• Mayo 12, 2009, 2:22 p.m.
Hace poco, el ex presidente de Cuba, comandante Fidel Castro, reconoció el inmenso papel desempeñado por Jimmy Carter cuando estuvo al frente de la Casa Blanca entre 1976 y 1981. Aunque para ciertos norteamericanos su presidencia no fue la mejor, para los latinoamericanos fue útil e inteligente su estancia en la 1600 Pennsylvania Avenue, NW, en ese entonces. Por primera vez, un líder de Washington miró al subcontinente y resolvió muchos de los problemas que otros no lograron ni siquiera atisbar.

Con Carter y la posición nacionalista y ponderada del General Omar Torrijos, Panamá fue completa, por primera vez en el Siglo XX. Gracias a la política de Derechos Humanos promovidos por el sonriente ex manicero de Georgia, Nicaragua apareció por primera vez en el mapa del mundo que debía cambiarse con urgencia. Es probable que no haya otro presidente de Estados Unidos, hasta ahora, que Latinoamérica le deba algo tan básico como es tratar a las naciones como tales, y no como simples haciendas en manos de capataces adiestrados en la “Yunai”.

Por eso, en lo que atañe a Cuba, el Comandante en Jefe en su reflexión, destaca la labor de Carter. Expresa, incluso, que fue el único Presidente que “tuvo el honor” de conocer. No es una concesión al “imperialismo”, o porque la CIA por fin doblegó al líder cubano a leer de otra manera la historia. Es sólo el reconocimiento a quien en verdad merece elogios. “Lo conocí, o más bien lo adiviné como un hombre de ética religiosa, a partir de una larga entrevista en la que le plantearon difíciles temas, que abordó con sinceridad y modestia”, dijo el comandante Castro. “Como Presidente de Estados Unidos, acordó con Cuba la creación de una Oficina de Intereses en La Habana y otra en Washington”.   

Para el tiempo en que aquel bautista llegó a la cúspide con una sencilla frase al electorado “Soy Jimmy Carter y quiero ser Presidente de los Estados Unidos”,  Cuba había ayudado a las luchas independentistas de algunas colonias africanas. Al respecto, el ex presidente caribeño confió: “Nuestra solidaridad… no podrían ser objeto de negociaciones con el gobierno de Estados Unidos. Ni nos marcharíamos de Angola, ni suspenderíamos la ayuda ya comprometida con los países de África. Carter nunca llegó a solicitarlo…”.

Contrario a la aprobación melancólica con la que el comandante Castro mira el desempeño de Carter, hay todavía un amargo recuerdo de la extinta URSS, cuando el Kremlin negoció con Washington a espaldas de él y la Revolución, en medio de la crisis de los misiles, en octubre de 1961. Después contrasta, como juicio fulminante de la historia que lo absuelve por apoyar las causas de otros pueblos sin esperar utilidades: “No buscamos ventajas unilaterales. Los revolucionarios que así actúan no sobreviven a sus errores”.

El Frente Sandinista no debe "buscar ventajas unilaterales"
Por lo dicho en palabras del mismo Comandante en Jefe de la Revolución, entendemos que los revolucionarios nunca buscan “ventajas unilaterales”. En atención a estas reflexiones, podemos retomar lo positivo de estas consideraciones: que el Frente Sandinista no debe “buscar ventajas unilaterales” en Nicaragua.
  
Tampoco podemos quedarnos como la mujer de Lot, petrificados con las elecciones de noviembre del 2008. Es tiempo de ver hacia adelante. La oposición debe superar el trauma electoral, aceptar los resultados y echar pa`lante. En vez de preguntar “¿dónde está mi voto?”, mejor cuestionar: ¿mis votos sólo valen los segundos que empleé introducirlos en la urna o me lo defraudan los mil 825 días que dura un periodo de gobierno?
   
El director de EL NUEVO DIARIO, Francisco Chamorro, escribió en marzo: “El gobierno debería acceder a realizar una profunda reforma a la Ley Electoral que incluya la destitución de los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral y convertir a ese poder del Estado en una institución más técnica que política, para garantizar unas elecciones transparentes en 2011”.

Una institución fuerte que arbitre las contiendas electorales es indispensable. También es necesario que los organismos de observación técnica electoral de prestigio como el Ipade, dirigido por Mauricio Zúniga y Ética y Transparencia, por Roberto Courtney certifiquen los comicios. Y por supuesto, el Centro Carter, creado por el mismo hombre de quien Fidel escribió: “Es un hombre de ética religiosa, austero y que no dejó endeudado a las generaciones posteriores a su mandato”.

Además, y por si fuera poco, el Comandante vaticinó y acertó: “era el único Presidente de los Estados Unidos con quien se podía alcanzar un acuerdo honorable”. Con estas cartas credenciales, el Centro Carter tiene también un papel relevante que hacer en Nicaragua en las próximas elecciones. No es un organismo “del imperialismo”. Fidel ya lo dijo. Mucho menos que lo sean los eficientes EyT e Ipade.
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