• Jun. 23, 2009, 5:03 p.m.
Qué triste, abrumador y agotador resulta ver y escuchar todos los días, a través de la radio, la televisión y en las vallas publicitarias, cómo se ignora un fenómeno gramatical tan rico como característico del español de Nicaragua: el voseo, a favor de un tuteo, por demás forastero y no perteneciente a nuestra región idiomática, y del que se cree, quien lo usa, posee mayor estatus (¿?). No existe peor disparate. Por desgracia está sucediendo a diario.  

¿Han escuchado por la radio frases como: “Saludos para ti”, “Ya tú sabes”, “Dime”? ¿O visto en publicidad expresiones como: “Destápate”, Simplifícate”, “Anúnciate”? Seguir escribiéndolas sería botar letras, o borrarlas del teclado. Nada más alejado de la realidad oral y escrita del nicaragüense, que sabrosamente diría: “Saludos para vos”. Así con esa dicción rápida y espontánea. Para entender esto del voseo, que es un patrimonio nuestro compartido con casi todos los países hispanohablantes, pero que se estira a sus anchas y cubre con su vigor este triángulo volcánico y acuático, así como la Argentina y el Uruguay, debemos adentrarnos en un vaporoso trecho de tiempo, los últimos instantes del siglo XV y el tierno siglo XVI. Los años del encuentro de dos razas y la conquista de la más ingenua por los hombres barbudos con cuerpos de lata.         

Sobre el español en estas tierras hay mucho que decir y escribir, pero lo claro es que sin perder su afinidad primordial con el peninsular, ha cincelado, en los diversos niveles (léxico, fonológico, gramatical y fonético) su propio rostro. Por ese decimos que en América no es homogéneo, como no lo es en España, quien lo legó con todo su sustrato a sangre, fuego y cruz. Conquistadores, frailes, aventureros y personas de todas las clasificaciones sociales existentes en la época partieron de puerto de Palos formando un bloque que se caracterizaba por ser ejemplo de tantos matices idiomáticos como regiones existían en la península. Y fue precisamente esa cantidad de “dejes” la que arribó y se dispersó como un aire desenfadado por todo el continente y lo llenó de colores lingüísticos, que se mezclaron con los atávicos y bellos vocablos indígenas.

Resultado de ese contacto de lenguas y de razas: nosotros, las Américas llenas de surcos lingüísticos que nos diferencian y nos hacen únicos: México tuteante, Centroamérica voseante, etc. Las llamadas, en lingüística, isoglosas, provocadas por la evolución indetenible del idioma en cada patio nacional donde llegaron esos mercaderes, pescadores, rufianes y buscavidas, convertidos en marinos por necesidad unos, con sed aventuras otros, con sus goletas con una pinta de niña o de santamaría, y que fueron recibidos como hijos de dioses y admirados por su lenguaje críptico para los autóctonos.

De esta manera desembarcó, con una respetable carta de presentación, el voseo, que por ese tiempo era la fórmula generalizada para el tratamiento entre los nobles, mientras el tuteo, arrinconado y temeroso, se usaba en el trato con los inferiores o en el familiar, y en este último caso en la intimidad. Pero ya bien entrado el siglo XVII fue otro fenómeno gramatical el que ayudó a darle fuerzas al proscrito tuteo, hasta matar de inanición en la península el robusto voseo y relegarlo en algunas zonas del “nuevo continente”. Fue el uso de ustedes por vosotros, que baña completamente, como lluvia de gotas gruesas, toda América, sin reparos y sin excepciones. Engendrado de vuestra merced (vuesarced, vuesançed, voacé, vucé, vusted, usted), este pronombre, en España, “se generalizó para fórmulas de tratamiento respetuosas, y el tú fortaleció su uso en el habla familiar”, escribe el lingüista José Moreno de Alba. Y esta moda se transfirió a las principales ciudades hispanas, quienes la acogieron.

El voseo sobrevivió agachado y sólo en sólo en ciertas partes en la mayoría de países, pero en donde se mantuvo inalterable, con esa vitalidad y su carácter enfático, fue en el istmo centroamericano y en la Argentina y el Uruguay, pero es ciertamente en estos dos países donde sus ciudadanos se enorgullecen de él, y surge pulcro y fuerte, inalterable y sin despojo de ningún tuteo ladino. ¿Han visto por casualidad en la televisión los spots publicitarios “válidos para Argentina y Uruguay”? Todos con ese voseo tan nuestro como de ellos; lo presumen, se ufanan de él. No dudan, nunca lo hacen, es como un santo y seña, les recorre la piel y su imagen acústica es un código más en sus ADN.

En cambio, en nuestro país sucede lo contrario. Tres telenovelas y dos extranjeros influencian más que quinientos años de historia, perdón, de nuestra historia. Nos parecemos a esos tipos que cuando llegan a otro país asimilan en dos meses todos los giros y formas de hablar del lugar y abandonan la lengua materna y sus herencias. Regresan preguntando cómo se llama ese fruto que parece aceituna. Es triste, verdaderamente envilecedor y hasta irrespetuoso. Las publicidades están plagadas de ese tú que desconocemos: “Participa y gana”; “Únete a la causa”. Hasta los predicadores de tarima y de buses atropellan nuestro vos y oran: “A ti, Señor… Tú que eres…”. ¿No es bella, acaso, esa letra de la Misa Campesina, que hasta nos vuelve más creyente en nuestro Dios sencillo? “Vos sos, el Dios de los pobres… por eso es que te hablo yo, así como habla mi pueblo...”. Y claro que Dios nos identifica con ese voseo nica, al que le aspiramos la -s-, como en toda sílaba que finaliza con esta letra. Rasgo distintivo de esta hermosa Nicaragua.

También la eliminación de la perífrasis verbal lleva implícito ese chocante tuteo (voy a ir, por iré, por ejemplo) que no tiene partida de nacimiento nicaragüense y que se ha refugiado gracias a la manía poco buena de tomar lo extranjero en detrimento de lo nuestro. Forma sintética característica sobre todo de regiones voseantes. ¿Quién, cuando habla, dice: Pásame buscando e iré a la fiesta? Poco menos que nadie. Pasame buscando y voy a ir a la fiesta, diría un buen nica. En lugar de un caché imaginario, lo que se hace es alejar el oyente/lector con esas frases. Hay una regla básica de publicidad que nos puede ayudar: siempre acercar el producto al consumidor final, y nada mejor que usando su lenguaje con todo su repertorio, locuciones, matices, colores. Si queremos que nuestro mensaje, cualquiera, llegue y sea aceptado, esculpámoslo con los cinceles de nuestros rasgos, no nos hagamos tontos gratos y repetidores de fingidos acentos.        

Todos los días se lanzan campañas por salvar lugares, animales y ambientes, sería excelente hacer una para rescatar del pozo del olvido el voseo tan encantador como tajante, y desterrar ese tuteo tan nuestro como la nieve. Fomentar su uso desde los medios, pues parece que sólo los dos países sudamericanos citados presumen de él como su seña de identidad. Para el tratamiento de respeto está el usted, pero para los demás casos existe ese pronombre intenso, vital y sonoro. Vos me entendés, ¿verdad?

leslienicaragua@yahoo.com
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