• Jul. 30, 2009, 10:54 a.m.
Siempre lo he dicho, el cinismo es la última etapa de la expresión humana…y la mejor. Quisiera comenzar esta reflexión agradeciendo al diputado de la Bancada Democrática Nicaragüense, BDN, Eduardo Montealegre Rivas, por ilustrarnos a los simples mortales sobre el nuevo concepto de democracia y la neo-definición, muy a lo siglo XXI, de un golpe militar.

“Sucesión constitucional”, es lo que el señor Montealegre atribuye a lo ocurrido en Honduras el 28 de junio de 2009. Seguro pasará a la historia por esa nueva visión y repito, el cinismo es la última etapa de la expresión humana.

No quiero hacer una apología de lo que el depuesto mandatario hondureño, José Manuel Zelaya Rosales, pretendía al intentar cambiar la Constitución de su país, y establecer su reelección pese a que los artículos 4 y 239 de esa Carta Magna, lo prohíben y hasta lo tipifican como traición a la patria. Sin embargo, todo lo sucedido la madrugada del domingo 28 de junio contra Zelaya no es otra cosa que un golpe militar.

Pero con la nueva definición del ilustrado diputado “democrático” que tenemos en nuestro magno Poder Legislativo nicaragüense, el ex dictador chileno Augusto Pinochet ya puede descansar tranquilo, pues seguramente su acción del 11 de septiembre de 1973 contra el presidente Salvador Allende, será cambiada en los libros de historia y se denominará, a partir de hoy, “sucesión constitucional”.

Al reunirse con el presidente designado en Honduras, Roberto Micheletti, Montealegre está reconociendo a un gobierno golpista, aunque quiera disfrasarlo. Ni siquiera tuvo la suficiente valentía para decirlo en conferencia de prensa y ya todos vimos con la definición que salió. Pero bueno, es la manera de hablar de los políticos.

Uno de los ciberlectores de EL NUEVO DIARIO comentó muy acertadamente que si a Montealegre le gustaría que lo “sucedieran constitucionalmente”, si en un futuro lograse llegar a la silla presidencial nicaragüense. Creo que no.

A lo mejor algunos políticos, dizque de oposición, desean hacerle lo mismo al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra. Y no pretendo darles ideas, pero la verdad es que sus pretensiones se verían inmediatamente truncadas.

Nuestra Constitución Política establece en su artículo 149 que “son faltas definitivas del Presidente y Vicepresidente de la República, a) la muerte; b) la renuncia cuando sea aceptada por la Asamblea Nacional, y c), la incapacidad todal permanente declarada por la Asamblea Nacional, aprobada por los dos tercios de los diputados (60)”.  

Sin embargo, no existe un procedimiento para establecer “la incapacidad total permanente”. En más de una ocasión un miembro de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional me ha hecho el siguiente comentario: “Si nosotros (los diputados) podemos destituir al Presidente, lo podemos declarar loco (incapacitado mentalmente para gobernar) y lo destituimos”.

Pero hasta la fecha no me ha explicado el procedimiento para declarar a un Presidente incapacitado mentalmente para gobernar. Supongo que, previo a contar con los dos tercios de los diputados para deshacerse del presidente, debe existir algún procedimiento, es decir, crear una comisión especial en el Parlamento, nombrar a una junta de médicos especialistas en la materia que emitan un dictamen en ese sentido y quién sabe cuántas otras cosas más que no estan contempladas en ninguna ley ordinaria, o normativa.
 
Por lo demás, creo que tendremos que seguir esperando a que nuestros políticos opositores, en un arranque de valentía, realicen una “secesión constitucional” del actual mandatario.  ¿Alguien se apunta por la neo-definición de golpe militar”.
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