• Jul. 3, 2009, 5:53 p.m.
I
¿Demócratas y golpistas?
¡Qué agradezca, que no está en un calabozo!”, exclamó jubiloso don Jaime Arellano. Y otros, casi ven como bendición de Dios, el último cuartelazo de América Latina. Se trata de políticos que se han proclamado como demócratas en Nicaragua y como don Jaime, gozosos lanzaron vivas y loas a los gorilas que se tomaron Honduras, en traje de saco y fatiga.

Y hubo golpe de Estado. Que CNN lo pinte como “sucesión forzada”, otros como “golpe de nuevo tipo”, no le quita su infame origen: militares reeditando lo que con mucha eficacia ejecutaron en el siglo XX.
                                      
II
El ejemplo de Somoza García
Lo que se perpetró, por mucho que lo tratan de exhibir como el último grito de la moda en las pasarelas de la democracia, no es más que un jurásico golpe de Estado con Tango, casi sacado de las cavernas  del dictador Anastasio Somoza García. Tacho lo ejecutó en 1947: un derrocamiento amenizado por la Banda de los Supremos Poderes, muy aplaudido por los que dicen representar al pueblo y bien bailado por los civiles, lo cual le dio, además del toque de queda automático, un cierto toque de elegancia.

Somoza García derrocó a su tío Leonardo Argüello, pero no se quedó, formalmente, con el poder. En su lugar, puso en la presidencia a Benjamín Lacayo Sacasa. El viernes 21 de mayo de ese año, la resolución 109 del Congreso consignaba la elección de tres designados para la presidencia, encabezando la misma Lacayo Sacasa. Ese efecto jurídico no fue sancionado por Argüello, sino por el propio presidente impuesto, para completar “constitucionalmente” el capítulo de la sucesión presidencial. ¡Ah, no fue Golpe porque los civiles quedaron con el mando! Vaya peregrina conclusión.

El ejército catracho que muchos están deseando verlo, pasearse por las calles de Managua, sacó por la fuerza, a punta de tiros, y en la madrugada, al presidente electo democráticamente en ese país. Lo expulsó, con el cañón de los fusiles apuntándole en la humanidad, a Costa Rica. Si eso es “constitucional”, si está “ajustado” a Derecho, deberemos revisar el concepto de democracia. Y sobre todo, saber si con esta reedición de 1947 se inaugura la “Democracia del Siglo XXI”, como la contraparte del “Socialismo del Siglo XXI”.

III
Vieja y nueva guardia PLI aplaude a los guardias
Que al presidente Zelaya se le acuse de proponer a través de una consulta, una cuarta urna para ver si la población estaba de acuerdo con una constituyente, no justifica el golpe de Estado que ahora lo tratan de maquillar y vestir de frac para presentarlo en sociedad, tendiéndole la alfombra roja de los eufemismos.

Pero si en Honduras cayó Zelaya, también en Nicaragua, cayeron algunas caretas de los supuestos demócratas. Oponerse al presidente Daniel Ortega no convierte a nadie en demócrata. Es bueno demandar los pesos y contrapesos en una democracia, como también condenar la ruptura del orden constitucional de cualquier otro país. No puede haber golpes buenos y golpes malos. Mientras Edmundo Jarquín hacía lo que cualquier demócrata haría, la vieja y la nueva guardia del PLI lo abucheaba.

IV
De Montealegre al Estadista Oscar Arias
Eduardo Montealegre le da un respaldo “de baja intensidad” a los golpistas de Tegucigalpa, pero no vemos ni siquiera un ensayo del estadista que debiera ser, en tanto ha optado a la silla ejecutiva. Por la otra parte, en un descaro del tamaño de “La Garnacha” y la Catedral de Managua, Roberto Rivas se atrevía a dar lecciones de democracia a los hondureños.

¿Adónde irá Nicaragua, si los que condenan a Ortega de autoritario, ovacionan los tanques y al gobierno de facto de Tegucigalpa y los que bendicen los fraudes, se rasgan cínicamente las sotanas que les facilitaron sus negociadas magistraturas?

Pero hay lecciones. El Presidente Oscar Arias rechazó de plano el golpe del domingo. Así demostró su talante de demócrata bajo cualquier fuego. El presidente Obama dijo: “Sería un terrible precedente si empezamos a retroceder otra vez hacia una era en la que hemos visto golpes militares como transición política en vez de elecciones democráticas”.
                                             
V
Ni patios traseros ni patios delanteros
Este episodio tan gris para el Continente, rechazado por la ONU, la OEA y la UE, alegra a cierta gente en Nicaragua, lo cual demuestra que lamentablemente aún estamos en pañales -y muy sucios- en cuanto a democracia se refiere.

Si el FSLN ha expuesto lo que es, algunos de los que se autoproclaman demócratas también enseñaron en estos días, lo que son capaces de llegar a ser. Con todo, una cosa debe ser la bandera de los nicaragüenses: construir la democracia.  

Nicaragua no puede seguir cumpliendo agendas impuestas desde el exterior. Si en el Siglo XX nos usaron como “patio trasero” de los Estados Unidos, sería insólito que la solidaridad y cooperación bolivariana, al no poderla administrar con visión de nación, nos reduzca a “patio delantero” de Venezuela en el Siglo XXI.
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