• Dic. 20, 2007, 10:47 a.m.

A Eunice Shade, Vilma Meléndez, Jazmina Caballero, Maux Miranda y Arlen Cordero; mis amigas brujas.

Siti Ongala fue asesinada el 23 de julio afuera de su vivienda en una comarca rural al norte de Arusha en Tanzania. Fue lacerada por un grupo de radicales musulmanes que la acusaron de profanar la sharia justificando que practicaba brujería.

Era la huérfana mayor entre sus tres hermanos y ejercía el rol de madre desde que aquélla falleció víctima de SIDA. Era una masai alta, delgada y atlética y a sus 23 años, se había transformado –con el sueño de ser periodista—en una activista de derechos reproductivos y sexuales.

Trabajaba divulgando el mensaje sobre las causas de esa epidemia que día a día arrasaba con vidas en esa zona: ella también era portada.

Mili la conoció el año pasado en un congreso sobre el Sida en Toronto, y desde entonces mantuvieron una constante amistad: se mandaban fotos, intercambiaban estadísticas, se compartían anhelos y se amaban por correo electrónico.

Por eso, cuando Mili llegó esa noche a la mesa 11 del bar Los Pueblos frente a la UCA a reunirse con nosotras, estaba destrozada. Nos contó lo sucedido y toda ella se desboronó en un implacable llanto que repentinamente nos contagió a todas.

A través de Mili, nosotras también sentimos la partida y el desdichado destino de la trágica y corta, pero intensa historia de Siti Ongala, la mujer lacerada por ser bruja.

Desde entonces nos hemos seguido reuniendo en la mesa 11 de ese bar capitalino, y nos hemos vuelto un compacto grupo de mujeres que detestamos el androcentrismo y el monoteísmo, no por ser de hombres, sino por ser impráctico.

Argumentamos la partida de Siti para ver en ella, a un mártir: una causa para cohesionarnos al rededor de una idea. Hoy somos un grupo de mujeres de universidad pública que nos hicimos llamar el “Colectivo de Ongala”. Todas los jueves nos reunimos, a partir de la 6 de la tarde en esa mesa 11, para hablar sobre ellos: sus vicios, sus miedos, sus caprichos, y sus desaciertos sobre el rumbo que le han dado a la Historia en los últimos 25 siglos.

Somos la secta número 21,885,259 según el cálculo que nos dicta la intuición femenina. Somos cualquier secta, reducida, hermética y sin pretensión de fijar nuestra visión, misión y algún valor que limite nuestra renovación.

Amamos la cerveza, el cigarrillo, el llanto y la catarsis que nos provoca poner en roconola los hits de Madona; nos burlamos del feminismo bifurcado de Rosario y los sismos que desencadena su acontecer político; nos desenfrenamos con responsabilidad pero con mutua protección; intentamos ser hembras, pero con desconfianza como dogma.

Este mes de diciembre, nos hemos divertido bastante. Hemos hecho foros de un sin número de temas nacionales, con tópicos que van desde lo más serio hasta los más burdo y corroído. Entre éstos, por ejemplo, hemos llegado a la conclusión que somos una nación agredida por los traumas de dos caudillos: el gordo y el flaco.

Uno, acorralado entre los traumas de la muerte de su esposa, su hijo y sus hermanos. El otro, con siete años de cárcel, hipócritamente para él, la homosexualidad fue sólo un medio y nunca un fin en sí mismo: el poder nace en él desde la autoafirmación de sus más innobles instintos. ¡Qué bárbaro! Uno lo perdió todo; el otro, va en busca del tiempo perdido con un discurso parchado entre los niños.

Pero como dije, no todo fue serio, también hicimos foros de otro tipo. Hicimos votaciones para ver quien era el diputado más sexy: quedó Victor Hugo Tinoco. El político más cínico: por unanimidad se las llevó Payo Solís. El más astuto: por supuesto, Rosario; el más confundido: Gerardo Miranda. El más rencoroso: Enrique Quiñónez, el más gallo-gallina: Jamitet Bonilla y Wilfredo Navarro; el más rata: Edwin Castro; el menos comprensible: Guálmaro Gutiérrez; el político del año: Javier Vallejo, y para el funcionario más competente, la nominación quedó vacante.

Todo tipo de concurso, foros y debates hemos realizado este diciembre en la mesa 11 de Los Pueblos frente a la UCA, pero lo que más nos ha dado que hablar --después de Rosario-- ha sido elegir a la mujer físicamente más hermosa de la nación.

La lista ha sido inmensa ¡Otra barbaridad! La mujer nicaragüense, a diferencia de los hombres, es multi-dimensionalmente hermosa. Casi predestinada a ser muestra de eclecticismo.

Entre 50 mujeres, seleccionamos a siete. Entre éstas, valoramos los camanances y las esculturales pantorrillas de Cristiana Frixione, el carisma de Xiomara Blandino y alguien por ahí propuso la belleza que despedía el cabello corto de Claudia Salmerón. También resaltó la frescura y elegancia de Shanon Amador, el cetrino color de Gladys Sandino y los drenajes del cuerpo de Jennifer Cuadra.

Sin embargo, después de la selección de los políticos nada se nos hizo tan evidente como el erotismo que encontramos en una de ellas, entonces sí, descubrimos que la mujer más hermosa de la nación, por unanimidad, era Luisa Ortega.

Luisa Ortega arrasaba con todo: su presencia sublime de 188 cm; con su despampánate combinación dérmica, mestizaje de vudú, celta y misquito; y esa perversa belleza inmersa entre su rostro, que altera sus pubertos labios y seduce con su metálica y arista mirada.

Mili, Pili, Pati y Emila amamos a Luisa Ortega. Dormimos con sus fotos, sus pósteres y calendarios. Luisa la pinolera Ron Plata 2006; Luisa, la Top Model, Luisa, la chica Harley Davidson. Luisa la que arrasa con todo.

Feliz Navidad, Luisa Ortega, el Colectivo Ongala te saluda, y por este blog te invitamos informalmente a que asistas una tarde a la mesa 11 de Los Pueblos frente a la UCA.

Conoce a Santa Luisa:

Con el corazón en el Caribe
Fotos de Luisa Ortega


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