• Jun. 24, 2009, 10:30 a.m.
Cuenta la historia que el trovador recibió sus primeros acordes durante su estancia en el servicio militar, a una edad un tanto avanzada. Poco tiempo después, el elegido subió a la cúspide para quedarse allí, indeleble, profundo, sincero. Ha sido aclamado en cuanto país ha visitado, aunque como es de esperarse, debido al carácter de protesta de su música, detractores no le han faltado...para eso es la protesta, para expresar inconformidad y que sea notada.

En la búsqueda de su unicornio azul, Silvio ha favorecido a muchos con su canto, aunque sea con un rabo de nube. Su impecable lírica se ha extendido para dejar mensajes abiertos a la imaginación y gentes al rededor del mundo han hecho suyo el contenido de sus canciones, para explicar su realidad, para terminar de entenderla, para decir lo que sienten pero que sólo Silvio puede plasmar en acordes de guitarra.

Desde su nacimiento en el sol de una noche del penúltimo mes, Silvio ha sido lumbrera constante, poeta parlante, insensible al tiempo y a la desesperanza. Utopías hechas realidad se han derrumbado, y han sembrado la incertidumbre en los creyentes, pero Silvio sigue siendo el mismo de siempre. Religiosos adolecen de religión, ¡vaya necesidad! Mas Silvio nos recuerda que no cuesta nada mirarse para dentro, donde probablemente yacen todas las respuestas. Las profecías han sido olvidadas, porque no hay mejor lugar para ellas que el olvido, y la abrumadora realidad desvanece la poesía. Quien fuera Jacques Cousteau, quien fuera el mítico Simbad, quien fuera el batiscafo de tu abismo...quien fuera un trovador.

En su más reciente gira por Centroamérica, pude admirar, a través de la red, sus cantares en El Salvador y Nicaragua. Una emoción turbulenta invadió mi alma al verlo cantar ‘Érase que era’, un tributo precioso a la mujer, muy al estilo de Silvio. Mas mi emoción vino de su silueta, y no de su corroborado compromiso con las reivindicaciones de la mujer, a quien siempre ha aconsejado cuidar bien sus estrellas, en la erótica constelación que no cabe en los mapas del cielo. Sí, me estremeció el paso del tiempo sobre Silvio, la pesadez de sus parpados caídos, y la contrastante energía de su alma. Pero sobre todo, me estremeció su habilidad para seguir levantando corazones, para materializar esa conspiración masiva, tácita pero innegable, en el nombre del amor, de la libertad, de la bondad; estableciendo un quórum de guerreros del amor.

Hubo quienes, entonces, estoy seguro que más por pasiones musicales que políticas, resintieron la negativa de Silvio a interpretar la legendaria ‘Canción urgente para Nicaragua’ . Yo la aplaudí, con el perdón de los aludidos, y a riesgo de parecer insensible a la memoria indeleble de los mártires de una gesta justa. La aplaudí porque Silvio no negó la estoicidad del pueblo nicaragüense, mas quiso hacer latente su inconformidad con la realidad política actual, así como reiterar su compromiso eterno con la mística y la consecuencia ideológica revolucionaria, derechos que legítimamente le corresponden. ¡Silvio, siempre tan Silvio!
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus