• Dic. 30, 2007, 6:12 p.m.
Habría querido dedicar el último artículo y blog de este año solamente a hacerle al presidente unas cuantas sugerencias, para que no se diga que quienes criticamos no hacemos propuestas de solución. Sin embargo, el terrible asesinato de Benazir Bhutto me obliga a dedicar unos párrafos al hecho de que, mientras el mundo entero reaccionaba espantado y en vilo por las repercusiones de semejante crimen para Paquistán y su precaria situación política, en Nicaragua, el crimen contra Buhtto haya generado tan extrañas repercusiones.

De pronto el Presidente Ortega decidió que la muerte de esta líder, a miles de kilómetros de nuestro país y en una situación política absolutamente diferente, representaba una amenaza para la seguridad de su esposa. Igual que Benazir, dijo el mandatario, ella podría ser asesinada y de esto serían responsables la “inmundicia” de periódicos que circulan en el país y los medios de la “derecha”. El crimen contra Benazir se tornó de pronto en justificación para que el Presidente exacerbara su discurso confrontativo contra la prensa independiente.
Pero no se limitó a esto. Anunció que había dado órdenes a la policía de redoblar, no sólo la seguridad de su esposa, sino la de otros líderes políticos en el país, como si Nicaragua, por obra y gracias de su imaginación, estuviera a punto de verse arrastrada dentro de la problemática del sudeste asiático, o como que su esposa fuera una figura de igual relevancia que Buhtto.

Una comparación tan falaz y disparatada es difícilmente comprensible. Si los discursos de nuestro mandatario son cada vez más deshilvanados, éste se llevó las palmas. Es preocupante realmente verlo en las concentraciones públicas ensartar ideas inconexas y afirmar, sin detenerse a pensar en las consecuencias, cosas como ésta que lo que sí pueden es incitar a algún fanático a atentar contra la vida de más de algún periodista o de los mismos líderes políticos cuya seguridad, en un acto de la más pura demagogia, ha mandado a redoblar.

Desde las tribunas floridas y costosas, bajo fiestas de fuegos de artificio y actos cuyo montaje recuerdan los circos con que los emperadores romanos intentaban distraer al pueblo de sus padecimientos, el Presidente Ortega continúa empecinado en dividir a la sociedad nicaragüense propagando la idea de que quien está contra él y sus designios, está contra el pueblo. Los epítetos que utiliza para descalificar a quienes cuestionan su gestión o su proceder carecen de mesura y más que denigrar a sus adversarios, lo denigran a él y lo muestran como una persona incapaz de sumar las fuerzas de todos los sectores en beneficio del conjunto de la nación. ¿Cómo no pensar que se auto-denigra un presidente que dice estar por los pobres y, sin embargo, insulta a un político llamándolo “hijo de casa”, un término terrible que la oligarquía nicaragüense usaba de forma despectiva para separar su pureza de apellidos de la caridad explotadora que los llevaba a tratar como sirvientes a los parientes pobres o a los necesitados que vivían bajo su mismo techo? La retórica de Ortega es reveladora, no sólo de sus múltiples e infundados prejuicios, sino de una arrogancia extrema. Es el hablar de quien se considera por encima, no sólo de las leyes y las instituciones, si no del mismo pueblo para el que no tiene la consideración siquiera de meditar con antelación lo que, tras hacerlos esperar por horas, les hace escuchar.

Pero no quisiera dejar que mi poca esperanza en que cambie nuestro Presidente y estos últimos acontecimientos, me hagan cerrar el primer año de mi blog y artículos quincenales en El Nuevo Diario, en tono negativo. Es así que, en base a mi poder ciudadano, me permito hacerle al presidente algunas sugerencias de Año Nuevo:

-Dedíquese a la economía. La política lo va a terminar.
-Nombre un gabinete eficiente y déles autonomía de gestión. Ni usted, ni su esposa pueden abarcarlo todo.
-Si quiere un pueblo presidente, no tenga miedo de que esté informado. Deje hablar a sus ministros. Si sólo ve críticas es porque su gestión es clandestina.
-Si quiere CPC, ¿por qué no confía la organización de estos a los diputados de los distintos partidos que tienen representación popular legítima por la vía electoral?
Cada diputado tiene un territorio que representa, deje que la población se organice alrededor de sus diputados y que sea a través de ellos que sus demandas y preocupaciones lleguen a la Asamblea Nacional. Confíe en el pueblo y no quiera dirigirlo todo.
-Nombre otra persona para coordinar los CPC. Mientras estén coordinados por su esposa, no podrán ser independientes del ejecutivo y nadie creerá que actúan por sus propios intereses. ¿Qué es lo que le interesa a usted, que el pueblo se organice o que su esposa sea quien mande?
-Si quiere que los CPC sean un poder ciudadano, no los ponga por encima de alcaldes y estructuras municipales. Que se ganen su lugar en la sociedad mostrando que son útiles y que mejorarán la vida de la nación. No ponga la carreta antes que los bueyes. El poder ciudadano no se logra por decreto.
-Eduque a su gente cumpliendo las leyes usted mismo y no sentando malos precedentes. ¿Cómo va a creer que sea presidente de todos y siga despachando desde la sede de su partido? Que su esposa le haga una “limpia” a la presidencia y pásese a esa casa. No nos haga pagar a los nicaragüenses por el agua y la luz de la casa de su partido.
-Sea más austero en sus comparecencias públicas. No estamos para tantas flores y tantos cohetes de luces, que son carísimos, ni para traer artistas extranjeros costosísimos para fiestas. Gaste esos reales en la Costa Atlántica. Enseñe que le importa la solidaridad y que la practica más allá de las palabras.
-Escriba sus discursos. No insulte. Sea breve. Usted no es ni Hugo Chávez, ni Fidel. Sea puntual y no haga esperar a la gente.
-Deje de perseguir a las mujeres. Decídase a decir que el aborto terapéutico salva vidas y deje el doble discurso.
-Deje de atacar a los medios. De nada sirve. Gáneselos con acciones. Gobierne bien y se lo reconocerán. Son tan patriotas como usted. Si se lleva bien con el Gran Capital, ¿por qué no se puede llevar bien con los medios?
-Deje de querer llamar la atención del mundo. Este mundo ya no es el de los 80.
Y usted ya no representa a una revolución, sino a un pequeño y pobre país latinoamericano. Ubíquese, disfrute la irrelevancia de nuestra sencilla condición nicaragüense y piense que hará para que todos sus gobernados y no sólo sus partidarios, tengamos un mejor año nuevo.

Managua, 30 de Diciembre, 07

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