• Jul. 28, 2009, 3:24 p.m.
La solidaridad con fondos propios es difícil en estos tiempos en Nicaragua, pero es uno de los rasgos del pinolero sin presupuesto para emergencia ni cooperación externa. Con todas sus limitaciones materiales, el nica y la nica, son capaces de demostrar su fraternidad.

Podríamos hablar de “pueblo”, aunque el término, contrario a lo que uno pueda pensar, parece acuñado por gente que se considera de abolengo o al frente del mismo. En todo caso, es muy vago y hasta discriminatorio para definir la colaboración horizontal entre un ciudadano y otro, pero discapacitado o damnificado por el sistema.

El diccionario de la RAE define a “pueblo” como “Población de menor categoría” y “ Gente común y humilde de una población”. Es bueno preguntarle a los dirigentes políticos qué entienden por pueblo: ¿una plaza llena? ¿una cúpula que aprovecha su nombre?

Usted lo podría apreciar en una ruta de bus urbana en Managua. Es una solidaridad cotidiana, viva, limpia, aunque en ocasiones también hay falsos necesitados que urden dramas rodantes y tratan de impresionar al anónimo dadivoso para sacarle dinero.

El hombre o mujer que urge de la ayuda debe pasar en voz alta su dolor para ser creído, y las manos comienzan a buscar algo en los bolsillos, en las carteras, para ayudarle a enfrentar la desgracia a un prójimo que nunca en su vida se lo han topado.

Los usuarios de los buses así ejecutan su caridad cristiana, “multiplicando los panes” quizás de la nada. A lo mejor podrían irse de vez en cuando en un taxi, pero prefieren socorrer al no vidente que demanda una asistencia, a la mujer con tumor en su brazo, al desafortunado quien ya no tuvo más remedio que exhibir su desgracia en público.

Hay otros necesitados que se colocan en los semáforos, en sillas de ruedas, y nicaragüenses que no andan a pie, también se ven dispuestos a ofrecer su ayuda. Nadie les pregunta su nombre. Ni siquiera se revisa la identificación que algunos llevan consigo. Basta con ver su dolor expuesto. Las manos amigas están ahí: no salen en los periódicos ni son héroes filantrópicos que deslumbran en los teletones o se sacan fotos donando equis cheque.

A esta gente no se le ve de roba cámaras o llamando a conferencias de prensas sólo porque su último capricho es un we are the world. No, los ciudadanos dirigen su “busetón” personal, cotidiano, en la sombra de la discreción, porque después de todo: lo que hace la derecha no lo sepa tu mano izquierda.

Y ellos no prometen nada. Simplemente dan… tal vez un córdoba, cinco o lo que sea. Y no corren como candidatos en busca de votos. No son políticos en campaña, únicamente son nicaragüenses. Pura solidaridad urbana. Claro, esto también es Nicaragua…         
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