• Abr. 22, 2009, 3:34 p.m.
La página web de EL NUEVO DIARIO se ha atiborrado de comentarios a favor de la nueva disposición del Ministerio de Educación, de sancionar el castigo físico y la humillación verbal de maestros hacia alumnos, en los centros escolares públicos. Sin embargo, estoy segura que la mayoría de los comentarios fueron hechos por personas que rondan los 40 años o pasan de esa edad.

El castigo físico y verbal fue prohibido a comienzos de los 80, confirmó Benito Acevedo, responsable de asuntos laborales de la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua, Anden. De modo que generalizar tal situación en el sistema educativo actual es hasta ofensivo para el gremio de los maestros, ya de por sí sufrido por el bajo salario y las pocas consideraciones que el gobierno y la sociedad tiene para con ellos.

Maestras “jayanas”
Esto lo digo porque he sido testigo de dicha realidad. Cuando estuve en los primeros años de enseñanza, en los años 70, fui víctima de algunas maestras a quienes sólo puedo recordar con calificativos como “mala”, “grosera”, “jayana” y más, porque no sólo incurrían en golpizas con la regla, un cinturón o cualquier otro tipo de “corrección”, sino porque pecaban de juezas desalmadas del comportamiento de los niños, así estuvieran enfermos, mal alimentados o simplemente porque acutaban como lo que eran, niños. No obstante, esa situación varió radicalmente a partir de 1980, año en que todo el sistema educativo se detuvo para que los jóvenes y los maestros fueran a alfabetizar.

Nunca más recuerdo que los maestros aplicaran técnicas coercitivas como las golpizas o las humillaciones públicas. Años después de graduarme le tocó el turno a mi hijo, de pasar por las aulas de preescolar, y tampoco fue víctima de ningún abuso. Es más, hasta admito que desarrollé una especial simpatía para las profesoras Socorro y Martha, quienes prepararon a mi hijo para su entrada a primaria. Las mismas maestras, en años recientes, han brindado el pan de la enseñanza a tres de mis sobrinos, y éstos tampoco han sido víctimas de abusos de parte de ellas, quienes al paso de los años más bien han adoptado mejores técnicas y mayor experiencia para atender a los pequeños escolares.

Por eso fui la primera persona sorprendida con el despliegue de la noticia de que el Ministerio de Educación había establecido sanciones para los maestros que cometan abusos verbales o actos violentos contra los estudiantes. En todo caso, las autoridades del Mined debieron anunciar que para los casos aislados de alumnos agredidos, porque de que los hay, los hay, se aplicarán sanciones tales o cuales. Luego surgen otras preguntas que la instancia deberá responder, porque tampoco se puede sancionar sin un reglamento y una autoridad que rija su adecuado cumplimiento.

“Estoy a favor de los maestros, nunca del maltrato”, le dije a una amiga que me comentó la medida de las sanciones como algo novedoso y adecuado, sin embargo, ella coincidió conmigo de que la época de los maltratos y humillaciones se quedó en los 70, cuando éramos niñas, como un amargo recuerdo de un sistema educativo que caducó hace 30 años.
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