• Ago. 14, 2009, 5:15 p.m.
Uno de los pilares fundamentales de la arquitectura política de Europa es la creencia firme y perdurable en la validez universal de los derechos humanos iguales, universales e inalienables. En el centro de esto reside la convicción de que los seres humanos tienen derecho a una vida de libertad y a la protección de su dignidad.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, este ideal humanista se convirtió en la base de la identidad espiritual y política de Europa y, por lo tanto, está contenido en los documentos fundadores de la Unión Europea. Por supuesto, esto no significa que la UE pueda o quiera conquistar el resto del mundo en nombre de imponer sus valores, reglas y cultura al resto de la humanidad. Lejos de eso. Por el contrario, lo que sí significa la devoción de Europa por el humanismo es una determinación, no importa las circunstancias, a mantenerse firme y no abandonar los fundamentos de la civilización europea y la unificación europea. Como consecuencia, Europa le asigna un énfasis primordial a la universalidad de los derechos humanos y libertades.

Sin duda, existen muchos lugares en todo el mundo donde los derechos humanos y las libertades civiles siguen estando pisoteados: Corea del Norte, Irán, Birmania, Tíbet, Zimbabwe y muchos otros. Esta semana, una reunión del Consejo de Asuntos Generales y Relaciones Externas de la UE (CAGRE) analizará una vez más las relaciones entre la UE y Cuba.

A pesar de las repetidas advertencias de la UE, el gobierno cubano no hizo nada de lo que la Unión le ha solicitado hacer durante muchos años -sobre todo, liberar a todos los presos políticos y frenar la persecución de grupos independientes de la sociedad civil y opositores políticos del régimen-. Por le contrario, el gobierno cubano sigue deteniendo prisioneros de conciencia y criminalizando los reclamos de un diálogo que atraviese a toda la sociedad.

Este año, los pueblos de Europa están celebrando el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín que alguna vez dividía a Europa en dos. El hecho de que, 20 años después de este episodio de la época, siga existiendo una cortina de hierro alrededor de Cuba hace que este aniversario resulte incisivo.

Obviamente, los turistas que atiborran las playas de Cuba no son conscientes de esta cortina de hierro. Pero, más allá de esta ignorancia y de sus intereses económicos, la UE debería insistir en la liberación de los presos políticos y en el uso de todas las instituciones internacionales para ejercer presión sobre el gobierno cubano para que éste respete los derechos humanos y civiles del pueblo de Cuba. Durante cualquier negociación con los líderes de Cuba, los políticos y los diplomáticos de Europa deben recordarles a sus pares cubanos cuáles son sus obligaciones. También deberían estar en contacto con la sociedad civil cubana para expresar su solidaridad con las familias de los presos políticos.

A partir de sus propias experiencias en el siglo 20, Europa sabe qué catástrofes pueden resultar cuando se hace una concesión al diablo. La historia del siglo XX es una perfecta demostración de eso. Una y otra vez, Europa pagó un precio alto por políticas de concesiones con el diablo que fueron dictadas por intereses económicos o la ilusión de que al diablo se lo puede apaciguar y terminará desapareciendo por propia voluntad. La UE no debería y no puede repetir este error.


Václav Havel fue presidente de Checoslovaquia (1989-1992) y de la República Checa (1993-2003).
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