• Jul. 25, 2009, 3:49 p.m.
El 19 de julio es una fecha confiscada, como igualmente confiscado ha sido el pueblo nicaragüense. Es decir el pueblo y la efeméride comparten un destino. Le corresponde al pueblo sumergirse en la subordinación o romper las ataduras y recuperar para la nación la victoria de décadas de lucha de la ciudadanía nicaragüense de la más amplia posición política e ideológica.

El triunfo obtenido el 19 de julio de 1979, a Daniel Ortega, le significó acceder a un cargo que ni por su historia, ni por su falta de capacidad estaba llamado a obtener. Y desde entonces cada 19 de julio ha privatizado cada vez más esa efeméride, robada al pueblo, como igualmente le ha robado su posibilidad de desarrollo y su soberanía.

Por eso no es extraño que el 19 de julio de 2009, haya sido la fecha escogida para continuar con su banquete.

Se destapó. Finalmente dejó de lado la falsa premisa que enarbolaba de cambiar el régimen político, porque el parlamentarismo es más democrático. Ya nos expuso claramente que lo que ya sabíamos: desespera por otra reelección.

Aunque no se priva de presentarla de manera engañosa, envuelta en un papel de regalo que se llama referéndum revocatorio. Y poniéndole un lacito muy mono: no aceptar el referéndum revocatorio es miedo al pueblo.

Se atreve, Daniel Ortega a tildar a los otros de miedosos. Él que ha demostrado con creces el miedo que le tiene al pueblo.

Tanto le teme que bajó el techo electoral a fin de poder ganar con porcentajes vergonzosos.

Ortega le teme tanto al pueblo que ha tenido que subordinar al Cardenal Obando y Bravo.

Ortega le teme tanto al pueblo que ha tenido que crearse un Consejo Supremo Electoral que le fabrique los fraudes electorales que le permiten “ganar”.

Es tan fuerte el temor al pueblo que tiene Daniel Ortega, que destrozó la Ley de Participación Ciudadana y se fabricó unos consejos de poder ciudadano que constituyen la antítesis del poder de la ciudadanía, pues son el instrumento mediante el cual se ha recentralizado el poder en un par de manos.

El miedoso señala a los otros. El miedoso proyecta en las demás personas, su propio terror a la voluntad y la soberanía popular.

Ortega no sólo es miedoso, también es mentiroso. Dice que en Nicaragua no hay reelección para el presidente y lo dice él, montado en una tarima con el cargo de presidente de un segundo mandato. Si Ortega ya fue Presidente entre 1984 y 1990. El mandato que inició en enero de 2007 es posible porque hay reelección. Entonces que no venga con cuentos y enredos.

Su diatriba dirigida a los diputados y al pueblo desde el abuso de poder que cotidianamente realiza, es para ponernos a la defensiva, así como para darle gas a sus operadores y empiecen a partir de ahora a hacer señalamientos de dobles parámetros, de exigencias porque hayan reelección para todos o diciendo que la oposición le tiene miedo al pueblo. Es en fin una jugada de “listillos”, mediante la cual pretenden que el valiente pueblo de Nicaragua tenga que demostrar su valor frente a quienes le temen.

Una vez más pervierten el lenguaje y quieren con sus palabras dar significados contrarios, haciendo afirmaciones con las cuales falsean la realidad.

Por eso, recuperemos la efeméride. Que el 19 de julio no siga siendo más la fecha privada de Daniel Ortega. Ni la tarima desde la cual nos ofende y nos miente descaradamente. Que signifique realmente lo que se logró entonces, el fin de una dictadura, el fin de las dinastías, el fin de los abusos, el fin de la privatización del Estado, el fin del continuismo. Movilicémonos todos y así como ayer dijimos no al somocismo, digamos hoy no al orteguismo. No más Ortega.
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