• Ago. 6, 2009, 6:37 p.m.
Recuerdo muy bien una entrevista al señor Nelson Artola en el periodo post electoral. Eran pasadas la cinco de la tarde de un día de semana, muy cercano al 9 de noviembre de 2008, cuando las calles --sobre todo de la capital-- lucían atestadas de simpatizantes de los dos principales partidos que se disputaron 146 gobiernos municipales. En esos días la violencia era aguda y los izadores de banderas en las rotondas gritaban “¡victoria!”, y los que vestían de rojo y azul y blanco -- pero que no tenían espacio en una solicitada rotonda -- gritaban “¡fraude!”. El Presidente del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE), algo exaltado, trataba de argumentar la violencia promovida por la gente que él denominaba “el pueblo”. Decía que “esos descalzos son el verdadero pueblo” durante la entrevista en vivo, y se hacía la pregunta: “¿Cómo es que un Eduardo Montealegre se puede, desde su camionetota, identificar con los pobres? ¡Eso no es posible!”

Inmediatamente la periodista le preguntó: “¿Cómo es que lo hace usted? Lo digo porque usted tampoco anda a pie. Afuera hay una camioneta igual de grande que la de Montealegre. ¿Será la de él (Montealegre) la misma forma que usted emplea para identificarse (con el pueblo)?”

Artola guardó silencio por algunos segundos. Luego retomó su discurso muy bien aprendido de los descalzos y “el verdadero pueblo en las rotondas, que se mantiene ahí con el único interés de salvaguardar la soberanía”; “pueblo” que hasta hace poco se mantenía a las afueras de la Secretaría del FSLN-Casa de Gobierno, demandándole el pago acordado al presidente Ortega por rezar durante meses en las rotondas de Managua.

Unos meses después de esa entrevista, luego de la toma de posesión de las nuevas autoridades municipales designadas por el Consejo Supremo Electoral en las diferentes alcaldías del país – y mientras resonaba el eco del fraude electoral -- se han destacado personajes que, como el señor Artola, exaltan al “pueblo”. Por ejemplo, Fidel Moreno, actual Secretario de la Alcaldía de Managua, y Edgardo Cuarezma, ex Concejal de Managua por el FSLN. Ambos, trabajadores fieles de la pasada campaña electoral y funcionarios que tienen en común algunos gustos refinados.

¡Qué bonito es vivir en una casa de más de 300 mil dólares! ¿A quién no le gustaría? Creo que nadie respondería que no. ¡Tal vez un loco o un verdadero altruista! El punto es que estos renombrados personajes – Artola, Moreno, Cuarezma y el doctor Gustavo Porras -- han venido por años hablando muy mal de los que viven con tanto lujo. Los acusan y descalifican llamándolos: oligarcas, burgueses, culitos rosados. ¡Cuántas veces no hemos escuchado al doctor Porras vociferar que los Chamorros son malos por ser Chamorro! En fin, esa retórica sin argumento alguno más que el hecho de ser malo y no ser del pueblo por tener dinero. No elaboran critica por cómo actúan sus adversarios, por las estrategias del adversario, sino únicamente por su condición socio-económica. Condición que hoy en día ellos igualan. Además de tener el poder que da el Gobierno en este momento están adquiriendo bienes de burgueses.

¿Qué malo es tener una finquita, una casita y una camionetita? ¡Nada! Bien por ellos, que ahora también residen en un lindo vecindario. Imagino que en algún momento se encontrarán en su vecindario con algún Chamorro.

Vivir bien no es un delito. Seguramente ahora lo entienden estos funcionarios que gozan de poder, dinero, pero no de pedigree. ¿Será que esto es lo que realmente les molesta? En realidad la pregunta que más me inquieta es: ¿Será que por ser propietarios de casas y carros lujosos ya no son del “pueblo”? Si aplicamos el argumento del señor Artola, estimados Moreno, Cuarezma, Porras y Orlando Núñez, ustedes ya no son pueblo.
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