• Ago. 14, 2009, 5:30 p.m.
El danielismo no es el FSLN, es nada más una corriente, por tanto el militante del partido tiene derecho y responsabilidad de evaluar la conducción de Daniel Ortega y expresar críticas y propuestas de rectificación, para el progreso de la colocación y beneficio de la mayoría empobrecida.

Ese cuento de callar y obedecer, para no quebrantar la unidad, ha sido dañino; obtendría superiores resultados el FSLN si promovieran el estudio de los fenómenos y la programación para actuar, evaluar y recomponer en un rango heterogéneo, rompiendo con el autoritarismo.

Pero, comprendemos, el danielismo no quiere que la militancia piense. A manera de los oligarcas afianzan sus discursos en la designación divina. La obediencia es muralla que evita al humano aumentar conocimientos y habilidades, le restringe potencial, en contraposición a las iniciativas libertadoras y promotoras de capacidades.

Incentivar creatividad, en cualquier ámbito de lucha es axioma en un partido revolucionario con definidos parámetros de disciplina para no romper la armonía. Deliberar y actuar, buscando resultados satisfactorios para la organización y la sociedad, es procedimiento ineludible.

¿Quién acepta un partido, con principios de izquierda, que delimita recapacitar y hablar? Nada más quien tranquilamente es empleado, repite las consignas, y calla para no provocar reprimendas de sus patrones o lo preavisen; también quien aumenta su cuenta bancaria, alcanza éxito capitalista tradicional, y sostiene su sociedad mercantil amparado en la influencia partidaria, y además sabotea las ideas y acciones que ponen en peligro su vida consumista y mesiánica.

Otras personas inconformes con la conducción de Ortega y su esposa, enmudecen para no sufrir represión, pues no poseen más alternativa que aguantarse en el empleo haciendo la guatuza repitiendo el discurso cansado y portando el estandarte con la figura del caudillo.

Indudablemente hay quienes son danielistas capaces de vejar, agredir, calumniar, ofender, a quien no profese reverencia al gran líder. Estas personas tienen el derecho, incluso de arrodillarse o besar la mano de su ídolo, pero no debiese llegar a tanto su fundamentalismo como para odiar o golpear a sandinistas que no doblan la cerviz o no avalan al matrimonio presidencial.

En los años setenta, cuando el FSLN se divide en tres tendencias, hubo condenas a muerte, incluso contra Daniel Ortega que primero dijo darle su apoyo a Carlos Fonseca y luego no lo hizo. Pero, prevaleció la sensatez y el mismo Fonseca impidió la pena de muerte.

Inadmisible es para quienes han dedicado la mayor parte de su vida a la lucha por la justicia social permitir o desfigurarse ante las arbitrariedades del danielismo cuyos actos son lesivos contra la sociedad y compañeros militantes inconformes con Ortega y su esposa.

No dejemos que destruyan al FSLN
El único partido con poder, actualmente en Nicaragua, por el cual miles de personas murieron es el Frente Sandinista; el otro: Resistencia Nicaragüense (de los contrarrevolucionarios) no logra cuota de dominio en el Estado. Por eso, al FSLN no hay que dejar destruir sus principios son válidos, e insuperable la trayectoria de muchos sus integrantes, de verdad, revolucionarios.

Miles de jóvenes ingresaron a la guerrilla contra la dictadura somocista, los mismos y más defendieron a la Revolución Popular Sandinista durante los años ochenta, enfrentados a los soldados contrarrevolucionarios financiados por Estados Unidos.

En medio de la guerra, hubo muchos oportunistas o personas que cambiaron sus ideas y proceder cuando se sintieron imponiendo poder. Se mimetizaron en las casas de lujo donde habitaron o veranearon, y en las haciendas y oficinas burocráticas.

Luego de la derrota de 1990, muchos, demasiados, directivos del partido se dedicaron a crecer capital propio, justificando que aportaban al sostenimiento económico del FSLN. Consolidaron sus concepciones ideológicas de derecha y consumo material con todo y su mitología y relaciones injustas con empleados.

Ahora, con el FSLN en el gobierno, es un grave problema para lograr la consecuencia entre principios inevitables de un partido de izquierda y el lastre de la formación capitalista, es decir de derecha; recurren al discurso de la solidaridad, la humildad, cuando durante los años anteriores, por acumular dinero, demostraron desprecio y se escondieron de los pobres sandinistas y no han cambiado, mas bien aprovechan mejor sus influencias para continuar capitalizándose.

Aun cuando quieran negarlo, las contradicciones en el FSLN son de mucho cuidado, sin embargo quienes se aprovechan y copan los espacios excluyen a militantes calificados y propositivos acusándolos traidores. El danielismo tiene oponentes en el sandinismo, dentro del partido.

No es seguro que el FSLN gane limpio las elecciones presidenciales en 2011, y eso lo saben sus directivos, como también conocen la imposibilidad de nuevas irregularidades o fraude en el escrutinio, o seguir apostando a dividir a la oposición. Tampoco garantiza votos comprar a los opositores.

La campaña electoral de 1990, por ejemplo, tuvo como eje principal invertir millones de córdobas y dólares mercadeando votos, pero no resultó. En las siguientes contiendas, también ofrecieron contratos pero no creció el partido, más bien restó.

Copados los poderes del Estado, el FSLN debiese garantizar que de verdad el pueblo ejerza su derecho a criticar y proponer, con práctica democrática participativa, pues podría ser ventajoso para el partido, sin embargo, debe comenzar en casa. Urge implementar el sistema de centralismo democrático.

Llamarse militante de izquierda es asumir una concepción del mundo, con base en el análisis científico socioeconómico, diferente a lo que se presentó en el estado socialista soviético que sigue reproduciendo Ortega y su generación, más los seguidores ansiosos de provechos personales: la represión más que la educación científica y prácticas aceptables que beneficien a la sociedad miserable.

El danielismo, con su expresión represiva está destruyendo los principios sandinistas en aras de enriquecer a un grupo, de estilo oligarca, en nombre de Dios, del poder civil, y la representación de una familia, que algunos amigos, de reconocida trayectoria, acertado llaman: mafia; aunque aquellos se autonombren divinos.

En el FSLN militan hermanos con trayectoria y argumentos, no serviles, ni oportunistas, ni con ansias de millonarios, sino ejemplo de entrega por las causas justas que se oponen a los dictados del matrimonio Ortega Murillo y claman una sociedad más justa.

¡El FSLN no es de Daniel Ortega!

*Sergio Simpson, Director Centro de Comunicación y Estudios Sociales (Cesos)
Managua y Matagalpa, Nicaragua. http://sergiosimpson.ysublog.com
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