• Abr. 28, 2009, 4:06 p.m.
--¿Es que hay un sueño nicaragüense? ---preguntó la joven, como si hablara de las orquídeas selenitas que florecen en los cuartos menguantes o de las flechas decepcionadas de los arcos huérfanos de iris.

--Aquí no hay sueño, lo que cada quien hace es librar su cubo ---me dijo algo contrariado un profesional.

Miles de compatriotas se fueron a los Estados Unidos obligados a sobrevivir, porque lo del sueño lo pasan por lo bajo. Otros, a Costa Rica. Sin embargo, la pregunta salta: ¿se nos acabó la virtud de soñar nicaragüense?

Un sueño releva a otro. Se soñó con la democracia. ¿Qué pasó con este gran sueño? Lo mismo: unos se mantuvieron más despierto que los otros y el saqueo del sueño prometido fue la agenda de los principales operadores políticos. La metáfora del sueño: el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua lo dejaron descarrilar. Era más fácil “destazarlo” en nombre de la libertad de empresa que agenciar su potencial nacional con países como Taiwan o Japón. O con España, ahora que comprobé el formidable sistema ferroviario de alta velocidad, en la ruta Madrid – Barcelona.

Metáfora de un sueño confiscado: el Estado “facilitador” y los negociantes voraces que no perdonaron ni a los durmientes.

Se esfumó la “reconciliación nacional”, el sueño “del granero de Centroamérica”, el sueño de una eficiente democracia, el sueño de la “Nueva Era”,  ¿y qué del Supremo Sueño de Bolívar?

Despertar realidades
El hermoso sueño nacional se redujo al sueño personal de los pocos a costa de imponer una pesadilla. Después de tantos sueños disipados, ¿vale la pena todavía soñar? ¿Es viable un sueño nicaragüense? ¿Quedarán algunos soñadores por ahí?

No es posible dormir sin sueños como tampoco despertar sin realidades. Rubén Darío escribió: si pequeña es la patria, uno grande la sueña.

Cuando se terminan los sueños, ¿qué le queda a un pueblo? Despertar sus realidades dormidas que de tanto vivir rodeado de ellas, las vemos insignificantes: el cono perfecto del Concepción, casi de pirámide azul, nacido de uno de los lagos potables más inmensos del mundo, es una encantadora realidad vista desde cualquier punto en la región suroriental.

Cárdenas es un bello municipio, algo así como una perla despreciada por la lejanía y disfrutada en Semana Santa por la cercanía tica. Recuerdo --- a inicios del 2007--- a la población fronteriza de Colón que de milagros se declaraba nicaragüense. Los que siembran su mancha de frijoles colocan mejor su producto en Costa Rica que en Rivas.

Veo el desperdiciado mirador internacional del volcán Cosigüina, su laguna que desde el fondo nos mira con su hermoso ojo de la paz que le quedó tras la apocalíptica hecatombe del 20 de enero de 1835. Desde el solitario cráter, uno contempla El Salvador, Honduras y las difuminadas siluetas celestes de la cadena volcánica nicaragüense. ¡Cuánta energía geotérmica dormida en la depresión del Pacífico!

Squier
Parcelas inmensas, tierra primitiva y despalada que aprecio desde casi los 870 metros de altura del antiguo coloso. Ranchitas desprovistas de luz y futuro a la orilla del golfo de Fonseca. Ah, si Efraín Squier volviera a pasar por aquí, en este siglo XXI, se sorprendería de lo igual de dormido que sigue todo, desde su paso en 1849.

El sueño nicaragüense podría ser que los gobiernos respalden a los hermanos de la Costa a desarrollar el Caribe desde Cabo Gracias a Dios hasta Punta de Castilla, para que no volvamos a ver las indocumentadas huellas del exilio económico. Un sueño formidable sería echarles ganas a Sapoá y Cárdenas, y por supuesto al espléndido balcón trinacional del Cosigüina.

El sueño puede ser una Corte con los magistrados indispensables, un Parlamento con al menos 35 legisladores ---sueños menos, sueños más---; una Contraloría propuesta por el Colegio de Contadores Público y no por clientelismo; un Instituto Electoral que nos haga sentir que el actual y el presidido por Rosa Marina Zelaya sólo son vestigios arqueológicos de la Edad de Piedra  que nos tocó.  

La necesidad de una clase empresarial que piense y sueñe en nicaragüense; la urgencia de un liderazgo político sin capacidades morales diferentes a lo que nos enseñan los olvidados valores que produjeron los Andrés Castro y los Carlos Fonseca, los Augusto C. Sandino y los Julio Buitrago.

Soñar que podemos, que no se trata de que “siempre hemos sido así”, “que esta gente no se compone”, que sólo los ticos lo pueden, ¡ah paisito éste!, que “este país tal por cual”, o “sólo en este país pasa…”.  No se trata de decir, como en un momento de desaliento lo declaró el propio General Sandino: “Maldito País”.

Soñar es una palabra que se parece a Señor. Dios nos entregó una nación más grande que ésta. Y su Historia se ha degradado a las biografías de unos cuantos. Pero no somos hacienda del Siglo XIX a pesar de tantos hacendados parroquiales disfrazados de presidentes.

"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra."

2 Crónicas 7:14

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