• Mayo 8, 2009, 8:12 a.m.
Confieso ser una de las admiradoras del padre Alberto. No más de una vez detuve el control remoto de mi TV para ver lo agraciado y bonito que hablaba. Escuchaba el mensaje y de paso refrescaba la vista, pues hay que reconocer lo atractivo que es.

Sin embargo, después del escándalo de sus fotografías, me detuve a pensar que es mejor que los sacerdotes se casen. Eso evitaría los hijos de Lugo, cuando aún era sacerdote en Paraguay, las miradas pícaras con las feligreses, e incluso los amoríos famosos que hemos escuchado en nuestras parroquias.

Además, el celibato no es una Ley bíblica, incluso, en la introducción de la encíclica de 1967, el Papa Paulo VI admitió que “el Nuevo Testamento, donde se preserva la enseñanza de Cristo y los Apóstoles [...] no exige que los ministros sagrados sean célibes”.

Deberán ser responsables
Pero en algo concuerdo con el Papa Benedicto XVI, y es que el celibato permite al ministro sagrado «unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres», como aparece en el Código de Derecho Canónico.

El Papa reflexiona que un hombre no puede entregarse de manera tan plena e indivisa a las cosas de Dios y al servicio de los demás hombres, si tiene al mismo tiempo una familia por la cual preocuparse y de la cual ser responsable.

Tiene mucha razón, pero podemos debatir al respecto. Para mí es mejor que se casen, en vez de andar dejando hijos regados. O peor aún, abusando de menores, pues de todo hemos visto en la viña del Señor.

Por ejemplo los pastores evangélicos, ellos se casan y tienen familia. Lo malo es que su congregación los tiene que mantener con el famoso diezmo, pero eso sería otro tema espinoso que tocar…

Creo que es momento que la Iglesia de paso a los nuevos cambios. Que el celibato sea opcional, de modo que quien desee adorar a Dios de esa manera, se le respete.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus