• Mayo 29, 2009, 10:34 a.m.
“Vamos a hacer un país…como tú y yo lo soñamos, no vamos a permitir que ahora nos corten las manos, vamos a hacer un país sin puertas y sin ventanas, no vamos a permitir que ahora nos corten las alas…”, todavía resuenan en nuestros oídos esta dulce y profunda melodía sobre la libertad, el amor, la esperanza y el sueño eterno de un futuro mejor, aquellas banderas que empuñaron miles de nicaragüenses e internacionalistas comprometidos con el futuro de un país miserable y reprimido por la corrupción, la miseria, la intolerancia, la violencia oficial y la dictadura política.

Las banderas que fueron ondeadas con un fervor revolucionario y encabezado por un movimiento social sin distingos de ideologías y por los muchachos peludos, soñadores y honrados que con una inmensa sonrisa por haber logrado romper las cadenas de la ignominia besaban a las alegres muchachas que con flores, comidas y bebidas populares los llegaban a recibir como los verdaderos héroes, aquellos muchachos humildes y mal vestidos pero con un corazón armado hasta los dientes que los impulsaba a entregar su propia vida por aquellos que no podían gritar de tanta represión emanada por las propias instituciones del Estado.

Todos soñamos con un país lleno de colores que fomentaran la alegría, la cultura, con una tierra llena de virtudes y un sol radiante que como la canción de los pioneros cantábamos a todo pulmón… “un cielo azul y un redondel, es el dibujo de un niño” porque nos hablaban de que los niños nacen para ser felices, porque escuchábamos en la radio aquel discurso de aquel líder que todavía era revolucionario y que nos paraba los pelos cuando le orientaba a los centinelas del pueblo: “No se arrodillen jamás si no es ante la bandera de la patria, manténganse erguidos ante los poderosos de la tierra”, y así fue, nos mantuvimos erguidos para defender ese sueño por el que muchos lloramos de tristeza al perder a nuestros seres queridos, por el llanto incontrolable cuando recordábamos a los caídos y nuestras lágrimas brotaban con orgullo en los actos populares para desvelizar una placa en el lugar donde nuestros hermanos derramaron su sangre, que como Cristo se inmolaron por nuestra felicidad y hacer realidad el renacimiento de un país bendecido por la transparencia y la felicidad ciudadana.

La libertad era la bandera más grande que ondeaba en nuestros corazones, la luna de miel era permanente ya que creíamos en los muchachos guerrilleros como ejemplos de honestidad e incorrupción una vez que la revolución les encomendó las tareas de administrar los recursos del pueblo, aunque quedó casi nada después del robo del dictador y sus allegados todos sin excepción juraron ante la memoria de los héroes que no serían igual que los enemigos de la clase popular, existía una corriente normativa de honestidad que en agosto de 1979 la Junta de Gobierno de Reconstrucción nacional emitió un decreto acerca del destino de las mansiones de lujo que habían sido confiscadas a través del decreto 3. Esta referencia normativa establecía de manera explícita que todas esas propiedades deberían pasar a las organizaciones de masas, al ejército y a cualquier organismo social, con ello se pretendía que absolutamente ninguna propiedad pasara a manos privadas y mucho menos a los dirigentes de la revolución, aquellos muchachos que entraron a la plaza de la revolución graduados de guerrilleros, de libertadores y de hombres honrados por bendición de la sangre de sus compañeros que por la corrupción de Somoza los habían impulsado a dejar todo por sus sueños de libertad.

Todos coreábamos que íbamos a hacer un país como tú y yo lo soñamos, no íbamos a permitir que nadie nos cortara las alas de la libertad de opinar diferente, un país sin puertas y sin ventanas para que llagaran ciudadanos de todo el mundo a un país que servía como ejemplo de la honestidad y la libertad ciudadana, vivíamos un sueño que casi lo llevamos a la realidad, arañamos con nuestras manos ese ideal que miles de ojos no lograron ver, crecimos en una década que nos hizo madurar a punta de olor a pólvora y firmeza de fusil, defendimos un sueño para que nuestros jóvenes dejaran de ser perseguidos por sus ideales, porque nadie agarrara una faja y mancillara cobardemente a los adolescentes que vestían diferente a los verdugos y que expresaran sus inconformidades frente a los gobernantes, ese país a que aspirábamos y queríamos hacer implicaba funcionarios honestos, diputados que representaran verdaderamente intereses del pueblo, elecciones libres y transparentes, justicia imparcial con una estructura de jueces probos, trabajo para todos sin necesidad de presentar una carta partidaria o humillarse como el más miserable servil para obtener una plaza en una institución del Estado, ése era el país que soñábamos todos sin excepción.

Ese llamado, treinta años después se mantiene vivo, esa canción hay que sacarla de los archivos y lustrarla para ponerla a todo volumen y cantarla como una forma de protesta por todos los sueños rotos por aquellos que una vez empuñaron las banderas de la honestidad y la transparencia, pero que con los años y las tentaciones humanas esas astas se convirtieron en hierros candentes que sus manos corruptas no pudieron soportar y ahora la sangre de los héroes le salpicaron sus hipócritas camisas blancas de cuellos chinos al estilo del sanguinario Mao y su revolución cultural que están queriendo aplicar a todos aquellos que los desafiamos porque seguimos siendo inteligentes, dignos y pensantes, que seguimos soñando con un país que nadie nos corte las manos y no cedemos ante sus chantajes, que no doblegaremos nuestra mano manteniendo firme nuestra pluma para escribir y manifestar lo que siente el pueblo oprimido por la nueva dictadura familiar donde humillan públicamente a los supuestos ministros del poder ciudadano y que raras excepciones renuncia por su propia dignidad de seres humanos y excelentes profesionales.

El llamado es entonces para todos los soñadores, para los honestos, para los incorruptibles, vamos a hacer un país como todos lo soñamos, dejemos por fuera a los políticos corruptos, deportemos a los verdugos y serviles de los dictadores, a los represores que como hijos de los esbirros siguen golpeando a sus propios hermanos, vamos a hacer un país y construyámoslo si es posible desde la clandestinidad, desde las catacumbas de Rugama, desde los ojos azules de Fonseca, desde las chispas de los ojos claros de Eduardo Contreras, unámonos y hagamos un país limpio sobre la base de los pies de Jorge Navarro sembrados en bocaycito, preparemos las bombas de pensamientos que ahora estarán llenas de ideas de libertad y dignidad popular.

Vamos a hacer un país como tú y yo lo seguimos soñando, un sueño en donde desterremos tanta vergüenza, un país donde refundemos el estado nicaragüense, de donde de una vez salgamos de la prehistoria institucional que por mucho que evoluciona en algunos sectores llegan al feudalismo partidario, es momento que renovemos nuestros sueños, todos estamos invitados, vamos a hacer un país y hagamos volar a la palomita de la libertad, ahora está en nuestras tibias manos, no dejemos que mueran los sueños de los caídos, ¡a volar palomita!
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus