• Dic. 11, 2007, 1:59 p.m.

Hay que leer entre líneas la actitud del Magistrado Sandinista de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Rafael Solís. El Sr. Solís, “Payo”, como mejor se le conoce, perdió los estribos en la reunión con miembros de la Asamblea Nacional.
¿Qué no se daban cuenta –argumentó- que los CPC iban a ser instalados pasara lo que pasara, aún si esto implicaba militarizar el país y echar preso a quien fuera?
Payo es un hombre práctico. El no se enreda. Sabe perfectamente el grado de terquedad del que es capaz Daniel Ortega. Sabe que al Comandante poco le importa pasar por encima de cualquier cosa cuando se trata de hacer lo que le parece, sobre todo si de lo que se trata es de apuntalar la autoridad de alguien de su círculo inmediato. En este caso, nada más y nada menos que su esposa.  Y Payo, a su manera, les estaba advirtiendo a los diputados que mejor no se metieran en problemas, que esta batalla no la iban a ganar porque el otro no iba ceder. El Presidente instalaría –como lo hizo- los CPC, aunque tuviera que violar todas las reglas.

Lo lamentable, por supuesto, no es sólo tener un Presidente para quien la institucionalidad es prescindible, si no tener como Magistrados a personas como el Sr. Solís que no han encontrado mejor uso para su inteligencia que manipular las leyes para adaptarlas a los caprichos de su jefe.

Payo ha demostrado ser un “hombre de partido”, un leal a toda prueba de Daniel Ortega. Siendo sagaz y buen abogado, él utiliza su posición en la Corte Suprema para darle visos de legalidad a las ilegalidades que le mandan ejecutar. En vez de cumplir su función de Magistrado y encargarse de que la justicia progrese y se institucionalice en nuestro país, se encarga del triste papel de ser un cínico facilitador de los argumentos legales torcidos con los que este gobierno justifica sus caprichos.

Triste papel para un hombre inteligente.

Como dijo el escritor Eduardo Galeano una vez, “hay que ver cómo personas que antes se jugaron la vida, hoy no se atreven a jugarse el puesto”

Yo recuerdo a Payo en el exilio en Costa Rica. Y lo recuerdo en el Frente Interno en Managua. Era un compañero dedicado y valiente, pero siempre tuvo ese rasgo
-un rasgo que por supuesto lo puso donde está- de ser obediente, de hacer lo que le decían no importaba cuál fuera su propio criterio. Si en una situación militar esto puede haber sido un requisito, en estos tiempos esa cualidad tendría que haberlo eliminado como candidato a la Corte Suprema, ya no digamos como miembro de ésta.
A la justicia se le representa con una venda en los ojos precisamente porque quienes la imparten deben velar por su cumplimiento y no mirar ni las pasiones políticas, ni los intereses de quienes desean doblarle la mano. Deben ser personas probas, y ejercer sus cargos como independientes, cualquiera sea el partido de donde provienen. Pero esto no es así para nuestra Corte Suprema, cuyos miembros obedecen lineamientos partidarios.  Aunque esto es de todos sabido, ver la evidencia y ver cómo personas como Payo se prestan a ese tipo de manipulaciones, causa no sólo alarma, sino vergüenza ajena.

¿No fue él acaso quien justificó el nombramiento de Rosario Murillo, señalado por nuestra Constitución como ilegal por tratarse de la esposa de Ortega, diciendo que no había parentesco entre ellos? ¿Y ahora que el Presidente la nombra coordinadora del Conpes para elevar a sus CPC, también argumentará lo mismo?

Otras mujeres, cuyos maridos han sido Presidentes, incluso Cristina Kirchner, recién inaugurada como mandataria en la Argentina, compitieron en elecciones por el grado de poder que hoy ostentan. Hillary Clinton ha sido senadora y la Kirchner también. O sea que el caso de Rosario Murillo es diferente. Ostenta el poder únicamente por designio de su marido. Ningún nicaragüense la eligió, ni jamás la ha elegido para ningún cargo político. Está en el poder contraviniendo el mandato de nuestra Constitución. Pero su marido, por defender ese aparato que ella creó y está manejando, está dispuesto a incendiar el país.

Esto es lo que Payo Solís les quería advertir a los diputados. Obviamente él está dispuesto a brindarle a Ortega los argumentos para mandar a prisión a quien sea necesario y seguro hasta para militarizar el país. Todo hará para que se cumpla la arbitraria y personal voluntad de su jefe.


Así es que se crean las dictaduras. Con buenos cómplices.

Dic 11, 2007

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