• Mayo 20, 2009, 3:16 p.m.
Hace treinta años Nicaragua sufrió un cambio emblemático en su cultura, la revolución ocurrida en 1979, no solamente trasformó el poder político de la época, sino más bien, transformó los ideales, pensamientos y cultura de una nación arraigada en el poder y centrada en personajes. Así como la famosa creación de Fabio Gadea Matilla, Pancho Madrigal, muchos personajes se han desarrollado a lo largo de la historia, personajes que son identificables en nuestra cultura, así como la humilde señora que vende tortillas en la esquina del barrio es popular por sus creaciones de maíz, de igual forma lo es, el alto rango político.

Daniel Ortega, es uno de los personajes-quiérase o no- más representativos del país a nivel internacional, convertido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, en un símbolo de la mágica revolución ocurrida en Nicaragua. Ortega cargó en ese entonces con todas las esperanzas, anhelos y sueños de un país mejor, una nación cansada de una lucha armada que dejó a miles de madres sin hijos, esposas sin maridos y niños sin padres, cada uno tenía en sus mentes el “porvenir”, aquel “todo será mejor” pintado en los enormes letreros con la imagen de aquel simbólico personaje de la revolución.

El país agitado, las AK-S todavía cargadas de municiones y los jubilosos gritos que provocaba aquella hazaña alcanzada por un pueblo de América Central. Con el tiempo aquella algarabía comenzaba a convertirse en tristeza, en desesperación, en escasez de ideas por falta de comida, los discursos no llenaban bocas, ni las concentraciones completaban la sed de prosperar. Fueron 10 años, una década perdida, para otros muy aprovechada, pero para la mayoría fue la década más triste de sus vidas. Muchos queriendo ser héroes se convirtieron en enemigos, y otros héroes por naturaleza, cometieron el pecado de callar.

Errores convertidos en costumbres
La década estaba llena de valientes, de hombres fuertes, de mentes ágiles, pero el partido gobernante cayó en la desgracia, concentrando el poder en unos cuantos y obviando a los necesitados. El comunismo se convirtió en capitalismo y el papá aportó su frase. Década de sueños e ideales, convirtieron a un movimiento social en una religión para luego forzar a todo el pueblo a rezar el mismo credo. El mundo estaba agitado y hasta la santísima virgen se fijó en Nicaragua. Se cometieron tantos errores, que hoy se hicieron costumbres. Nicaragua entró al círculo vicioso que recorre la izquierda y la derecha. Miles de familias separadas por guerra, por hambre, por codicias, una década muy significativa en la historia de la tierra del güegüence.

Ahora, 30 años después de la gran acción de miles de nicaragüenses, el gobierno es el mismo en todos los sentidos, algunas de las necesidades se han superado en 16 años llamados neoliberales, que corruptos o no, capitalistas o explotadores, aportaron su grano de arena al desarrollo del pueblo, pueblo que ahora dice ser presidente.Los mismos rótulos pintan el país con las mismas esperanzas, los mismos discursos reaniman las almas y los mismos errores perturban nuestras mentes.

Celebremos como nicaragüenses, como revolucionarios de corazón, como luchadores y trabajadores por naturaleza, este simbólico 30 aniversario, pero no celebremos a los que arruinaron el sueño de Augusto C. Sandino, a los que hoy utilizan su imagen hasta para brindar. Luchamos y lucharemos por la libertad, de mente y espíritu. ¡Viva Nicaragua¡
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