• Ene. 2, 2008, 2:42 p.m.
Nosotros recibimos el mensaje cristiano envuelto en la filosofía helénica, y más, en concreto ---y paradójicamente--- con toda la abstracción de Platón: esa inhumana división entre el cuerpo y el espíritu, como entidades divorciadas y en eterno conflicto por los siglos de los siglos.

San Agustín contaminó además a la iglesia con las absurdas ideas de Manes, en el siglo III, de tal manera que el todo se divide en negro o blanco, bueno o malo, tinieblas o luz, puro o contaminado. No hay término medio en el maniqueísmo. Los matices están proscritos. Y estas mismas ideas pasaron de hecho a la iglesia de Lutero.

El monje de la Reforma Protestante era agustino, de ahí que San Agustín de Padre de la Iglesia Católica pasó a Padrastro de la Iglesia Evangélica. Si los evangélicos critican a los católicos por sus dogmas, otros más se introdujeron en el seno de la Reforma y su diversidad de denominaciones.

Desde la Iglesia Protestante se “protesta” contra el rol protagónico-redentor de María --no avalado por la Biblia--, pero se salvan los propios que aunque no alcanzan la categoría de dogmas, la fuerza de la tradición los ha convertido en puntos de fe: en muchas iglesias las mujeres deben vestir balandranes, no pintarse, dejarse el cabello hasta donde llegue, etc.

Abominan del vino, a pesar de que el propio Jesús empezó su ministerio en las fiestas de una boda, convirtiendo el agua en fruto de la vid. Muchos evangélicos llegan al ridículo de reducir el milagro a un “jugo de uva”. Las tórridas experiencias de algunos pastores en los caminos del “mundo”, léase “cañaveral”, ascienden al extremo de cambiar el uso del vino en la ceremonia de la cena por Coca Cola o Rojita.

El cuerpo es el chico malo de la película, y el espíritu es el chavalo atacado en todos los frentes por las veleidades de la vida. En términos más prácticos que filosóficos, esta separación entre el bien y el mal que “convive” en la misma persona, resuelve y absuelve de la manera más cándida injustos sistemas económicos, cuyo pie de foto teológico es: los ricos son opulentos por la gracia de Dios y los pobres serán pobres porque esa es la voluntad de Dios.

Es decir, ese enfoque platónico se proyecta en un Dios dual, no único, como es declarado a lo largo de toda la Biblia; que desde la teología humana no se revela en la justicia, sino que ampara a los que pueden comprar indulgencias o financiar cruzadas de conquistas marca “Graham”, que es lo mismo.

Si las Sagradas Escrituras afirman que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, la teología mundana desmiente al Creador: es Dios hecho a la imagen y desigualdad de los hombres.

Las diversas ramas de la Iglesia Protestante no dejan de estar impregnadas de esa filosofía donde lo corporal es lo maligno: lo imperial (idea, doctrina), “autoridad de Dios”, y lo nacional (cuerpo, identidad local), “pecaminoso”.

Las terribles expresiones de esa esquizofrenia teológica en la acera protestante apuntan a aquellas comunidades de origen europeo que perseguidas en el Viejo Mundo, también persiguieron en el Nuevo Mundo.

La obra del escritor norteamericano Natanael Hawthorne grafica los puritanos excesos. Es obvio que las teologías en muchos casos se hacen para crear un dios a la medida de las ambiciones, o para desatar miedos humanos en busca de réditos personales .

Lucas, al narrar los hechos de Pablo, refiere estas palabras: “El Dios que hizo el cielo y todo el mundo... no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombre, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”.

Billy Graham se mantuvo toda su vida al lado de la Casa Blanca, que el confundió con la Palabra de Dios, y nunca se le vio protestar por las invasiones, golpes de Estado, intentos de asesinato de líderes no deseables para Washington, porque veía en esa expansión de la locura diabólica de James Monroe la misma doctrina de Cristo y a sus amigos presidentes como sus profetas. La CIA, que está en todas partes, se constituyó en la versión más inteligente del “espíritu santo”.

Tampoco de la Iglesia Protestante se alzó la voz para aclarar si aquel predicador y similares era o trigo o cizaña. Sin embargo, una lectura de las Sagradas Escrituras que no sea helénica, liberada de la teología del Príncipe de este mundo, nos revelará que Dios no habita en las teologías humanas, por muy elegantemente aristotélicas que las haya construido Santo Tomás de Aquino y sus “divinos” etcéteras.

El “dios aristotélico” sustituyó al de la Biblia. La “vida contemplativa”, para alcanzar el fin último del hombre, sacar la divinidad que “llevamos dentro”, nos dejó tantas generaciones de creyentes “más allá del Sol”, como dice un canto evangélico.

El medioevo se encuentra en la iglesia con monjes sin hábitos y ermitaños sin cuevas, pero igual, aislados del mundo en los templos y en las oraciones, para derivar en una actitud contemplativa.

Actuar, luchar, transformar las circunstancias anómalas es un pecado, dice esta posición helénica que desactiva la declaración de Cristo de que “mi Reino no es de este mundo”. Y es cierto que el Reino de Jesús no es de este mundo, entendido éste como estructuras humanas. La propuesta del Señor es de luz. La propuesta del “príncipe de este mundo” es de falsedad, engaño, de cartas bajo la manga, de zancadillas, de intrigas, de maldades falta de escrúpulos, guerras y acusaciones.

El matiz de Cristo es que es posible la justicia hecha con manos humanas, pero con un corazón que permanezca en el Verdadero. Que podemos también construir el Arco Iris y que Dios nos presta el Cielo para pintarlo mejor.

La revelación de Dios no dependió de profetas aliados de poderes obscenos, que es otra parte de la proyección de la filosofía de los llamados Santos Padres de la Iglesia y por extensión, Padrastros de la Iglesia Protestante. ¿Acaso no recuerdan --- el que lea entienda--- que Daniel denuncia a un alto jefe de Lucifer como gobernador en la tierra de los filósofos, identificándole hasta su jerarquía: Príncipe de Grecia?

esanchez@elnuevodiario.com.ni

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