• Jul. 9, 2009, 11:32 a.m.
Todavía hay rótulos de campaña de Alexis Arguello en las carreteras de Managua. Vestido de camisa rosada, con una ancha sonrisa, Alexis aparece haciendo la V de la victoria. El texto dice: Campeón 2008 y se refiere al único campeonato que no ganó en buena ley: el que lo llevó a convertirse en Alcalde de Managua.

Ver ahora esa sonrisa de Alexis, ver, como hemos visto estos días en los reportajes sobre su muerte, el rostro iluminado y alegre que desplegó abundante durante la campaña por la Alcaldía de Managua, es confrontar el contrasentido de que haya sido él, por su propia mano, quien se quitara la vida.  

¿Cómo fue que sucedió semejante tragedia? ¿Qué pasó? ¿Qué lo llevó a tomar esa terrible e irreversible decisión a sólo pocos meses de asumir su cargo?

El suicidio es la más desolada de las muertes. Es la muerte que clama de impotencia; es la muerte del dolor que ya no se tolera o de la vida que ha llegado a un callejón oscuro donde ya no hay salida. Es la muerte más triste y desconcertante para los que sobreviven, la que siempre pregunta si hubo algo que pudo haberse hecho para evitarla.

Alexis fue sin duda un gran deportista, un boxeador enormemente tenaz y disciplinado. Vivió la gloria de coronarse Tri campeón Mundial. De una vida de muchacho pobre del barrio Monseñor Lezcano, saltó a las luces del Madison Square Garden de Nueva York, a la fama y al modo de vida de los famosos que atrae no sólo la lealtad de los buenos amigos de siempre, sino a los oportunistas y alimañas que buscan sacar provecho, que buscan la luz de la notoriedad para obtener ventaja.

Cuando la derrota frente a Aaron Pryor lo llevó a retirarse, Alexis como otros muchos que han alcanzado la fama, tuvo dificultades para adaptarse a la vida normal carente de grandes acontecimientos y encontró en las drogas y en el despilfarro de su dinero el escape donde olvidar el sonido de los aplausos que, sin duda, extrañaba. Porque era básicamente humilde y bueno y sabría que se estaba destruyendo, buscó como huir de esa espiral auto-destructiva. En ese camino, sin embargo, se topó con una peligrosa alternativa: la de brindarle su popularidad a los políticos, la de volver al aplauso por otras vías, la de retornar al amor de su pueblo ofreciéndose como símbolo a los poderosos. Según dijo en una entrevista en 2003, estaba consciente de que lo usaban, pero no le importaba, siempre y cuando usarlo a él redundara en beneficio del pueblo.

Yo no tengo dudas de que, en política, Alexis fuera ingenuo. Sólo así se explica que se prestara a respaldar a Somoza; que luego apareciera como adalid de la Contra con Edén Pastora y terminara por fin en la Convergencia sirviéndole a Daniel Ortega. Lo que nunca imaginé fue que, dada la historia de su lucha contra la adicción, además de su falta de experiencia como funcionario público o figura política, alguien tuviera la irresponsabilidad de proponerlo para un cargo como el de alcalde de la ciudad más poblada y, por lo mismo, más difícil de manejar del país. Que la dirigencia del Danielismo, con su prédica de amor, sus rezos y su supuesto amor al pueblo, depositara en una persona como Alexis una responsabilidad de esa envergadura, me pareció siempre una muestra de flagrante oportunismo y de enorme desconsideración hacia Alexis como persona. Era, como decimos en nica, “tirar a los leones” a un ser que por su estatura frente a la población, merecía mejor suerte, más consideración con las limitaciones que, tarde o temprano -y bien que lo sabían- se harían evidentes y le acarrearían no sólo críticas, sino desprestigio. Pero el oportunismo de quienes no vacilaron en hacer fraude para salirse con la suya en las elecciones municipales, pensó que, igual que orquestó el fraude, manejaría el tinglado detrás de Alexis y lo manejaría a él haciendo que las verdaderas responsabilidades de la comuna las realizaran otros. Así que lo rodearon, lo maniataron y pretendieron entretenerlo con viajes al exterior.

Alexis viajó a Puerto Rico el Jueves 25; el Viernes 26 a las 5 PM, en su ausencia y en una reunión citada, (como suelen citarse las que este gobierno intenta que pasen desapercibidas o sea tarde y justo antes del fin de semana), el Concejo Municipal se reunió y aprobó una reestructuración de la Alcaldía donde la gobernación de los distritos se le trasladaba al Secretario de la Comuna, Fidel Moreno. Alexis, que ya tenía limitadas sus funciones, fue limitado aún más y quedó claramente “de adorno” en la Alcaldía. Fuentes periodísticas y de allegados cuentan que el Lunes, cuando regresó al trabajo y se enteró de lo sucedido, enfureció hasta el punto de patear puertas y desordenar su oficina. El martes había decidido renunciar y un emisario de las altas esferas del Danielismo lo visitó en su casa para persuadirlo de que desistiera de su idea. Pocas horas después de que éste se marchó, Alexis, arrinconado y contra las cuerdas, se quitó la vida.   

Todo se sabe en este pequeño pueblo en que vivimos. Todo se sabe y por lo mismo quienes lo saben, temen decir lo que saben, pero es difícil ocultarlo todo. Es difícil, sobre todo, no ver lo que está a la vista: ese cálculo inescrupuloso de utilizar a un muchacho ingenuo, todavía luchaba por rehabilitarse, para situarlo bajo la presión intensa de uno de los puestos más públicos del país.

Lo que dijo Sandino antes de morir, bien pudo decirlo Alexis: los políticos me embrocaron. Yo no puedo dejar de imaginármelo, desesperado, entrando a su habitación para vestirse con su ropa de boxeo y así, reclamando su dignidad, su identidad de luchador, demostrar que aún podía tomar una decisión: la de terminar el juego y no seguir: la de ponerse una pistola en el corazón y quitarse la vida.

No paro de pensar en los callejones sin salida de la política. No paro de pensar que quizás todos en Nicaragua estemos poco a poco siendo encerrados en uno; que quizás por eso el dolor de Alexis y de su muerte nos haya tocado tanto.
 
Honor a Alexis y a Herty…..por esas casualidades extrañas de la vida, las fechas de sus muertes están contiguas en el calendario: 1 y 2 de Julio.
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