Dominica y Ecuador han preparado uno de los temas que sus Mandatarios abordaron en la Cumbre Presidencial del ALBA: la implementación del Sucre como moneda común.

El ALBA, como proyecto integracionista, pretende la colaboración a nivel político, social y económico entre sus miembros como contrapartida al ALCA impulsada por los Estados Unidos. El acuerdo que dio origen a la iniciativa anterior es el de la creación de una zona Monetaria Común entre los países miembros del ALBA y Ecuador, Zona que contará con una unidad de cuenta común, transacciones homologadas y fondos de compensación para finalmente adoptar el Sucre.

Es evidente que el reemplazo de monedas locales por una moneda “internacional” multiplica el comercio entre los países que la utilizan, facilita el acceso a los mercados financieros mundiales y favorece la integración de los Estados que la impulsan pero, es de advertir, que todas estas ventajas se logran en el caso de monedas internacionalmente aceptadas como el euro, el dólar o el yen.

Los procesos de integración, en todas sus etapas, tienen una característica muy marcada, su gradualidad, la cual hace referencia a mecanismos escalonados, paulatinos y crecientes: sin prisas pero sin pausas, con calma pero sin saltar o quemar etapas.

Las integraciones monetarias tienen condiciones y políticas básicas como son: la total e irreversible convertibilidad de las monedas entre sí; la plena integración de los sistemas financieros; y la libre movilidad de personas, bienes, servicios y capitales.

La creación de un banco central común, a cargo de quien estará la emisión de la moneda común así como el establecimiento de la política monetaria común, viene a ser la última etapa de la integración monetaria.

Tanto los países centroamericanos miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) como los Estados miembros del ALBA poseen monedas locales que no tienen circulación más allá de sus propios territorios, salvo El Salvador y Panamá que poseen sistemas dolarizados y, en casos de devaluaciones frente al dólar, los precios de los bienes suben “proporcionalmente” de tal manera que las devaluaciones conducen a las tan temidas inflaciones.

Por cuestiones como las expresadas es que considero que de emitirse el Sucre solamente podrá usarse entre los países miembros del ALBA pues su aceptación a nivel mundial sería el mismo que el de sus monedas existentes.

rene.alberto.langlois@gmail.com
El Salvador, Centroamérica.
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