• Abr. 23, 2009, 8 a.m.
Pitágoras dijo: "educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres", lo que resume, a mi juicio, la importancia de la educación en la etapa de la niñez y para la vida completa.

Partiendo de esa premisa, quiero disertar sobre comentarios de personas -sobre todo aquéllas que defienden la disciplina a base de maltrato- que reaccionaron asombradas por el acuerdo del MINED, en el que se prohíbe que los educadores abusen psicológica y físicamente de sus educandos, tanto en colegios públicos como privados.

Lo cierto es que el acuerdo en sí no constituye ninguna novedad. El Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA), aprobado en 1998, regula la protección integral que la familia, la sociedad, el Estado y las instituciones públicas y privadas deben brindar a las niñas, niños y adolescentes. El CNA norma nuestro deber de reconocer los derechos, libertades y garantías que como personas tienen estas niñas, niños y adolescentes, todo cimentado en el principio primordial del interés superior.

Sobre esta situación del maltrato de los profesores hacia el estudiantado, el artículo 85 del cuerpo legal citado es clave, por cuanto refiere: _“Las personas que por acción u omisión realicen maltrato, violencia o abuso físico, psíquico o sexual (a la niña, niño y/o el adolescente), estarán sujetos a las sanciones penales que la ley establece”. Esto pone en evidencia la obsoleta novedad del acuerdo ministerial en cuestión, pero cierto es, que no se puede ni debe restar mérito al mismo, ya que coloca de nuevo en la palestra pública la discusión sobre el tópico siempre olvidado del abuso, maltrato y agresiones en las escuelas de nuestro país; de paso, le recuerda al cuerpo docente del sistema educativo el deber de no violentar la integridad (física, moral, espiritual, psicológica y/o sexual) de sus alumnos, pasando por hacernos reflexionar sobre las metodologías más idóneas para enseñar “sin golpes que duelan ni palabras que hieran”, como rezaba una campaña años atrás en contra de este tipo de violencia.

Pues bien, retomando a Pitágoras, que nos dice que una buena educación en la infancia hará de los hombres y mujeres adultas, personas a quienes no será necesario castigar, o dicho de otra forma, seres humanos respetuosos de las leyes y los principios, es que quiero subrayar la importancia que la niñez nicaragüense –al menos de esta generación en adelante- crezca y sea educada sin agresiones de ninguna índole, pues a la postre, toda violencia sólo contribuye a la deformación de la sociedad, haciéndola más enfermiza, violenta, corruptible y anti ética.

Lo único que queda: educación sana
Si bien muchos detractores de los optimismos dirán que el medio que nos circunda es cada vez más corrosivo, que la velocidad con la cual se pierden los valores es mayor a la que tardan en cultivarse nuevamente los mismos, que los cambios van sucediendo tan a prisa que es imposible alcanzarlos y reorientarlos positivamente, que en la medida en que se van depreciando ciertas loables conductas, van aceptándose otras perjudiciales, en fin, muchos otros “que”, a ellos, quiero afirmarles que a posteriori, lo único que queda y salva son las bases de la educación “sana” que se recibe antes de entrar a ese difícil juego que nos pone a prueba todo el tiempo, que es la vida.

Está comprobado que si en nuestra infancia nos han enseñado violencia, practicaremos violencia. Si en nuestra adolescencia y juventud nos han enseñado a no reflexionar, seremos autómatas, si se nos ha enseñado a no participar, a discriminar, odiar, mentir, a no ser solidarios y a justificar lo injusto, al final, seremos parte y partícipes de una sociedad más decadente y perniciosa que la que actualmente tenemos.

Por ello, a quienes se incomodaron con esta medida reciclada del MINED, les digo que la educación sin violencia es posible, en la legislatura –primer paso- como ya vimos existe desde hace ya algunos años un marco regulatorio a estas violaciones, ahora resta sumársele la práctica, es decir, el cambio de costumbres, hábitos y valores.

Maestros (también madres y padres de familia), la educación con “ternura” no es una construcción de castillos en el aire, es tangible y realizable; y si aún fuese considerada una educación inasible, les recuerdo a Henry David Thoreau, parafraseándolo: el trabajo que se ha hecho (en pos de esa educación) no se pierde, ahora sólo resta colocar las bases debajo de estos castillos. Vamos por buen camino, por el camino de la enseñanza inteligente y afectiva.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus