• Mayo 18, 2009, 4:51 p.m.
La posibilidad de un diálogo nacional resulta un gancho muy pequeño para intentar colgar: la justicia porno, el fraude, la corrupción y las terribles consecuencias socio-económicas del nuevo desastre orteguista. Es cierto que la sociedad sólo puede dar saltos hacia adelante por consenso, pero en democracia los partidos políticos pactan para impulsar el desarrollo nacional, no para repartirse el país como botín entre cúpulas políticas que con su afán de lucro intentan condenarnos al atraso perpetuo.

Cuando ésto último ocurre, como permitimos que ocurra en Nicaragua, saltamos pero hacia atrás, nos convertimos en el segundo país más pobre del continente, a pesar de poseer enormes riquezas naturales y probablemente haber recibido más ayuda que ninguno. Dejamos que se institucionalice la corrupción, la impunidad y el lucro personal. Presenciamos cómo amasan sus mal habidas fortunas los caudillos y sus capos. El enfrentamiento político entre Ortega y Alemán es una mentira a la que el pacto y esta justicia pornográfica se han encargado de quitarle el maquillaje que la hacía creíble, ¿Continuarán sus bases creyéndola y consumiéndose en una lucha ideológica inútil y ficticia?

Miles de incautos creen que los caudillos luchan por sus intereses, pero como bien lo definió, Humberto Ortega, “la política es como el beísbol, no todo el mundo se puede sentar en palco”. Desde las graderías, sin aire acondicionado, sin agua importada, ni futuro, los miles de crédulos aplauden y cabecean afirmativamente las arengas. A estos asoleados creyentes logran infundirles un estado mental parecido al de los fanáticos de la lucha libre, no se percatan que todo es mentira, que el cuadrilátero donde las cúpulas políticas se enfrentan es solamente una fachada.

Los Ortega-Murillo, mentirosos exitosos
Tras bambalinas lo único que hay es el conteo del dinero, el reparto de puestos, el tráfico de influencias, los negocios, la venta de sentencias (que libera e indemniza criminales), la corruptela generalizada que tiene postrado al país, y a la mayoría de su población. Los Ortega-Murillo han tenido más éxito que cualquiera en engañar a sus bases. Conocen las artimañas de la demagogia y la manipulación, usan un populismo que por su bajeza supera al practicado por el somocismo en su peor época. Mercantilizan la comida y el trabajo, rebajan la dignidad del pueblo que lo que necesita es educación para prosperar, no denigrarse para sobrevivir en la miseria con limosnas proselitistas.

La única virtud política de Daniel Ortega es predecir el pasado, el módelo cubano es su promesa de sociedad. Un país quebrado con más de medio siglo de atraso, que sobrevive “dignamente” gracias al petróleo venelozano. Cuba puede exportar médicos y maestros, pero no admite oposición, ni propiedad privada. Los pivilegios pertenecen a los jefes del partido, que fusilan, encarcelan o expulsan a los que no comparten su ortodoxia. El estado es dueño de casi de todo, banca, comercio, hacienda, servicios, transporte, televisión, radio, prensa, internet, teléfonía, las conversaciones entre vecinos, el canto matinal de los gallos y el aullido de los perros.

Un país de automátas dependientes del estado, millones han nacido y crecido bajo la doctrina oficial sin acceso a otra verdad que no sea la de los Castro y su régimen de hierro. Una opresión brutal, peor que cualquier bloqueo, rechazada ya en el 2003 por figuras como Eduardo Galeano y José Saramago pero que nunca canta Silvio Rodríguez ni escribe García Márquez. La imagen de Fidel luchando contra el imperio, venerada mundialmente por varias generaciones que al inicio soñaron con cambiar las cosas, hoy sólo perdura en la nostalgia fanática. En la realidad yace destartalada, igual que las ciudades o la paupérrima flota de Fords y Chevrolets de los años 50 que porfiadamente todavía circulan en la isla. ¿Ese es el “paraíso” que nos aguarda?

Merecen castigo
Recuerdo una carta pública de Humberto Ortega donde adulaba sin pudor a Fidel, y entre otras lisonjas lacrimógenas le agradecía todas sus enseñanzas. Claro no es facil destruír un país y convertirse en millonario al mismo tiempo, pero Ortega al igual que todos los aduladores del tirano, no son tontos, sólo van de vacaciones a la isla y nunca ponen su dinero donde “solidariamente” sólo ponen sus palabras. Invierten su plata y disfrutan de la libertad y las comodidades en las sociedades capitalistas neoliberales que suelen condenar.

La cuota de dolor y sacrificio que Nicaragua ha pagado en sus guerras para conquistar su libertad no tiene precio, ni creo que debería tener aun colores políticos. La preciosa sangre de Sandino, de Pedro Joaquín Chamorro, de Carlos Fonseca y de miles de muertos es la misma sangre de hermanos que ha cimentado la libertad de nuestra patria. De esa libertad se han aprovechado estos políticos corruptos para conjurar nuestro fracaso como nación. Son una deshonra al trabajo cotidiano de millones de nicaragüenses que con dignidad, dentro y fuera del país sostienen la economía nacional. El pueblo desde sus organizaciones civiles debe oponerse a esta infamia, proteger con todas sus fuerzas las elecciones, escoger verdaderos gobernantes y castigar a éstos criminales.
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