• Ago. 6, 2009, 8:56 a.m.
Un diario de circulación nacional conocido por sus extremas posiciones antigubernamentales tituló: Obispo Mata avizora guerra, pero en realidad el obispo Mata no está avizorando ninguna guerra, simplemente la desea de manera vehemente.

Posiblemente por su origen agrario y proletario el religioso Mata al llegar a ser sacerdote y mejorar en una casa cural sus originarias condiciones de vida, tenga un temor patológico a regresar al estado de pobreza extrema del que salió de su propia casa. Con el correr del tiempo y de su progreso personal de parroquia en parroquia, le agarró en 1979 un revolución que dio al trasto con una dictadura que beneficiaba ampliamente a la clase religiosa católica del país y con eso se inició una ruptura y una posición política antisandinista en la que la cúpula católica de los 80 sería la abanderada.

El obispo Mata, con un concepto muy alto de sí mismo creyéndose dueño de las absolutas verdades de la vida y de la muerte, con poses teatrales y severas hablando en nombre de Dios y María asume el rol del niño malo de la película al relanzar su beligerancia política contra un gobierno que él entiende como un peligro para los privilegios de los grupos políticos y económicos que le han sustentado su actual nivel de vida, muy por encima de los nicaragüenses de a pié.

Don Abelardo, como la mayoría de los curas, llegó sin un real al seminario y hoy cuenta con un impresionante capital que incluye fincas, universidades, vehículos, casas, etc., sin que estas paguen impuestos bajo el alegre argumento de que las mismas pertenecen a la Iglesia Católica, como si en un país cuya constitución asevera que NO tiene religión oficial, ellos fueran reyes.

La mayoría de los bienes atesorados por el obispo Mata Guevara le fueron arrebatados al estado y al pueblo en un alarde de cinismo y corrupción que no tiene igual en la historia de nuestro país, por ejemplo, lo que anteriormente era la UNAN de Estelí, es decir una Universidad Pública, es ahora la UCATSE, teniéndolo a él como único dueño aunque esconda con testaferros su posesión y pertenencia.

Es por eso que el obispo Mata desde hace algunos meses, particularmente desde noviembre del pasado año ha comenzado a ver guerrillas políticas en “su” diócesis  y otros lugares del país, declarando sin ningún pudor el carácter “moral” y “legítimo” de las mismas con un lenguaje subliminal y sibilino. Con su imaginación y bandidencia política, ha recorrido quebradas y cañadas donde paladines de la libertad y del catolicismo oneroso esperan la orden de fuego contra un gobierno que no ha querido sentarse con los obispos para hablar  de coimas y mesadas, aunque los mismos escondan sus intereses bajo las faldas de una supuesta democracia amenazada.

Pero es que el obispo Mata tiene un gran mérito, el nunca se calla, el pelea con las mujeres, con las feministas, con los homosexuales, con el gobierno, con las ONG, con los pro aborto terapéutico, con los grupos independientes, con las iglesias protestantes a las que desdeña hasta la vulgaridad, pelea con sus vecinos, con viejos socios y con el que se le ponga enfrente, el obispo pues es un hombre de armas tomar, que mejía ni que ochocuartos, el nunca pone su regordeta mejía a menos que le saque una monetaria rentabilidad. Su misión es la guerra, su pastoral es la muerte, su cielo la ganancia.

No obstante, para completar sus méritos el obispo Mata debería de ser consecuente con el estado de guerra y guerrillas que mira por todos lados, quitarse la sotana, enfundarse un traje de fatiga, irse a la montaña y capellanear a las tropas libertarias que garantizarán que él y la Conferencia Episcopal sigan teniendo las excelentes condiciones de vida y prebendas que siempre han tenido y que ahora se le han –mínimamente- mermado.

Hasta ahora, sólo algunos medios han publicado, interpretado y contextualizado el estado de guerra y de santo belicismo en el que vive monseñor Mata, sin ocasionar bajas humanas. Sin embargo, en el país dinamita en el que vivimos su malvada exageración podría incendiar la mecha que desde los cimientos desbastaría a Nicaragua.    

La última gran batalla que perdió el obispo Mata es la unidad de Arnoldo el Católico, Eduardo el Apostólico y Eliseo el Romano, todos conocidos por el increíble saqueo al erario del país y por apadrinar el enriquecimiento portentoso de los jerarcas católicos. Dios quiera que el obispo Mata pierda más batallas, por el bien de Nicaragua.

(*) jinotepino@hotmail.com
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