• Jul. 7, 2009, 5:16 p.m.
A partir de los doce años las niñas y los niños empiezan a experimentar cambios hormonales drásticos que les transforman tanto la fisonomía como el carácter. Cambian de gustos, de amigos, de preferencias musicales, todo les incomoda y les avergüenza. Las niñas se vuelven coquetas y extremadamente exigentes: es la entrada a la adolescencia.

Para las que somos madres de adolescentes, la vida nos cambia aún más, porque con la adolescencia también llegan cambios en las relaciones de familia, los chavalos y las chavalas se vuelven insociables y nos exasperamos a tal grado que los miramos y tratamos como “extraterrestres”, como unos completos desconocidos.

La adolescencia para mí ha significado un reto en cada día, porque debo ingeniármelas para combatir su aburrimiento, pues los chavalos y chavalas de hoy devoran con tanta avidez todo lo que llega a sus manos que en cosas de minutos ya lo “matizan” (como dicen ellos) y les aburre. Sucede igual con el vestuario, con los pasatiempos, la tecnología y particularmente con la música.

El otro día quedé horrorizada cuando escuché decir a mi hija que un tema del reguetonero Nigga que estuvo de moda hace sólo tres meses es una canción del recuerdo y a su juicio las radioemisoras ya no deberían sonarla, cuando me torturó con ella un mes completo. Igual sucedió con el baile, ese ritmo jamaiquino con influencia de hip hop norteamericano y ritmos portorriqueños que desafortunadamente hemos conocido como reggaetón.

Pero el radicalismo de mi hija adolescente me deja perpleja: de un día para otro se le ocurrió que ese ritmo y esa música que tanto le gustaba era basura y ahí mismo decidió que era rockera por lo que el calvario empezó nuevamente. Hoy desayuno, almuerzo y ceno escuchando temas de los dizque rockeros “Los Jhonas Brothers”, una banda integrada por tres adolescentes norteamericanos que blasfemamente las niñas les llaman los nuevos Beatles (que osadía).

La casa, el cuarto, el ambiente, tooooodo huele a esos tres jovencitos. Tiene posters, camisetas, souvenirs, caratulas de discos, calcomanías, película, carpetas llenas de fotos, videos y música en la computadora, la que también está cargada de sus respectivos virus porque los baja de sitios inseguros de internet, lo que ya causó la casi destrucción de mi computadora portátil.

Y aquí estoy relatando mi experiencia, que no es mala, según muchas de mis amigas porque “al menos tu hija es buena alumna, no anda en la calle, no hace cosas indebidas y no es EMO”. Por mi parte, sigo atrapada en sus caprichitos de adolescentes, haciendo el intento de ser tolerante, soportando su egocentrismo y procurando que todas sus excentricidades y preferencias me resulten indiferentes.

Hoy tiene catorce años y ya se encuentra en los preparativos de los quince: lista de invitados VIP, detalles para el salón de la fiesta, diseño del vestido, organización de la música, pensando en lo "cherry" que se verá con los detalles que está inventando, mientras el mundo se desgrana ante la crisis económica, el pueblo de Honduras libra una lucha social interna ante la imposición de un gobierno de facto.
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