• Sept. 1, 2009, 3:33 p.m.
Simple y sencillamente soy una aficionada del fútbol, deporte que a pesar de tener más de 90 años en nuestras tierras sigue siendo incipiente. Recientemente, disfrutamos nuestro más grande logro: competir en la Copa Oro, donde no pasamos de la primera fase pero al menos vimos la cara de los monstruos de la región. Por Dios,  llegar a este torneo es nuestro mayor mérito, mientras vecinos como Costa Rica y Honduras ya han estado en Copas del Mundo y en eliminatorias mundialistas.

¿Qué pasa? ¿Será que los futbolistas de estos países y de los demás destacados tienen piernas mágicas y los nuestros no? Por favor, ni ellos tienen hada madrina ni nosotros somos retrasados. Sucede que al fútbol nunca se le ha prestado importancia. Y algunos que han puesto sus ojos en él, lo han visto como una mina de oro inextinguible y se han erigido en caudillos. No niego que muchos futbolistas son indisciplinados y que la mayoría de directores técnicos padecen preferencia aguda por algunos jugadores, pero esto es secundario cuando la Federación que lleva las riendas del deporte (Federación Nicaragüense de Fútbol-Fenifut) quiere monopolizar todas las actividades y centralizar todos los derechos, como si los equipos fueran las vacas lecheras de su productiva hacienda.

Soy diriambina y fiel seguidora de los Caciques del Diriangén, sin embargo, no puedo asistir a todos los partidos porque la economía y el tiempo no dan como para andar de estadio en estadio. Hace algunos años, los aficionados que nos encontramos en esta situación, tuvimos la dicha de presenciar algunos encuentros futbolísticos a través de la televisión nacional. Sin embargo, de un fin de semana a otro, el sueño se esfumó. El espacio del fútbol fue ocupado por programas internacionales. ¿Qué pasó? Los señores de Fenifut cobraban un ojo de la cara por los derechos de transmisión.

Ni modo, tuvimos que seguir conformándonos con las locuciones radiales que nos describen cada jugada, pero nos privan de presenciarla. Sin embargo, al iniciar, hace dos jornadas, el torneo de apertura, las camisas rojiblancas de Estelí y las rojinegras (coincidencia o destino) del Ferreti volvieron a dibujarse en nuestras pantallas. Eureka, había fútbol televisado nuevamente. No obstante, otra vez el fantasma de la opera-ción dinero espantó las cámaras y frenó el avance. Los mismos señores pretendían multar a dos equipos por haber permitido que en sus sedes se televisaran partidos. Cuánta sinverguenzada. Tal parece que el señor Julio Rocha y compañía, lejos de promover el desarrollo del balompié, procuran mantenerlo en el letargo y siguen el pregón de los choferes de ruta: “Avancen para atrás, que ahí hay espacio”.   

Cada equipo busca su patrocinio
Se abrió el telón y Fenifut interpretó exepcionalmente el acto del yo mando aquí y el dinero me pertenece. Señores, por favor, no sé hasta que punto esos dizque derechos les corresponden, si hasta donde tengo entendido, cada equipo se encarga del mantenimiento de su estadio, anda de puerta en puerta buscando patrocinio, se quiebra la cabeza para garantizar el salario de sus jugadores, y para colmo paga el arbitraje.

Entonces, derecho a qué tienen ustedes si prácticamente no invierten en nada que no sean sus jugosos salarios. Ya vimos que a los chavalos de la selección ni siquiera les querían garantizar un viático digno, ni los avituallamientos básicos para jugar en la Copa Oro. Yo no me meto en política, no soy dueña ni tengo intereses económicos en algún equipo, y mucho menos me incumbe denigrar la imagen de nadie, simple y sencillamente tengo derecho a preguntar por qué se oponían a que gocemos del fútbol en nuestras casas.

Constantemente se dice que el béisbol es el deporte rey de los nicaragüenses, realidad innegable sobre todo porque tenemos una cultura de béisbol creada. En la televisión, en la radio, en los periódicos y en la internet tenemos nuestro béisbol. Sus promotores lo promueven (valga la redundancia) de verdad, lejos de erigir vallas para su difusión. El torneo de béisbol Germán Pomares fue televisado, y fui testigo de cómo mis vecinos, e incluso yo, nos sentábamos los domingos a ver los partidos. En cambio se nos pretendía negar esa posibilidad con el balompié.

Señores de Fenifut, el fútbol también tiene seguidores y se los hemos demostrado cuando abarrotamos los estadios en las semifinales y finales, gritando vivas y hasta improperios cuando las cosas nos son adversas. Nuestro fútbol no es anémico sino que ha sido afectado por una patología llamada centralismo, provocada por una bacteria conocida como Fenifut y por un gen amorfo con nombre y apellido de sobra conocido.

"Necesitamos posicionar el fútbol"
Es inconcebible que buscaran multar a dos equipos por permitir que los partidos llegaran a todos los rincones de Nicaragua, siendo ésta una excelente estrategia de promoción y posicionamiento, porque en realidad necesitamos posicionar el fútbol, no posesionarnos de él. Entiendan que no es necesario tener el desarrollo y el dinero de los europeos, basta con esforzarnos. Vean los ejemplos del área. En Costa Rica siempre se transmite el fútbol nacional, sin importar el día o la hora. Sintonicen el canal 5 o el 6 tico y verán que no estoy mintiendo.

Entonces, por qué era tan difícil para esta elite permitir que la televisión nacional abriera espacios a esta disciplina. Acaso no saben que mercancía que no se exhibe no se vende, y que fútbol que no se muestra no cala en el corazón de la gente.
  
Basta ya de silencio, los aficionados tenemos voz y voto, y no somos ciegos para no ver sus burdos ademanes, porque después de que todos nos enteramos de la funesta noticia, el señor Rocha se retractó y le tiró la papa caliente a Florencio Leiva. Si es o no el culpable, no me interesa, porque este alboroto es otro más de Fenifut. Lo que sí quiero rescatar es que todos sabemos que el verdadero trasfondo de esa reversión es obra del gobierno, un acierto en medio de tanta neblina que envuelve a nuestro país.
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